viernes, 16 de diciembre de 2016

Doy Gracias a mi Cristo

Dando siempre gracias a Dios por todo, al Dios y Padre, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Efesios 5:20.
Hoy, cuando me levanté escuché en el patio de mi casa a los pájaros cantar alegremente, mientras el sol bañaba con su manto toda la creación. Aún en mi cama, escuché el trinar de las aves, y salió de mi corazón algo así como un murmullo lleno de admiración que decía la expresión GRACIAS SEÑOR, POR TODO LO QUE HOY ME DAS. Y entonces recordé las palabras de aquella poesía que dice:
“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco. Y en el alto cielo su fondo estrellado y en las multitudes los seres que yo amo”.
Imagen relacionada“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado el sonido y el abecedario. Con él las palabras que pienso y declaro. Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando, la ruta del alma del que estoy amando”.
“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado la marcha de mis pies cansados. Con ellos anduve ciudades y charcos. Playas y desiertos, montañas y llanos. Y la casa tuya, tu calle y tu patio”.
“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me dio el corazón que agita su marco, cuando miro el fruto del cerebro humano, Cuando miro al bueno tan lejos del malo, cuando miro el fondo de tus ojos claros.”
“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es mi mismo canto. Y el canto de todos que es mi propio canto”. Gracias a mi Cristo. Gracias a mi Cristo.

jueves, 15 de diciembre de 2016

El día en que Jesús guardó silencio

Aún no llego a comprender cómo ocurrió; si fue real o un sueño. Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un buen libro en la mano. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear…
En algún momento entre la semiinconsciencia y los sueños, me encontré en un inmenso salón que no tenía nada de especial salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas. Los ficheros alcanzaban hasta el techo, tanto que parecía interminable el mirar en ambas direcciones.
Tenían diferentes rótulos, y al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado: “Muchachas que me han gustado”. Lo abrí descuidadamente y empecé a pasar las fichas. Tuve que detenerme por la impresión porque había reconocido el nombre de cada una de ellas: ¡se trataba de las muchachas que a mí me habían gustado!
Resultado de imagen de El día en que Jesús guardó silencioSin que nadie me lo dijera, empecé a sospechar dónde me encontraba. Ese inmenso salón, con sus interminables ficheros, era un catálogo de toda mi existencia.
Estaban escritas las acciones de cada momento de mi vida, pequeños y grandes detalles, momentos que mi memoria ya había olvidado.
Un sentimiento de expectación y curiosidad, acompañado de intriga, empezó a recorrerme mientras abría los ficheros al azar para explorar su contenido.
Algunos me trajeron alegría y momentos dulces; otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos que tuve que volverme para ver si alguien me observaba.
El archivo “Amigos” estaba al lado de “Amigos que traicioné” y “Amigos que abandoné cuando más me necesitaban”.
Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo. “Libros que he leído”, “Mentiras que he dicho”, “Consuelos que he dado”,... otros títulos eran: “Asuntos por los que he peleado con mis hermanos”, “Cosas hechas cuando estaba molesto”, “Murmuraciones cuando mamá me reprendía de niño”, “Vídeos que he visto”…

Servir a Dios con oraciones

Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. (Santiago 5:16)
A menudo Dios decide utilizar nuestras oraciones para llevar a cabo su obra. Esto lo vemos cuando le dijo al profeta Elías: «yo haré llover sobre la faz de la tierra», prometiendo poner fin a una sequía en Israel que había durado tres años y medio (Santiago 5:18). Aunque Dios había prometido que llovería, poco después, «Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas» para pedir fervorosamente que lloviera (1 Reyes 18:42). Entonces, mientras oraba, mandó a su siervo «siete veces» para que mirara hacia el mar y observara si había alguna señal de lluvia en el horizonte (verso 43).
Elías entendió que Dios quiere que participemos en su obra mediante la oración humilde y persistente. A pesar de nuestras limitaciones humanas, el Señor seguramente quiera obrar de maneras asombrosas a través de nuestras oraciones. Por eso, Santiago afirma que «la oración eficaz del justo puede mucho» y nos recuerda que «Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras» (Santiago 5:16-17).
Cuando nos proponemos servir a Dios orando fielmente como lo hizo Elías, participamos de un privilegio maravilloso… y en cualquier momento, podríamos ver un milagro delante de nuestras narices.

Señor, ¿cómo puedo servirte hoy con mis oraciones?
Las grandes expectativas de nuestra parte honran a Dios.

¿Soy un esclavo atemorizado o un hijo amado y perdonado?


El apóstol Pablo nos presenta un profundo contraste entre los conceptos de esclavo e hijo. En un lenguaje propio de la época escribe: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y administradores hasta el tiempo señalado por el padre. Gálatas 4:1-2

En aquellos tiempos, el niño (heredero) tenía solamente derechos muy similares a los de un esclavo, hasta que cumpliese cierta edad y fuese considerado no solo heredero, sino también señor y patrón de otros. Bajo la ley (siendo niños con herencia), estaban confinados en los derechos de su propia libertad.

