lunes, 30 de enero de 2017

Más Valioso Que El Diamante

“Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia?” “El oro no se le igualará, ni el diamante” (Job 28:12,17).
Resultado de imagen de Más Valioso Que El DiamanteEn el oscuro ambiente de una mina de Sudáfrica, Frederick Wells no podía creer lo que acababa de encontrar. A primera vista, le pareció un trozo de vidrio que algún bromista había dejado allí para confundirlo. Pero mirándolo mejor, comprendió que ese 26 de enero de 1905 había encontrado el diamante en bruto más grande del mundo. Claro que, todavía no conocía los detalles, pero sabía que había encontrado algo grande. Wells era jefe de la Premier Diamond Mining Company, de Cullinan, a 40 kilómetros al este de Pretoria, Sudáfrica. El diamante pesó más de 3.000 quilates (600 gramos), y fue nombrado "Cullinan" en honor a Sir Thomas Cullinan, propietario de esa mina de diamantes. También es conocido como Estrella del Sur, nombre tomado de la novela de Julio Verne.
Este diamante en bruto fue obsequiado al rey Eduardo Vil en su cumpleaños, quien ordenó tallarlo en 1906. Se obtuvieron un total de 150 piedras tallas, algunas de las cuales terminaron en el Cetro de la Cruz y la Corona del Estado Imperial Británico.
Visitando el Museo Smithsonian de Ciencias Naturales, hay la oportunidad de contemplar varias piedras preciosas. Se queda uno prendado de su belleza; del modo en que reflejan y refractan la luz y los colores vivos que ningún otro material es capaz de reproducir. Sin embargo, la Biblia nos dice que la verdadera sabiduría e inteligencia sobrepasan en belleza y valor al más grande y esplendoroso diamante; más que el Cullinan, escogido para ser colocado en la corona británica.

¿Cuál fue el papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento?

Imagen relacionadaEl papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento es muy parecido a Su papel en el Nuevo Testamento. Cuando hablamos del papel del Espíritu Santo, podemos discernir cuatro áreas generales en las que el Espíritu Santo trabaja: 1) regenerando, 2) residiendo (o llenando), 3) restringiendo, y 4) capacitando para el servicio. La evidencia de estas áreas de la obra del Espíritu Santo está presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. 

La primera área de trabajo del Espíritu está en el proceso de regeneración. Otra palabra para regenerar es “renacer,” de donde procede el concepto de “nacer de nuevo.” El texto bíblico de la prueba de esto se encuentra en el Evangelio de Juan: “En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). Esto conduce a la pregunta: ¿qué tiene que ver esto con la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento? Más adelante, en Su diálogo con Nicodemo, Jesús le dijo: “Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? (Juan 3:10). El punto en el que Jesús quería incidir, es que Nicodemo debía haber sabido la verdad de que el Espíritu Santo es la fuente de la vida nueva, porque así es revelado en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, Moisés les dijo a los israelitas antes de entrar a la Tierra Prometida que “el SEÑOR tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” (Deuteronomio 30:6). Esta circuncisión del corazón es la obra del Espíritu de Dios y únicamente puede ser realizada por Él. También vemos el tema de la regeneración en Ezequiel 11:19-20 y Ezequiel 36:26-29.

El fruto de la obra de regeneración del Espíritu es la fe (Efesios 2:8). Ahora sabemos que había hombres de fe en el Antiguo Testamento, porque Hebreos 11 nombra a muchos de ellos. Si la fe es producida por el poder regenerador del Espíritu Santo, éste debe ser el caso de los santos del Antiguo Testamento, quienes vieron la cruz en el futuro, creyendo que lo que Dios había prometido respecto a su redención sucedería. Ellos recibieron las promesas “… habiéndolas visto y aceptando con gusto desde lejos” (Hebreos 11:13), aceptando por fe que lo que Dios había prometido que también lo cumpliría. 

