Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
lunes, 2 de noviembre de 2015
Vía estrecha o vía ancha
Imagínate en el Cielo
Para muchos que soñamos con viajar y conocer diferentes partes del mundo, es una aventura y un verdadero desafío lograrlo en tiempos donde la economía a nivel mundial está afectada.
Pero cuando imagino las calles de oro o el mar de cristal al estar ante la presencia del Señor riendo, alabándolo y mirándolo cara a cara, no puedo evitar sentirme emocionado.
Aunque en esta vida muchas veces tenemos tristezas y preocupaciones, un día podremos reconocer y apreciar que valió la pena sembrar en el reino de Dios.
Porque solo un instante en Su majestuosa gloria, rodeado por sus brazos amorosos, nos hará sentir estar en la verdadera gloria. Allí no va a haber problemas de ninguna índole. No habrá límites, ni fronteras ni necesidad de pasaportes. Todos hablaremos un mismo idioma, compartiremos y nos amaremos sin que a nadie se le señale por su nacionalidad, color de piel, ideología política, apariencia física, condición o posición social, porque todos estaremos unidos en un mismo sentir, espíritu y pensar.
Cuando imagino lo asombroso de estar compartiendo en las bodas del Cordero, todos los que seamos fieles a Dios, … mi corazón se inunda de alegría y de paz. Sonrío porque será señal de que no perdí mi tiempo en esta vida. Y cuando orgulloso, el Señor me diga, “Ven buen siervo y fiel, en lo poco fuiste fiel y en lo mucho te pondré. ¡Entra en el gozo de tu Señor!, yo saltaré, gritaré y danzaré de tanta felicidad. Cuando Dios me entregue una corona, no importa su tamaño y me diga: “por cuanto hiciste el bien a uno de mis pequeñitos, me lo hiciste a mí”, presenciaré y seré testigo de la fidelidad de mi Amado Dios.
Aunque en esta vida muchas veces tenemos tristezas y preocupaciones, un día podremos reconocer y apreciar que valió la pena sembrar en el reino de Dios.
Cuando imagino lo asombroso de estar compartiendo en las bodas del Cordero, todos los que seamos fieles a Dios, … mi corazón se inunda de alegría y de paz. Sonrío porque será señal de que no perdí mi tiempo en esta vida. Y cuando orgulloso, el Señor me diga, “Ven buen siervo y fiel, en lo poco fuiste fiel y en lo mucho te pondré. ¡Entra en el gozo de tu Señor!, yo saltaré, gritaré y danzaré de tanta felicidad. Cuando Dios me entregue una corona, no importa su tamaño y me diga: “por cuanto hiciste el bien a uno de mis pequeñitos, me lo hiciste a mí”, presenciaré y seré testigo de la fidelidad de mi Amado Dios.
¿Y tú, puedes imaginar cómo será estar en el cielo con nuestro Dios para siempre?
Honra y cuida a tus ancianos
Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo, Jehová. Levítico 19:32.
Nos cuidaron día y noche cuando éramos recién nacidos, cuando éramos niños y hasta cuando dejamos el hogar de origen para formar nuestro propio hogar. Pasaron noches en vela preocupados por nosotros, cuando teníamos fiebre o algún dolor de muelas. Y también, cuando logramos nuestra independencia y llegábamos tarde a casa nos esperaban despiertos, hasta que se aseguraban de que estuviéramos nuevamente a salvo en el hogar.
Nos criaron, y nos vieron crecer y embellecernos “a fuerza de arrugas y canas" por su parte. Pero el tiempo no los perdonó, y ya no son los seres fuertes de ayer. Su espalda se ha encorvado; sus facciones, antes tersas y firmes, se han ido cayendo, desfigurando su rostro hermoso de antaño para dar lugar a una sucesión innumerable de arrugas, bolsas en los ojos y manchas en la piel. Sus párpados se han caído, y aquellos ojos, antes grandes, brillantes y penetrantes, han dado paso a las cataratas.