Es como una paradoja de sentimientos mezclados que dice “soy heredero, pero todavía no”. Escogidos desde antes de la fundación del mundo, (Efesios 1:4; Romanos 8:29), pero con desconocimiento pleno de esta nueva libertad e identidad con la que Cristo nos hizo libres.

El niño heredero estaba bajo el tiránico tutor de la ley, la cual no determina para nada su herencia. Sino que la ley, habiendo tutor o administrador, ha de llevarnos durante nuestra niñez y adolescencia (en el cumplimiento del tiempo), al encuentro glorioso con la Gracia de Jesucristo.

Muchos hombres de Dios no son impactados por Su Gracia hasta que la ley los consume en verdad. Dios tiene que humillarnos para poder salvarnos. Nunca se saborea la gracia de Dios hasta que el pecado no agobie sobremanera, como
tampoco nosotros sabremos qué hacer con la libertad que nos confiere la gracia divina. Tantos años bajo el yugo cruel de la ley han producido heridas, iras reprimidas, sentimientos de culpabilidad, indignación y rebeldías. Todo ello nos ha conducido (a muchos) a una interpretación desordenada y confusa de nuestra libertad en Cristo, por lo tanto necesitamos la aceptación de la ley de Dios dentro del marco de una nueva perspectiva de la gracia infinita.

Afrontamos el reto de vivir una vida de obediencia para Dios no bajo el peso de nuestros propios esfuerzos, sino por dejar fluir el esfuerzo de la obra de Cristo en nosotros. 

No se trata de un moralismo religioso, sino del descanso sincero y por completo en la obra consumada por Cristo en la cruz del Calvario.

Más allá de esta vida


Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual os dará el Hijo del hombre, porque a éste señaló Dios, el Padre.  (Juan 6:27, RV95).
Resultado de imagen de Más allá de esta vidaTras un grave accidente que sufrió y que lo dejó al borde de la muerte, Henri Nowen se recuperó increíblemente bien de la tragedia, y sus amigos comenzaron a felicitarlo por ello, a expresarle la alegría que sentían de verlo de nuevo con la misma salud física y mental de antes.
Sin embargo, él no analizaba su recuperación de la misma forma en que lo hacían ellos.
Nowen se preguntaba si estar bien era realmente lo mejor para él; si no hubiera sido preferible haber muerto, para encontrarse así más cerca de la vida eterna con Dios.
“Nadie de los que me escribieron, llamaron, enviaron flores o me visitaron, ni siquiera sugirió que mi vuelta a la vida de siempre no era necesariamente lo mejor que podría haberme ocurrido tras el accidente. Nadie me dijo: "Debe haber sido una decepción para ti tener que seguir aquí, pero como compañero tuyo de viaje que soy, te doy la bienvenida una vez más a las luchas de la vida en esta tierra”, cuenta Nowen.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿Verdaderamente, todo sucede por algo?

Resultado de imagen de ¿Verdaderamente, todo sucede por algo?¿Todo sucede por algo? La respuesta corta es "sí"; dado que Dios es soberano, no existe la casualidad ni eventos que sucedan fuera de control. Los propósitos de Dios puede que nos sean ocultos, pero podemos estar seguros que detrás de cada evento hay un propósito.

Hubo un propósito por la ceguera del hombre en Juan 9, aunque los discípulos se equivocaron al identificar la razón (Juan 9:1-3). Hubo una razón respecto a los malos tratos que recibió José, aunque el propósito de sus hermanos en lo que le hicieron fue muy diferente del propósito de Dios al permitirlo (Génesis 50:20). Hubo un propósito en la muerte de Jesús; las autoridades de Jerusalén tenían sus razones, basadas en malas intenciones, y Dios tuvo las suyas, basadas en la justicia. La soberanía de Dios se extiende incluso hasta la más humilde de las criaturas: "Con todo, ni uno de ellos (pajarillos) cae a tierra sin el permiso de vuestro Padre" (Mateo 10:29).
Varios factores nos ayudan a saber que todo sucede por algo: la ley de causa y efecto, la doctrina del pecado original, y la providencia de Dios. Todo esto demuestra que todo sucede por alguna razón, y no solo por casualidad o por azar.


En primer lugar, existe la ley natural de la causa y el efecto, también conocida como la ley de la siembra y la cosecha. Pablo dice, "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna" (Gálatas 6:7-8). Esto significa que en cada acción que realicemos o en cada palabra que pronunciemos, ya sea para bien o para mal, hay ciertos resultados inevitables que vendrán (Colosenses 3:23-25). Alguien podría preguntar, "¿Por qué estoy en la cárcel?, ¿hay alguna razón para ello?", y la respuesta podría ser, "Porque usted robó la casa de su vecino y lo atraparon". Esa es la causa y el efecto.