Saquemos el máximo provecho a nuestro trabajo

“Ama lo que haces, y no tendrás que trabajar ningún día de tu vida”, dice un refrán moderno. Pero no siempre nos toca hacer lo que nos gusta, ni trabajar junto a gente fácil de llevar. Cualquier trabajo, incluso el que nos encanta, tiene momentos en los que nos produce hastío. Nuestra actitud, entonces, no puede depender del trabajo en sí mismo ni de cómo nos sentimos en cuanto a él, sino que debe ser el reflejo de nuestra situación como hijos de Dios. Lo más sabio sería adoptar una nueva forma de pensar: “Trabaja para el Señor que amas, y te sentirás realizado cada día de tu vida”. 
Resultado de imagen de Saquémosle el máximo provecho a nuestro trabajoLe sacamos el máximo provecho a nuestro trabajo cuando nos veamos como siervos. El mundo de hoy nos enseña a buscar poder y respeto para nosotros, en vez de trabajar con dedicación para quienes tienen autoridad sobre nosotros. 
Por eso, cuando se trata de nuestra actitud en cuanto al trabajo, la Palabra de Dios nos enseña: “Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales” (Colosenses 3.22). La obediencia bíblica no es algo que oculta resentimiento y malestares internos, sino una verdadera dedicación para satisfacción del empleador. 
Los hijos de Dios hemos sido llamados a ser sus siervos. Puesto que pasamos gran cantidad de tiempo en nuestros trabajos, mucho de nuestro servicio se hace allí. Como empleados, debemos aplicar los principios bíblicos de la obediencia y el sacrificio, porque cualquiera que sea nuestro jefe, Dios es la autoridad máxima que ve nuestras acciones, y Él quiere vernos practicando la santidad en el trabajo.

domingo, 29 de enero de 2017

Cuando Dios se cansa

Dios no puede soportar que se le ofrezca un sacrificio supuestamente excelente, con el fin de disimular un corazón malo.
Lavaos y limpiaos, quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos, dejad de hacer lo malo, aprended a hacer el bien, buscad el derecho, socorred al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Isaías 1:16-17
Resultado de imagen de Cuando Dios se cansaEl profeta Isaías recuerda que el Dios que nunca se cansa puede llegar a cansarse. ¿Una contradicción? No. Dios nunca «se cansa» físicamente (Isaías 40.28), pero puede «cansarse» moralmente (Isaías 1.14). Nada puede agotar la energía del Todopoderoso, pero mi entrega superficial o parcial puede llevarlo a exclamar: «hastiado estoy» (1.11); «no deseo» (versículo 11); «¡no puedo soportarlos!» (versículo 13); «me son una carga» (versículo 14).
Si tratamos a Dios, siendo dependientes, sin necesidad, nuestras oraciones se convertirán en tiempo desperdiciado.
¡Fuertes palabras! Pero no más fuertes que los sentimientos de Dios hacia cualquier hipocresía que Él encuentre en mí. Él no puede soportar que se le ofrezca un sacrificio supuestamente excelente, con el fin de disimular un corazón malo (espiritualmente hablando). Tampoco puede soportar la tensión creada entre una profesión clara de fe y compromiso, y una vida trivial. El «cansancio» de Dios es su disgusto, su indignación ante la manera fría y superficial en que le presento mis ofrendas. Él nunca se cansa de recibir a pecadores contritos, pero se cansa rápidamente de mi cristianismo «mecánico» y sin amor.

Truenos y relámpagos

Voz del Señor que derrama llamas de fuego. Salmo 29:7
Hace muchos años, pescaba con un amigo en una laguna, cuando empezó a llover. Nos refugiamos en un bosque de álamos pero la lluvia no cesaba. Entonces, decidimos dar por terminado el día y correr hasta la camioneta. Acababa de abrir la puerta, cuando un relámpago cayó como una bola de fuego en el bosque, tronando y arrancando las ramas de los árboles, y dejándolas ardiendo. Después, reinó el silencio.
Quedamos temblando y pasmados.
Los relámpagos destellan y los truenos recorren nuestro valle y eso me encanta… a pesar de lo que me pasó. Disfruto al ver el poder en su máxima expresión. ¡Voltaje! ¡Estridencia! ¡Conmoción y pavor! La tierra y todo lo que hay en ella tiembla y se sacude. Luego viene la quietud.
Me encantan los relámpagos y los truenos porque son símbolos de la voz de Dios (Job 37:4), que habla con un poder estupendo e irresistible a través de su Palabra: «Voz del Señor que derrama llamas de fuego; el Señor dará poder a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo con paz» (Salmo 29:7, 11). El Señor da fuerzas para soportar, ser pacientes y bondadosos, sentarnos en silencio, levantarnos y andar, y no hacer nada en absoluto.
Que la paz de Dios sea contigo.

Señor, aquieta mi espíritu en las tormentas de la vida y dame fuerzas para atravesarlas.
La fe conecta nuestra debilidad con la fortaleza de Dios.