Su paso ya no es firme y elástico, sino irregular, torpe y pausado. Sus manos ya no son tan fuertes, sino trémulas. Su hablar ya no es tan penetrante, ágil y sonoro, y sus oídos ya no les permiten entenderte cada palabra que pronuncias, y ante tu impaciencia te piden que les repitas nuevamente lo que les acabas de decir.
Nos criaron, y nos vieron crecer y embellecernos “a fuerza de arrugas y canas" por su parte. Pero el tiempo no los perdonó, y ya no son los seres fuertes de ayer. Su espalda se ha encorvado; sus facciones, antes tersas y firmes, se han ido cayendo, desfigurando su rostro hermoso de antaño para dar lugar a una sucesión innumerable de arrugas, bolsas en los ojos y manchas en la piel. Sus párpados se han caído, y aquellos ojos, antes grandes, brillantes y penetrantes, han dado paso a las cataratas.
Su paso ya no es firme y elástico, sino irregular, torpe y pausado. Sus manos ya no son tan fuertes, sino trémulas. Su hablar ya no es tan penetrante, ágil y sonoro, y sus oídos ya no les permiten entenderte cada palabra que pronuncias, y ante tu impaciencia te piden que les repitas nuevamente lo que les acabas de decir.
La Pasión por Dios
Muchas personas en este mundo, sin conocer aún a Dios, lo dejan todo por un ideal. Se sacrifican para alcanzar la meta que representa la pasión de su vida. Por ejemplo, un atleta que se prepara para una competencia lleva una vida de rigor y privaciones. No vacila en esforzarse y apartarse de todo. ¡Su corazón está dominado por una pasión!
Esa misma pasión debería caracterizar a todos los cristianos a buscar el rostro de Dios. Deberíamos arder con el mismo fuego que ardía en Pablo, en Jeremías, en Moisés... ¡Siempre querían más! Tenían hambre de Dios, pasión por conocerlo.
Años atrás, cuando terminaban los cultos de nuestra iglesia, me iba a mi casa, me arrodillaba y oraba: Señor, sé que hay más…, necesito conocerte más. Dios puso en mí una gran sed espiritual. Y cuando lo busqué con pasión, encontré lo que necesitaba.Un día, los ojos se me abrieron, y entendí que la relación con el Espíritu Santo es más profunda que el mero hecho de dirigirle palabras, porque sí, a Dios. Fui transformado, y comencé a vivir una nueva etapa en mi vida y en mi ministerio. El Espíritu Santo me llenó y volví a sentir el amor, en el que no hay rutina religiosa, donde todo es fresco y renovado. Fue una experiencia tan fuerte que aún por las noches no dormía para tener comunión con Él. Aún hoy, Su presencia me seduce de tal manera que cuido mis ojos y mi corazón para que no se aparte de mí.
El apóstol Pablo vivió tremendas experiencias con el Señor. Su maravillosa conversión, rumbo a Damasco, lo puso cara a cara con el Cristo resucitado. Su ministerio palpó lo sobrenatural a través de las revelaciones (2 Corintios 12:1), y las señales y prodigios que acompañaron su predicación (12:12). Pero su anhelo más profundo estaba en la misma persona de su Rey y Señor, y por esta pasión estaba dispuesto a dejarlo todo y tenerlo todo por basura: Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo (Filipenses 3:7-8).
¿Cuál es la diferencia entre un cristiano maduro y otro que no lo es? Mientras el creyente inmaduro solo busca las manos del Señor (sus beneficios, sus obras), el espiritual tiene su mirada puesta en el rostro del Señor, en su misma persona. El inmaduro desea solo los beneficios, el poder. El espiritual busca conocer al Dios del poder, Su carácter, Su voluntad. ¡Cuántos cristianos chapotean en cinco centímetros de agua pudiendo internarse en las profundidades de Dios! Seguramente, muchos de ellos no lo conocen en realidad, porque nunca lo buscaron de veras. Así sucedió con el pueblo de Israel. En su peregrinaje por el desierto no buscaron a Dios para amarlo y obedecerle. Solo le interesaban los beneficios que le daba. Conocieron la derrota porque pusieron sus ojos en las obras de Dios más que en Dios mismo.
