“Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia?” “El oro no se le igualará, ni el diamante” (Job 28:12,17).
Este diamante en bruto fue obsequiado al rey Eduardo Vil en su cumpleaños, quien ordenó tallarlo en 1906. Se obtuvieron un total de 150 piedras tallas, algunas de las cuales terminaron en el Cetro de la Cruz y la Corona del Estado Imperial Británico.
Visitando el Museo Smithsonian de Ciencias Naturales, hay la oportunidad de contemplar varias piedras preciosas. Se queda uno prendado de su belleza; del modo en que reflejan y refractan la luz y los colores vivos que ningún otro material es capaz de reproducir. Sin embargo, la Biblia nos dice que la verdadera sabiduría e inteligencia sobrepasan en belleza y valor al más grande y esplendoroso diamante; más que el Cullinan, escogido para ser colocado en la corona británica.