Vidas Superficiales

“Adviértanse unos a otros todos los días mientras dure ese «hoy», para que ninguno sea engañado por el pecado y se endurezca contra Dios.”
Hebreos 3.13
Resultado de imagen de Vidas SuperficialesVivir en otro país nos ha alejado físicamente a mí y a mi esposa de las vidas de toda nuestra familia y la mayoría de nuestros amigos. Y además de la distancia geográfica está la difícil tarea de intentar mantenernos involucrados en sus vidas.
Nuestro contacto es limitado, y el tiempo que logramos hablar lo invertimos, sobre todo, en conversaciones sobre lo que hemos estado haciendo y lo que haremos en los días venideros. Lo triste es que para mucha gente eso es lo único de lo que hablan con su familia y amigos, aunque viven en la misma ciudad y a veces hasta en la misma casa, habiendo temas mucho más importantes y cruciales de los que podrían hablar.
Una excusa es que tenemos una ventana de oportunidades muy limitada, en la cual ambos podemos estar involucrados directamente en la vida del otro.
Pero sin ninguna duda, hay tiempo para conversaciones simples y para ponernos al día, aunque también hay una gran necesidad de conversaciones de un nivel más profundo; conversaciones que tienen el propósito de animarse, ayudarse y advertirse los unos a los otros.
El caso es que, cuando perdemos estas interacciones valiosas, no nos aprovechamos del valioso recurso que tenemos en aquellos cercanos a nosotros.

sábado, 28 de enero de 2017

Amor sublime

He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Juan 6:38
Inline image 1Poco antes de la Navidad siguiente a la muerte de su esposo, una amiga nuestra escribió una carta asombrosa en la que describía cómo sería el cielo cuando Jesús nació. Decía: «Fue lo que Dios siempre supo que sucedería. Los tres eran uno, pero habían acordado permitir que su preciosa unidad se fracturara para beneficiarnos a nosotros. El cielo quedó sin Dios el Hijo».
Cuando Jesús estaba en la Tierra, enseñando y sanando, declaró: He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:38;40).
El nacimiento de Jesús en Belén fue el comienzo de su misión en la Tierra de demostrar el amor de Dios y dar su vida en la cruz para liberarnos de la pena y el poder del pecado.
Esa carta terminaba diciendo: «No puedo dejar de pensar que, por el bien de otros, se vaya el ser a quien amo y con quien éramos uno. Pero Dios lo hizo: se encontró con una casa mucho más vacía que la mía, para que yo pudiera vivir allí con Él para siempre».
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).
Padre celestial, tu amor hacia nosotros es sublime. Gracias por dar a tu Hijo para salvarnos.

Decisiones que tienes que tomar

No es fácil tomar decisiones, pero la vida es una continua elección y a cada uno nos toca decidir qué hacer con las personas, situaciones y cosas que se nos presentan en la vida. Es muy normal que no queramos fallar ni equivocarnos.
Habrá momentos en que en el proceso lo haremos mejor de lo que esperábamos, pero también habrá momentos difíciles en los que quizás no habremos tomado la mejor decisión, pero aprenderemos de esa experiencia.
Lo que no puedes permitir es que otros decidan por ti aunque tengan las mejores intenciones. Hay asuntos que solo te conciernen y afectan directamente a ti, y aunque es bueno que busques consejos y que escuches lo que te dicen, debes actuar de acuerdo a lo que sientes que es correcto y va alineado hacia los pensamientos de Dios para tu vida.
Hay decisiones que tomarlas nos cuestan lágrimas y hasta nos roban el sueño; pero las cosas hay que enfrentarlas y debemos tener confianza en nosotros mismos. Porque al fin y al cabo a la persona que le afectará la decisión que tomes es a ti o a las personas involucradas, no a las ajenas.

No es en vano

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. 1 Corintios 15:58
Un asesor financiero describe así la realidad de las inversiones dinerarias: «Espera lo mejor y prepárate para lo peor». En casi todas las decisiones de la vida queda la incertidumbre respecto a los resultados. Sin embargo, hay un camino que podemos seguir en el que, al final del cual y sin importar lo que suceda, el esfuerzo no será en vano.
El apóstol Pablo pasó un año con los creyentes de Corinto, una ciudad conocida por su corrupción moral. Cuando se marchó, les mandó una carta donde los exhortaba a no desanimarse ni sentir que su testimonio para Cristo carecía de valor. Les aseguró que el Señor volvería un día y que hasta la muerte sería conquistada (1 Corintios 15:52-55).
Permanecer fieles al Señor puede que sea difícil, desalentador e, incluso, peligroso, pero nunca carece de propósito ni implica tiempo o esfuerzo malgastados. Cuando caminamos con el Señor y damos testimonio de su presencia y poder, ¡nuestra vida no es en vano! Podemos estar totalmente seguros de que es así.

Señor, en los días de incertidumbre, nos aferremos a tu promesa de que nuestro trabajo para ti cumplirá tu propósito y será de enorme valor ante tus ojos.

Nuestra vida y testimonio para Cristo nunca son en vano.