Moisés es un precioso ejemplo de búsqueda espiritual. Aunque también disfrutó de las maravillas que Dios hizo en el desierto (el maná, el agua de la roca, la nube y la columna de fuego…), él deseaba conocer a Dios íntimamente. El pueblo clamaba: ¡Queremos comida! ¡Queremos agua! Y Moisés oraba: Muéstrame tu gloria quiero conocerte (Éxodo 33:13).
Moisés es un precioso ejemplo de búsqueda espiritual. Aunque también disfrutó de las maravillas que Dios hizo en el desierto (el maná, el agua de la roca, la nube y la columna de fuego…), él deseaba conocer a Dios íntimamente. El pueblo clamaba: ¡Queremos comida! ¡Queremos agua! Y Moisés oraba: Muéstrame tu gloria quiero conocerte (Éxodo 33:13).
domingo, 1 de noviembre de 2015
Esto es solo la mitad
Me gusta viajar. Ahora mismo estoy en un tren de alta velocidad que se traslada a casi 300 km/h, desde el sur de España hasta Tarragona, al nordeste, donde se piensa que el apóstol Pablo estuvo en el siglo I. Disfruto mucho al conocer lugares nuevos, personas, tener nuevas experiencias. De pequeño leí que Marco Polo, uno de mis personajes favoritos, hizo un viaje de 24 años desde su Venecia natal, pasando por Armenia, Persia, y Afganistán, hasta llegar a la China. Ya en su lecho de muerte, le pidieron que dijera la verdad acerca de sus viajes, le inquirieron a revelar si eran ciertas todas esas maravillas que contaba, a lo que el veneciano respondió: “Créanme, solo les he contado la mitad de todo lo que he visto”. Era un viajero nato, como lo fue su tío Mateo y Nicoló, su padre. Había decidido ser un trotamundos y lo fue. Hoy, agencias de viaje y aerolíneas de todo el mundo llevan su nombre como insignia.
Los viajes tienen también su lado menos agradable, como las esperas en aeropuertos y estaciones. También la calefacción demasiada alta, lo que puede resultar muy útil para hacer pollo asado, o los controles de seguridad que pueden quitarle el gozo a más de uno, y ya ni se diga si te toca un compañero de asiento con manías extravagantes, o que le huelen los pies, o que habla sin parar y solo te permite asentir con parsimonia con la cabeza, como única intervención. Sí, me gusta viajar, aunque estos eventos asociados a la travesía no me gustan. Prefiero mejor mirar los pintorescos paisajes por la ventanilla, oír mi música favorita, o intercambiar impresiones con personas agradables.
Cuando más disfruto es al viajar con mi familia. La charla exquisita de mi esposa, la algarabía de las niñas,... el asombro de todos ante lo nuevo. Qué placentera la travesía y qué dicha la que experimento, pero no siempre podemos viajar así. A veces, los viajes de cierta naturaleza (reuniones, compromisos de trabajo y otros eventos) exigen que los realice solo. Sin embargo, he aprendido a encontrar, también, el propósito y sentido de estos viajes que me son más frecuentes de lo que quisiera.
La niña de las manzanas
Un relato trata de un grupo de vendedores que fue a una convención. Todos les habían prometido a sus esposas que regresarían a tiempo. Sin embargo la convención terminó un poco tarde, por lo que se vieron forzados a ir corriendo por los pasillos del aeropuerto. De repente, y sin quererlo, uno de ellos tropezó con una mesa que tenía una canasta de manzanas, y las manzanas salieron volando por los aires.
Sin detenerse ni siquiera a mirar atrás, los viajeros siguieron corriendo hasta lograr, ajustadamente, subirse al avión… todos menos uno. Este “uno” se detuvo, experimentando un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Así que volvió sobre sus pasos, y se encontró con las manzanas tiradas por el suelo.
Pero su sorpresa fue grande al descubrir que la dueña del puesto era una niña ciega, quien, llorando, tanteaba el suelo tratando de recoger las manzanas entre una multitud de gente que pasaba sin detenerse.
El hombre se arrodilló ante ella, juntó las manzanas, y la ayudó a montar el puesto nuevamente. Seguidamente, al comprobar que algunas frutas estaban magulladas, las separó; sacó su billetera y le dio a la invidente algo de dinero por el daño ocasionado.
