domingo, 14 de mayo de 2017

Cuando llega la prueba a nuestra vida

Entonces respondió Elifaz el temanita, y dijo: Si probamos a hablarte, te será molesto; Pero ¿quién podrá detener las palabras? He aquí, tú enseñabas a muchos, y fortalecías las manos débiles; al que tropezaba enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían. Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; y cuando ha llegado hasta ti, te turbas. ¿No es tu temor a Dios tu confianza? ¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?” (Job 4:1-6)
Éstas fueron las palabras de uno de los amigos de Job que fue a consolarlo por la prueba tan dura que estaba atravesando. Ese amigo se llamaba Elifaz, el temanita, le dijo palabras llenas de verdad para hacer reflexionar a Job sobre el porqué de su condición y cómo debía afrontarla, pero su alocución no era completamente efectiva para la vida de Job, pues él no conocía lo que al principio del libro se nos da a conocer a nosotros los lectores: Job no estaba sufriendo a causa de sus pecados o sus injusticias, pues él era justo y recto, sino porque satanás quería destruirlo para hacerlo blasfemar contra Dios.
Pero aunque las palabras de Elifaz no se podían aplicar correctamente a la vida de Job, sí nos dan enseñanzas muy importantes a cada uno de nosotros, para reflexionar en ellas en los momentos en los que pasamos por las pruebas en nuestra propia vida. Reflexionemos en esas enseñanzas que podemos tomar para nosotros, cuando la prueba llega a nuestra vida.
I) EN LA PRUEBA ES CUANDO VERDADERAMENTE DEMOSTRAMOS NUESTRA CONFIANZA Y FE EN DIOS (versos 1-5)
Tal como lo dijo Elifaz, quizá nos podamos molestar con la verdad, pero es necesario que se nos diga la verdad para poder reaccionar, y esa verdad es que muchos de nosotros somos buenos para animar, para consolar, para fortalecer, cuando la prueba llega a la vida de otras personas; en cambio nos desanimamos, nos turbamos, es decir, no sabemos qué hacer ni qué decir, nos sentimos desalentados, cuando la prueba llega a nuestra propia vida.
Resultado de imagen de Cuando llega la prueba a nuestra vidaEl Señor nos hace comprender por medio de la prueba en nuestra vida, que no debemos juzgar ni ser crueles con las críticas que hacemos a otros cristianos que se apartan, que se desalientan, sino más bien orar por ellos y apoyarlos, pues eso mismo es lo que nosotros quisiéramos recibir en los momentos de prueba y de aflicción.
En la prueba, Dios nos hace comprender que no es lo mismo hablar que creer en Él, que no es lo mismo dar un consejo que aplicarlo a nuestra vida, pues en la prueba el Señor nos hace reconocer lo firme que es nuestra fe.
II) EN LA PRUEBA TENEMOS QUE REFLEXIONAR EN LO QUE SEMBRAMOS EN EL PASADO (versos 7-8)
Elifaz quería hacer reflexionar a Job sobre la ley de la siembra y la cosecha, y por eso le pregunta ¿Qué inocente se ha perdido? Quería hacerlo comprender que su situación actual podía ser a causa de algún pecado que hubiera cometido, y estuviese recibiendo la consecuencia o el castigo de parte de Dios.
En el caso de Job sabemos que no era así, pero, ¿y en nuestra vida? ¿Estaremos cosechando lo que hemos sembrado? ¿Estaremos sufriendo las consecuencias de nuestro pecado? El único que puede responder esa pregunta somos cada uno de nosotros. Interiormente, en lo íntimo del corazón, en la prueba de nuestra vida el Señor quiere de nosotros sinceridad de corazón (Salmo 51:4 y 6).
Tenemos que pedir a Dios misericordia por medio de un corazón arrepentido, y Él nos la dará como lo ha prometido en su palabra (Proverbios 28:13).

