“Tu pasado no tiene por qué ser un anciano malhumorado que te castigue, sino un sabio que te recuerde y te advierta. Tu pasado tiene que ser tu mentor, te tiene que enseñar por dónde ir y por dónde no pasar nunca más en la vida”.
Cuando la mujer que fue encontrada cometiendo el acto de adulterio fue traída a la presencia del Señor, Él no prestó atención a los hombres que la injuriaban y que demandaban de Él una respuesta: “¿Qué hacemos con ella?” Jesús “escribía en la tierra”.
Porque nosotros somos de la tierra y la vida ha escrito cosas en nosotros, por eso El Señor dijo: “el que esté sin pecado que tire la primera piedra”. Juan 8:7
“Dijiste e hiciste muchas cosas malas en tu vida, pero las últimas palabras del capítulo viejo las voy a escribir yo, para cerrar tu pasado”.
“Dijiste e hiciste muchas cosas malas en tu vida, pero las últimas palabras del capítulo viejo las voy a escribir yo, para cerrar tu pasado”.
¡Porque hoy voy a escribir un capítulo nuevo en tu vida!
Deja de querer que se repita tu pasado, no hagas más de lo mismo pudiendo hacer algo diferente. Hay mujeres que necesitan tener vivencias asociadas al dolor o al sacrificio; por ejemplo, por más que tengan lavadora, siguen lavando a mano, tienen una cortadora nueva pero siguen cortando con el cuchillo y usando la tabla, les regalaron un exprimidor eléctrico pero siguen exprimiendo con la mano. Aplican siempre la misma solución, pero esa misma solución, en cuanto más pasa el tiempo no da el mejor resultado, ¡cambia la estrategia!
Cuando te va bien y haces algo inconscientemente que te va a ir mal, eso es culpa tuya. Por ejemplo juntarte con amigas que te critican, aguantar a jefes maltratadores,... todas te dirigen siempre al castigo, lo que supone la bronca contra uno mismo por no haber encontrado un ideal y te castigas. Hay otras mujeres que, conscientemente, se matan limpiando y dicen: “limpié toda la casa, ahora sí me lo merezco”, “ya sufrí, ya pagué”. Es lo mismo que la culpa dice “no merezco ser feliz”.
Por eso nos cuesta reírnos. Pero antes de nada, hay que identificar lo que nos bloquea; la comparación nos hace infelices, las presiones y las rutinas nos roban la alegría, también influye el cansancio, etc. También nuestra cultura, que cree que profundidad es igual a seriedad: ¡error! Cuando Sara era anciana dijo: “Dios me ha dado fuerzas para parir, para que pueda disfrutar de Isaac, ¡Dios me ha hecho reír!