El hombre se arrodilló ante ella, juntó las manzanas, y la ayudó a montar el puesto nuevamente. Seguidamente, al comprobar que algunas frutas estaban magulladas, las separó; sacó su billetera y le dio a la invidente algo de dinero por el daño ocasionado.
El sensible viajero iba a alejarse, cuando la niña le gritó:
-Oiga, Señor… espere… disculpe : “¿Es usted Jesús…?”
Él no contestó, pero antes de dirigirse a tomar otro vuelo, dio varias vueltas con dicha pregunta agitándose en su mente: “¿Es usted Jesús?..
Un Regalo de Amor
No existe una satisfacción mayor que dar sin esperar recibir algo a cambio, porque si lo pensamos detenidamente, con este gesto ya estás recibiendo, estás recibiendo un gran placer, te invade una increíble sensación de satisfacción que no tiene precio, estás alimentando tu alma, estás sintiéndote bien contigo mismo.
Dios pone en nuestras vidas innumerables oportunidades para que demostremos nuestra humildad, bondad, la calidez de nuestra alma; y muchas veces pasamos estas oportunidades por alto. Pero cuando somos capaces de percibirlas y aprovecharlas con el corazón, es cuando podemos notar un cambio positivo y profundo en nuestro existir, y entendemos que la presencia de Dios está ahí, más cerca de lo que te imaginas.
Hechos 20:35 Les he enseñado que deben trabajar y ayudar a los que nada tienen.
Recuerden lo que nos dijo el Señor Jesús: Dios bendice más al que da que al que recibe.
Recupera los detalles
“Cuando se es decepcionado en el área de los afectos, se activa la inseguridad. Mientras la persona insegura siempre sufre, la persona que posee seguridad tiene entendimiento para resolver problemas. Cuídate y ámate, porque la seguridad se refleja en tu cuerpo y en su cuidado”.
Todo abandono físico comienza con un “para qué”, “para qué me voy a arreglar”, “para qué me voy a cuidar”, “para qué voy a estudiar”. La respuesta sería: “porque lo hago por y para mí”.
Hubo una mujer que vació su perfume a los pies de Jesús. Fue una mujer detallista porque Dios es un Dios de detalles. Hubo quienes la criticaron por lo que hizo, pero entonces Jesús le dijo al anfitrión: “tú ni siquiera me diste un beso, pero esta mujer ha regado mis pies con lágrimas, y me secó los pies con sus cabellos”.
Nada justifica la falta de amor y de cuidado por ti mismo, pongas la excusa que pongas. ¡El detalle es importante por su poder! Te acostumbraste a vivir con el dolor crónico, y tienes que volver a recuperar la salud; te acostumbraste a no tener dinero, y tienes que usar tu creatividad para obtenerlo. Piensas que es tarde para estudiar una carrera o hacer un curso que te gusta; pues resulta que todavía estás a tiempo de alcanzarlo, porque jamás dejamos de crecer y nos envejecemos por dentro si dejamos de hacerlo. Recupera el detalle de leer, hay que darle información a la mente, investiga para que tu cerebro funcione mejor. Puedes decir: “voy a recuperar un detalle intelectual”.
El abandono emocional
Con él pierdes la capacidad de disfrutar de la vida, de tus hijos, de tu pareja, de tus amistades. Acércate a lo que te hace bien, a lo que te trae placer a tu vida, crece emocionalmente, recupera los detalles emocionales.
sábado, 31 de octubre de 2015
Respuesta de la Biblia a la fiesta de Halloween
Aunque muchas personas consideren que el Halloween es una diversión inofensiva, la verdad es que las prácticas asociadas a esta celebración no lo son. La Biblia dice claramente: “Nadie entre los tuyos deberá (...) servir de médium espiritista o consultar a los muertos” (Deuteronomio 18: 10-12, Nueva Versión Internacional). Y también advierte: “No quiero que ustedes tengan algo que ver con los demonios. Ustedes no pueden beber de la copa del Señor, y también de la copa de los demonios” (1 Corintios 10: 20, 21, Reina-Valera Contemporánea).
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