domingo, 2 de abril de 2017

Prueba de fuego

Imagen relacionadaBienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman. Santiago 1;12
El invierno pasado, mientras visitaba un museo de historia natural, aprendí algunas cosas notables sobre los álamos. Un bosque entero de estos delgados árboles puede desarrollarse a partir de una sola semilla y compartir el mismo sistema de raíces. Este sistema puede existir miles de años sin producir árboles, dormido bajo tierra, hasta que un incendio, una inundación o una avalancha permite que las raíces perciban el sol y se abran paso entre las sombras del bosque. Entonces, la savia que sube se convierte en árbol.
Lo que hace posible que nazcan y su crecimiento, es la devastación producida por un desastre natural. Santiago también escribe que las dificultades nos hacen crecer en la fe: «tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna» (Santiago 1:2-4).
Es difícil tener gozo durante las pruebas, pero podemos hallar esperanza al saber que Dios usará las circunstancias problemáticas para ayudarnos a crecer espiritualmente. Como los álamos, las dificultades despejan nuestro corazón para que la luz de Dios nos alcance, para que la fe pueda crecer.

Señor, gracias por acompañarme en las dificultades. Ayúdame a crecer con ellas.
Las pruebas pueden acercarnos más a Dios.

La Grandeza del mar

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¿Sabes por qué el mar es tan grande?
¿Tan inmenso?
¿Tan poderoso?
¿Y por qué tiene la humildad de colocarse algunos centímetros 
más abajo de todos los ríos?
Sabiendo recibir, se tornó grande.
Si quisiese ser el primero y estar unos centímetros encima de todos los ríos, 
no sería mar, sino una isla.
Pero no, la pérdida es una parte de la vida.
Precisamos aprender a perder, a caer, a errar y a morir.
Si aprendes a perder, a caer, a errar, nadie más te podrá controlar.
Porque lo máximo que te podrá suceder es caer, errar y/o perder.
Bienaventurados aquellos que ya consiguieron recibir 
con la misma naturalidad el ganar o perder,...
...el acierto y el error, 
el triunfo y la derrota, la vida y la muerte.

Un abrazo a todos y recuerden siempre que el Éxito es...
SER FELIZ
El resto es una consecuencia.

Que Dios los bendiga, amén.


sábado, 1 de abril de 2017

En la Vida nada sucede porque Sí

Un día, un muchacho pobre que vendía mercancía de puerta en puerta para pagar sus estudios, vio que solo le quedaba una simple moneda de diez centavos y tenía hambre.
Decidió que pediría comida en la siguiente casa. Sin embargo, los nervios lo traicionaron cuando una encantadora joven le abrió la puerta.
En vez de comida, le pidió un vaso de agua. Ella pensó que el joven tendría hambre y le dio un gran vaso de leche. Él bebió despacito y después le preguntó: -¿Cuánto le debo? -No me debes nada – respondió ella.
Resultado de imagen de En la Vida nada sucede porque SíY continuó: – Mi madre nos enseñó a no aceptar ningún pago por una caridad. Él dijo: -Pues te lo agradezco de todo corazón.
Cuando Howard Kelly salió de aquella casa, no solo se sintió más fuerte físicamente, sino que también su fe en Dios y en los hombres era más fuerte. Ya se había resignado a rendirse y dejar todo.
Años después, esa joven mujer se enfermó gravemente. Los médicos de su pueblo estaban confundidos.
Finalmente la enviaron a la ciudad más cercana, donde llamaron a un especialista para estudiar su extraña enfermedad. Llamaron al Dr. Howard Kelly.
Cuando escuchó el nombre del pueblo de donde era ella, una extraña luz llenó sus ojos.
Inmediatamente, vestido con su bata de médico, fue a ver a la paciente. En seguida reconoció a aquella mujer, y determinó hacer cuanto fuera para salvar aquella vida. Dedicó especial atención a aquella paciente, y después de una gran lucha por la vida de la enferma, se ganó la batalla.
El Dr. Kelly pidió a la administración del hospital que le enviara la factura total de los gastos. La pagó, y después escribió algo y mandó que se lo entregaran a la paciente.
Ella tenía miedo de abrir el papel, porque sabía que la llevaría el resto de su vida pagar todos los gastos.
Finalmente abrió la factura y algo llamó su atención; decía lo siguiente: “Totalmente pagado hace muchos años con un vaso de leche.: Dr. Howard Kelly.”
Lágrimas de alegría corrieron por los ojos de la mujer, y su corazón feliz rezó:
“Gracias Dios, porque tu amor se manifiesta en las manos y en los corazones humanos.”