sábado, 13 de mayo de 2017

Humildad

Desde siempre el ser humano ha tratado de justificarse por sus obras. Muchos tratan de ser personas buenas y sinceras que hacen lo que es debido. Pero Jesús dice que la única manera de llevar una vida buena de verdad es permanecer cerca de Él, como un pámpano unido a la vid. Separados de Cristo, nuestros esfuerzos no llevan fruto. La biblia dice:
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Juan 15:8 (Versión Reina Valera)
Cuando la vid lleva mucho fruto, Dios se glorifica, ¿En qué? En que Él envía el sol y la lluvia todos los días; por la voluntad de Dios, dicha planta recibe lo necesario para su florecimiento. Esta analogía de la agricultura, muestra cómo se glorifica Dios cuando la gente establece una buena relación con Él y comienza a «llevar mucho fruto» en sus vidas.
Una historia me hizo reflexionar. Iba un labrador a visitar sus campos para ver si los frutos estaban en sazón en la cosecha. Había llevado consigo a su pequeña hija, Luisita. Mira, papá, dijo la niña sin experiencia, cómo algunas de las cañas de trigo tienen la cabeza erguida y altiva; sin duda serán las mejores y las más distinguidas, sin embargo esas otras de su alrededor, que la bajan casi hasta la tierra, serán seguramente las peores. El padre cogió algunas espigas y dijo: — Mira bien, hija mía: ¿ves estas espigas que con tanta altivez levantan la cabeza? Pues están enteramente vacías. Al contrario, estas otras que la doblan con tanta modestia, están llenas de hermosos granos.
Dice la biblia:
Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Santiago 4:6 (VRV)

El sabio y el bueno son humildes: la soberbia es propia del ignorante y del malo.

¿Quién es el mayor?

(Los discípulos preguntaron a Jesús:) ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 18:1-3
Inline image 1Esta pregunta se repite continuamente. ¿Quién es el más fuerte en el patio de la escuela? ¿Quién es el primero de la clase? ¿Quién ganó la carrera? ¿Quién tiene el mejor salario? Y la lista podría continuar.
Cuando los discípulos le hicieron esta pregunta, Jesús llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Les mostró que los que quisieran entrar en el reino de los cielos tenían que convertirse y volverse como niños. Así debemos recibir el Evangelio, con humildad, renunciando a nuestra propia inteligencia y a toda pretensión. ¡Somos salvos únicamente por la fe!
Luego Jesús respondió a la pregunta: “Cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos” (verso 4). Así que, entre los creyentes, somos grandes en la medida en que nos humillemos. Somos grandes cuando nos ponemos a disposición de los demás. La verdadera grandeza está ligada al amor, que se complace en servir y darse a los demás.
Dios detesta el orgullo. La soberbia y la arrogancia… aborrezco”, dice el Señor (Proverbios 8:13). “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Si tenemos una alta opinión de nosotros, Dios tendrá que enseñarnos a ser humildes. Pensemos en la humillación voluntaria de nuestro Señor. Él es nuestra verdadera vida, nuestro tema de gloria (Gálatas 6:14). Nuestra riqueza es su amor, su fidelidad. Pensando en Él, en sus intereses, nos olvidamos de nosotros y podemos reflejar algunos rasgos de su belleza moral.

Guardó todos los mandamientos

«Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor». Juan 15: 10, BA

Cristo representó ante los hombres y los ángeles el carácter del Dios del cielo. Demostró que cuando la humanidad depende enteramente de Dios, los hombres pueden guardar sus mandamientos y vivir, y su ley será como la niña de sus ojos.
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El ejemplo de Cristo reviste autoridad para cada hijo e hija de Adán. Él manifestó la ley de Dios en su vida, dando a los seres humanos un ejemplo de lo que pueden lograr en su favor obedeciendo todos los mandamientos divinos. Jesús es nuestro ejemplo, y por eso, de todo el que esté dotado de facultades de raciocinio se requiere que siga en sus pisadas; porque su vida es un modelo perfecto para toda la humanidad. Cristo es la norma completa de carácter que todos pueden alcanzar si participan de la naturaleza divina. «En Cristo, ustedes están completos» (Colosenses 2: 10, PDT).
¿Cómo anduvo el Redentor del mundo? No únicamente complaciéndose a sí mismo, sino glorificando a su Padre al realizar las obras de Dios y elevar a los seres humanos caídos que habían sido hechos a imagen de su Creador. Por precepto y ejemplo enseñó el camino de la justicia, manifestando el carácter de Dios y dando al mundo una norma perfecta de excelencia moral en la humanidad.
Los dos grandes mandamientos de la ley deben regular la conducta de todos los seres humanos. Esta fue la lección que Jesús enseñó por precepto y ejemplo. Dijo a la gente: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mateo 22: 37-39). El Señor Dios del cielo requiere de las seres humanos amor y culto supremos.