Días de tormenta

Marcos 4.37 “Pronto se desató una tormenta feroz y olas violentas entraban en la barca, la cual empezó a llenarse de agua”. NTV
La naturaleza siempre nos muestra su lado más violento, cuando cambia rápidamente de dirección descargando toda su furia en lugares que se encuentran cerca de los mares, lagos o ríos. En ello podemos apreciar que cuando el poder de la naturaleza despierta, no hay nadie que pueda contenerla, ya que en ella se manifiesta el poder de Dios. Bíblicamente, las olas se interpretan como un sinónimo de problemas en la vida de todo ser viviente, y la tormenta viene siendo todo un cúmulo de situaciones adversas que sirven para probar la confianza y la fe en todo ser humano.
dias de tormentaEn cualquier momento de nuestras vidas se pueden presentar situaciones de agobio donde sentimos que nos ahogamos, tal como lo sintieron los discípulos del maestro que vieron como las olas se levantaban enormemente, y llegó a pasar por sus mentes el temor y la angustia, así como la desesperación y la incertidumbre; en momentos así únicamente vemos la magnitud del problema y sentimos que nuestra barca está a punto de zozobrar, y nosotros juntamente con ella. Muchos desfallecen y dejan de luchar, bajan los brazos y se dan por vencidos; pero otros toman el reto y ven más allá del horizonte, redoblan sus esfuerzos, adquieren mayor confianza y se disponen a sacar el agua de su barca; no ven la enormidad del problema, no piensan en rendirse, y tampoco están dispuestos a perder lo que es suyo; por el contrario, luchan con todo su ser para conservar lo que les pertenece. ¿Alguna vez has visto lo que un marinero hace cuando se enfrenta a una mar embravecida, donde no hay nadie alrededor a quien pedir ayuda, donde únicamente está él y el resto de la tripulación, y enfrente se encuentra el gran desafío? ¡Se llena de valor, no ve el tamaño del oleaje, aprieta la mandíbula, saca fuerzas hasta de su debilidad y se dispone a vencer y llegar a la otra orilla! Es obvio que por un momento pasa por su mente el temor, sin embargo lo supera, y le inspira para triunfar.

¡Que tenga un muy buen día!

Un día me encontraba en la fila de un supermercado, detrás de un hombre que estaba pagando su compra. Cuando terminó, el empleado lo despidió diciendo alegremente: “¡Qué tenga muy buen día!”
Resultado de imagen de Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él.Para sorpresa del empleado, y mía también, el hombre explotó de ira: “Éste es uno de los peores días de mi vida –gritó–. ¿Cómo cree que voy a tener muy buen día?” Y salió de la tienda estallando en cólera.
Puede ser comprensible la frustración de ese hombre, en el sentido de que todos también hemos tenido días “malos” que no podemos controlar. ¿Cómo puedo tener muy buen día –me pregunto– si no puedo controlarlo? Entonces recuerdo estas palabras: “Este es el día que el Señor ha hecho” (Salmo 118:24).
El Señor ha hecho todos los días, y mi Padre va a demostrar hoy su fuerza a mi favor. Él tiene control sobre todas las cosas, y sabe hasta las cosas difíciles que me van a pasar. Todos los acontecimientos han pasado por su sabiduría y amor, y son oportunidades que yo tengo de crecer en la fe. “Para siempre es su misericordia” (verso 1). “El Señor está a mi favor; no temeré” (verso 6).
Ahora, cuando la gente me despide deseándome muy buen día, contesto: “Yo no tengo control sobre eso, pero doy gracias por lo que sea que suceda, y me regocijo. . . pues éste es el día que el Señor ha hecho.”
Salmo 118:24.
Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él.

Dar buen fruto

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará. Salmo 1;3
La vista desde la ventanilla del avión era asombrosa. Una angosta franja de campos sembrados y huertas se extendía entre dos montañas estériles. A lo largo del valle, corría un río con agua vivificadora, sin la cual no habría fruto.
Así como una cosecha abundante depende de una fuente de agua limpia, la calidad del «fruto» en mi vida, véase mis palabras, acciones y actitudes depende de mi nutrición espiritual. El salmista lo describe en el Salmo 1: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su Ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará. (versos 1-3). Y, en Gálatas 5, Pablo escribe que, a los que andan en el Espíritu, los caracteriza el «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (versos 22-23).

A veces, las circunstancias me amargan, o mis acciones y palabras se vuelven desagradables. No hay buen fruto, y entonces, me doy cuenta de que no he pasado tiempo escuchando las palabras de mi Dios. Pero, cuando el ritmo de mi vida diaria se arraiga en Él, doy fruto bueno. Al interactuar con los demás, cuando soy paciente y amable, me resulta más fácil dar gracias que quejarme.
Jesucristo es nuestra fuente del poder, la sabiduría, el gozo, el discernimiento y la paz (Salmo 119:28, 98, 111, 144, 165) que debemos producir.

Señor, riega mi vida con tu Palabra.
El Espíritu de Dios vive en sus hijos para obrar a través de ellos.

viernes, 31 de marzo de 2017

Honra a tu padre y a tu madre… ¿Debo honrar al padre que me abandonó?