El Segundo Adán

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).

Cuando Dios acabó la obra creativa del universo, y habiendo pasado examen a todas las cosas creadas, vio que «todo era bueno». El hombre constituía la obra cumbre de la creación, el ser semejante a Dios: inteligente, dotado de voluntad propia, conciencia y espíritu. Toda la creación ofrecía un bello espectáculo de armonía, equilibrio y obediencia a las alineaciones de su Creador. Pero aquel espectáculo de hermosura fue de pronto quebrantado con la entrada del pecado al mundo.

huerto del eden, manzana, tentacion, eva, Adán1. El escenario del pecado: En el decurso de la historia humana jamás ha habido un día más negro, triste y amargo, que el día en que el pecado hizo su entrada en el mundo. Los ángeles del Cielo debieron haber suspendido sus alabanzas y el gozo se convirtió en tristeza, por cuanto el pecado había venido a mancillar la perfecta y hermosa creación de Dios. Desde ese momento era necesario un Salvador. El hombre jamás llegaría a liberarse del pecado, y el mundo jamás volvería a quedar limpio y armonioso. Desde entonces, el pecado comenzó una obra demoledora, desquiciadora. El pecado se fue multiplicando con rapidez sorprendente, como el germen mortífero más terrible que haya conocido la humanidad. Frente al pecado no han valido de nada las reformas sociales, la cultura o la educación. El pecado sigue su ritmo de multiplicación asombrosa, de tal manera que cada día el mundo se va despeñando hacia el abismo ignominioso del pecado en todos los órdenes de la vida.

2. El vehículo del pecado: «El pecado entró… por un hombre». El hombre fue el instrumento idóneo para introducir el pecado. El hombre se prestó a los planes satánicos de corromper la hermosa creación de Dios. Desde entonces se hacía necesario que otro hombre rescatara lo que el primero había perdido; que otro hombre, situado en el pecaminoso ambiente del mundo, fuera Reivindicador y Redentor del mismo hombre. Habiendo entrado el pecado por un hombre…, pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Nadie pudo ni nadie podrá quedar exento del pecado. En la soledad del anacoreta, allí hay pecado; en el interior del hogar más respetable, allí entró el pecado; en la vida del hombre más piadoso, allí hizo morada el pecado. El pecado no ha respetado al noble ni al plebeyo, ni al rico ni al pobre, ni al sabio ni al ignorante. Todos por igual, «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23), reafirmando una y otra vez que «no hay justo, ni aun uno» (Romanos 3:10).

viernes, 12 de mayo de 2017

Es por tu gracia y tu perdón......

por su gracia y su perdon

que podemos ser

llamados instrumentos

de tu amor.



"Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo". (1 Corintios 15:10)



Hay un salmista actual que ha tenido una carrera comercial del evangelio muy grande; pero dejando a un lado su éxito, hay que reconocer que tiene canciones con una profundidad teológica excelente. 
Desde luego no han faltado las críticas a Jesús Adrián Romero, pero la verdad es que debe tener una relación personal con Dios para poder componer estas alabanzas. No lo juzgaremos sino que disfrutaremos lo que llega a nuestro corazón y nos impacta. 
Merece la pena reflexionar en un estribillo de la canción-vídeo que se anexa al final del ensayo. 

"Y es por tu gracia y tu perdón que podemos ser llamados instrumentos de tu amor". 

Gracia de Dios: Lo gratuito, la elegancia y la belleza de Dios, dadas en un favor inmerecido y como don concedido por Dios, para ayudar al hombre a salvarse y hacerlo santo. Y esto sucede solo por el esfuerzo, la iniciativa y el poder de Dios. ¡Nada puede aportar el hombre!
Porque la gracia es el sentimiento más profundo dentro de nuestro corazón, del que Dios ha estado enamorado desde las edades eternas de nuestras almas. 
¡Oh! qué misterio de la deidad. Hemos recibido una señal extraterrestre, un destello divino que parte el corazón y el alma en dos. Y desde el más allá nos envían una santa revelación que nos dice: Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31;3
Los que recibimos esta gracia sabemos 
que este verso de Jeremías es para nosotros. Y estas palabras nos llegan hasta los huesos y penetran en lo más hondo de nuestras almas.
Ya nada; nada puede cambiar esos sentimientos de parte de Dios hacia nosotros. Somos personas selladas por y para Dios, desde la eternidad y para la eternidad.

Ya no serán más nuestros esfuerzos religiosos, obras de piedad o cualquier otro tipo de aparente religiosidad, las que nos garantizan el favor y la compasión del Señor por nosotros, sino su Inmerecida gracia.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8 y 9) 
Entonces, es por la gracia de Dios que hacemos esto o aquello; no es para acumular méritos ni galardones. Es un sencillo y humilde gesto de parte nuestra, como correspondencia a ese amor eterno de Dios por nosotros.

Hemos sentido en lo más interno del corazón la sincera compasión y fidelidad de Dios por nuestras miserables almas, y estamos seguros de que: 
“ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39). 
A los que Dios nos ha revelado esta gracia nos ha insertado un chip divino en nuestras mentes y corazones, que nos garantiza la fidelidad y el compromiso eterno de Dios para salvarnos y rescatarnos del mismo infierno. Este pacto de Dios no falla y jamás se desvanece. 
¡Oh¡ Aleluya,... éste es un aleluya genuino, porque no será por nuestras miserables obras de bondad en esta tierra, sino porque hemos reconocido que el bueno, el santo, el justo, el fiel y verdadero es Dios y no somos nosotros.
El romance de Dios con nuestras almas ha sido desde antes de la fundación del mundo. Dios ha tenido un plan eterno para nosotros, y quienes hemos recibido esa gracia de Dios reconocemos que somos tan malos que:
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. (1 Juan 4:19). 

Desde el primer día que vinimos a esta tierra, Dios ha estado trabajando con nosotros y no cesa ni un instante de hacerlo. Su gracia va paulatinamente dando frutos y obras en nosotros, las cuales no se generan por nuestros esfuerzos sino porque el Espíritu Santo está obrando en nosotros.
A través de cada situación y de cada detalle de nuestras vidas, Dios ha venido enamorándonos; ha querido que le amemos desenfrenadamente y sin reparos, relación en la que Él es cada día más el Rey y el Señor de nuestras vidas.
Los que conocemos la gracia divina no estamos muy preocupados por nuestra conducta, sino que estamos anonadados e impactados de tanta gracia, de tanta belleza, y del amor y misericordia del Señor para con nosotros. 
En tal estado de romance divino de Dios con nosotros y de nosotros con Dios, nuestras almas quieren ofrecer “algo”. 
Tienen un agradecimiento indescriptible por el que dar a Dios “alguna miseria” a través de nuestras frágiles vidas, y expresar con canciones, escritos, sermones, estudios bíblicos, programas especiales, ministerios, etc., algo de ese amor divino tan desbordante que fluye (por la gracia de Dios) en nosotros.

El Sabio de Egipto

Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio.
El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario era una cama, una mesa y un banco.
-¿Dónde están sus muebles? Preguntó el turista.
Y el sabio, rápidamente, también preguntó: 
-¿Y dónde están los suyos?
– ¿Los míos?, se sorprendió el turista. ¡Pero, si yo estoy aquí solamente de paso!
– Yo también. Concluyó el sabio. La vida en la tierra es solamente temporal.
Sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices.
El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables y personas incomparables.