Actualmente un gran número de familias sufre la ausencia de uno de los padres. Conflictos, separaciones, abandono total o parcial de responsabilidades,... en fin, características todas que determinan este verdadero síndrome de nuestros días. Hasta la familia cristiana, hoy por hoy, no es ajena a esta realidad.
Sin considerar si tuviste que pasar por esto o no, sabemos a ciencia cierta, que si no es tu caso seguramente es el de alguien que conoces o que al menos tiene unas cuantas cosas en común. Las palabras que vienen a continuación, de mano del Señor, pueden marcar un antes y un después en tu vida y en la de ellos.
La siguiente historia está basada en el caso real de una bebé que estando aún en el vientre de su mamá, sufrió el abandono por parte de su padre. Muchos años más tarde, en su adultez, el padre reaparece nuevamente en su escena familiar, y como cristiana, ella se encuentra ante la tremenda encrucijada: “¿Debo honrar al padre que me abandonó?”
“Honra a tu padre y a tu madre…” eran las palabras de Dios, que continuamente taladraban su sufrido corazón. Su padre abandonó a su madre cuando ella estaba a una semana de nacer. Años de lucha, necesidades e infelicidad quedaron en ese hogar destruido.
No obstante ello, esta mujer, ya en su edad adulta, quiso conocerlo y emprendió su búsqueda. Dios le allanó el camino y finalmente, un día el encuentro se produjo. Su pregunta no podía esperar: “-Por qué nos abandonaste?”
Le explicó que no tenía un trabajo fijo ni con qué mantenerlas. Un día salió, no halló trabajo y se sintió tan avergonzado que no tuvo valor para volver.
Tal vez verdad… tal vez no. Mucho es lo que se podrá decir e inclusive cuestionar sobre la actitud de este padre… Pero no es su historia la que nos importa en este mensaje. El asunto principal, es qué hizo su hija años después cuando, ya adulta, se encuentra frente a frente con él. Tenía que perdonarlo, era una necesidad imperiosa de su corazón, eso sí, mezclada con un intenso sentimiento de amargura e indignación.
Ella conocía bien lo que significaba perdonar. Creció en una época y en un lugar en donde ser hija de una mujer abandonada y sola significaba una verdadera humillación. Años de discriminación, necesidades y un sutil maltrato en la escuela, en la comunidad, e incluso en la iglesia, habían golpeado duro su quebrantado corazón. Entretanto, las cosas se fueron mejorando para él. Él lo tuvo todo, ella nada.
¿Cómo orar un Padrenuestro, y decir “perdónanos como nosotros perdonamos…”? Sólo había un camino: la puerta del dolor.

Gratitud

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús». I Tesalonicenses 5: 18

Resultado de imagen de gratitud a diosLa primera idea de este texto es "dad gracias". La gratitud, en la vida del cristiano, no necesita una causa. Debe ser una manera de encarar la vida.
La segunda, «voluntad de Dios para nosotros», es que vivamos siempre agradecidos. Una actitud agradecida es el camino divino para llevarte a una vida realizada y feliz.
Finalmente, solo puede vivir en actitud permanente de agradecimiento la persona que está «en Cristo Jesús». De acuerdo con este consejo divino, debemos agradecer no solo por las cosas buenas que nos suceden, sino, incluso, por las cosas tristes y desagradables que se presentan en el camino. ¿Por qué? «Porque esta es la voluntad de Dios». En esta vida tal vez nunca logres entenderlo, pero la verdad es que Dios jamás se equivoca. Aun cuando el dolor toque tu vida, Dios tiene un propósito educativo para ti.

La Oración...

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Pedid, y se os dará;
buscad, y hallaréis;
llamad, y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide,
recibe; y el que busca, halla;
y al que llama, se le abrirá.
Mateo 7:7-8

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
Juan 15:7

Todo lo que pidiereis orando,
creed que lo recibiréis, y os vendrá.
Marcos 11:24

Si algo pidiereis en mi nombre,
yo lo haré.
Juan 14:14

Me buscaréis y me hallaréis,
porque me buscaréis de todo
vuestro corazón.
Jeremías 29:13

Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la Tierra
acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho
por mi Padre que está en los Cielos.
Porque donde están dos o tres congregados
en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Mateo 18:19-20

Cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de Él,
porque guardamos sus mandamientos,
y hacemos las cosas que son agradables delante de Él.
1 Juan 3:22

Orad sin cesar.
1 Tesalonicenses 5:17

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono
de la gracia, para alcanzar misericordia y
hallar gracia para el oportuno socorro.
Hebreos 4:16

Antes que clamen, responderé yo;
mientras aún hablan,
yo habré oído.
Isaías 65:24

De cierto os digo que todo lo que
atéis en la Tierra, será atado en el Cielo;
y todo lo que desatéis en la Tierra,
será desatado en el Cielo.
Mateo 18:18

Esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos
alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye.
Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa
que pidamos, sabemos que tenemos las
peticiones que le hayamos hecho.
1 Juan 5:14-15

Preguntadme de las cosas por venir;
mandadme acerca de mis hijos,
y acerca de la obra de mis manos.
Isaías 45:11b

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad,
el Señor no me habría escuchado.
Mas ciertamente me escuchó Dios;
atendió a la voz de mi súplica.
Salmo 66:18-19

El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;
pues qué hemos de pedir como conviene,
no lo sabemos, pero el Espíritu mismo
intercede por nosotros con gemidos indecibles.
Romanos 8:26