Me quedo con la más bella

Aquel muchacho esperaba con impaciencia, todos los días por la mañana, el tren de pasajeros que venía de Santiago de Cuba para La Habana. Vendía flores en la estación de ferrocarril del pueblo de Jovellanos, y la muchacha de sus sueños viajaba en este tren desde Perico, el pueblo anterior, con destino a la ciudad de Matanzas, haciendo escala en el primero.
Ella siempre se sentaba en uno de los asientos de las ventanillas que daban a la estación, y la primera vez que él la vio, fue el día que se bajó a comprarle unas rosas, a pesar que llevaba una puesta en la cabeza.
Resultado de imagen de la rosa más bellaA partir de ese día, él quedó muy impresionado con ella, y nunca más esperó que se bajara a comprarle, sino que corría desesperadamente hacia ella con una rosa en cada mano y se las entregaba a través de la ventanilla, albergando la esperanza de ser premiado al escuchar de sus labios, las gracias que creía merecerse. Pero ella las tomaba y guardaba silencio.
Después las recortaba como la que tenía en la cabeza y las ponía una a cada lado. Se llevaba las tres como compañeras de viaje ignorando al galán que cada día complacía su gusto por las flores. Así pasaron muchas mañanas, repitiéndose lo mismo cada día; pero las famosas gracias, por medio de las cuales él quería iniciar una romántica conversación, nunca se escucharon.
Un día, sin embargo, el tren se detuvo como de costumbre en la estación, al mismo tiempo que él estaba ocupado con varios clientes. Comenzó a ponerse nervioso al ver que el tren podía irse sin que le entregara las rosas a quien consideraba el significado de cada mañana. Por fin, logró deshacerse de los compradores, tomó las dos rosas y corrió ciegamente hacia el tren.
Estaba tan afanado, que no se fijó en el reloj para comprobar que todavía quedaban siete minutos, y tampoco pudo ver un objeto en el suelo que lo hizo tropezar y caer de bruces ante la ventanilla de la joven, quien lo miraba perpleja y con compasión por si algún daño se hubiera causado.
Entonces él, sin incorporarse aún, miró su mano derecha y vio que la rosa había desaparecido. Trató de regalarle la de la izquierda pero tampoco estaba. Finalmente, para no dejar de regalar, le quiso expresar lo que realmente sentía: decirle que la amaba, pero cuando se dispuso a hacerlo, se detuvo, y en su lugar dijo: -No obstante, Cristo te ama.
La joven, al escuchar esto, se bajó del tren y parada ante él, le dijo: -Nunca me habían dicho lo que tú me acabas de decir. Ha sido la más bella flor que en todo este tiempo me has regalado, y me quedo con ella porque es la más bella. Todos estos días he estado tan afligida que ni siquiera tus rosas lograron aliviarme. Solo estas palabras han levantado mi ánimo.
Y se quitó su rosa, se la puso a él en la cabeza y diciendo adiós, se fue alegremente en el tren.
¿Cuántas veces hemos visto a alguien afligido y nos hemos detenido a decirle “Cristo te ama? Recordemos que la palabra de Dios es vida a los que la hallan y medicina a todo su cuerpo.
“…Hijo mío, está atento a mis palabras. Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos, guárdalas en medio de tu corazón, porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo...” (Proverbios 4:20-22)

Testigos activos

Éste (Juan) vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. Juan 1:7
En un proceso judicial, los testigos son participantes cuya acción ayuda a determinar el resultado de un caso. Lo mismo se aplica sobre nuestro testimonio de Cristo. Debemos participar de forma activa en una cuestión trascendental: la verdad sobre la muerte y la resurrección de Jesús.
Cuando Juan el Bautista habló de Jesús, la Luz del mundo, lo hizo declarando lo que sabía de Él. Y Juan, el discípulo que registró estos sucesos, testificó: «Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14 LBLA). El apóstol Pablo ampliaría esta idea, cuando le dijo al joven Timoteo: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2 Timoteo 2:2).
Todos los cristianos han sido convocados ante el tribunal del mundo. La Biblia enseña que no somos meros espectadores, sino participantes activos. Testificamos sobre la verdad de la muerte y la resurrección de Jesús. Juan el Bautista fue la voz que clamaba en el desierto. Nuestras voces pueden escucharse en el trabajo, el vecindario, la iglesia y entre nuestros familiares y amigos. Debemos ser testigos activos y hablar sobre la realidad de Jesús en nuestra vida.


¿De qué maneras creativas podríamos testificar hoy?
El evangelio es demasiado bueno como para no compartirlo.