Todo lo que hacemos es una inversión en la carne o una inversión en el Espíritu. Vamos a cosechar lo que hemos sembrado, y cosecharemos en proporción a cómo hemos sembrado. "Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará" (2 Corintios 9:6). El creyente que camina en el Espíritu y "siembra" en el Espíritu, va a recoger una cosecha espiritual. Si su siembra ha sido generosa, la cosecha será abundante, si no en esta vida, ciertamente en la vida venidera. Por el contrario, aquellos que "siembran" para la carne van a cosechar una vida sin todas las bendiciones de Dios, tanto en esta vida como en la vida por venir (Jeremías 18:10; 2 Pedro 2:10-12).

Libérate del Peso de la Culpa

¡Culpa!, una carga demasiado pesada. 
Te hace sentir triste e infeliz. No te deja dormir porque constantemente tu conciencia te lleva a enfrentarte con la realidad de tu falta, delito o pecado. Vivir de esa manera no es vida. Es como vivir esclavo y preso de tus errores; aún más, es como vivir un infierno interno.
Pero hoy puede ser un día diferente para ti. Así como en una ocasión un ladrón al lado de la cruz de Jesús, reconoció sus pecados y pidió perdón, tú puedes recibir ese perdón y ser libre de esa culpa. Jesús, mediante su sangre preciosa al morir en la cruz, murió por nuestros pecados y no solo eso, sino que por esa preciosa sangre nos lava, purifica y redime. Con solo aceptarlo, puedes comenzar a experimentar el perdón en tu corazón.
También existen cosas que todavía puedes hacer. Errores que puedes enmendar, y si es así, no debes perder más tiempo, sino hacerlo ya. Mientras más pronto lo hagas, mejor será para ti. Te sentará muy bien experimentar la verdad y la libertad desde lo más íntimo de tu ser.
Ya no andes más oprimido, deprimido o como si estuvieras muerto estando vivo. No escondas tus culpas y pecados tras las adicciones o tratando de ignorarlos. Porque muchos tratan de ignorarlos, pero cuando llega la noche y hay silencio, no pueden dormir porque la culpa casi los aplasta.

Robot de la fe

Conversando con una amiga y compañera de trabajo, recodábamos un episodio bastante incómodo que vivimos, ella de manera directa y yo de espectadora un par meses atrás. Fue una desagradable confrontación que mi amiga tuvo con uno de los directivos del lugar en que trabajamos, quien la reprochaba que no estaba confiando totalmente en Dios y que revisara de qué manera eso se lo estaba transmitiendo a sus alumnos. Fue incómodo ese momento porque la manera de decirlo no fue, a mi juicio, la apropiada y porque además, creo que nadie puede andar por la vida evaluando tu nivel de confianza o fe en Dios porque, sencillamente, no le corresponde.
robot de la feA partir de ese evento salió a colación el término de “robot de la fe”, un poco tratando de asimilar lo que había sucedido y dando a entender lo que se esperaba de ella, y bueno, lo que muchas veces se espera de todos, pero que por fortuna para todos, Dios no espera que lo seamos. Él sí espera que confiemos y tengamos una fe ciega, pero no se decepciona ni se tira de los pelos de la cabeza cuando no la tenemos, porque no nos hizo como un robot, nos hizo seres de carne y hueso.
Si fuésemos "robots de la fe" no necesitaríamos el abrazo tibio del Espíritu Santo diciéndonos que todo estará bien, no necesitaríamos la oración, el ayuno, la lectura de la palabra y la comunión diaria porque estaríamos programados para tener fe y producirla; no nos costaría trabajo alguno, nos saldría de manera natural. Pero la cosa no funciona así, Dios nos hizo reflexivos y libres para escoger porque no quería autómatas, y la fe nos la dio como un don preciado digno de cultivar y poner al servicio del cuerpo de Cristo, por lo que es algo que Él nos entrega, no algo que hagamos por nosotros mismos.

La coronación de Cristo

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. (Apocalipsis 15:3)

Ese día los redimidos resplandecerán con la gloria del Padre y el Hijo. Los ángeles del cielo, tocando sus áureas arpas, darán la bienvenida al Rey, y a los trofeos de su victoria, que serán los seres lavados y emblanquecidos en la sangre del Cordero. Surgirá un himno de victoria que henchirá el cielo. Cristo ha vencido. Entra en los atrios celestiales acompañado por sus redimidos, testigos de que no fue vana su misión de sufrimiento y sacrificio.  

Resultado de imagen de La coronación de CristoMuy por encima de la ciudad, sobre un cimento de oro bruñido, hay un trono alto y encumbrado. En el trono está sentado el Hijo de Dios, y en torno suyo están los súbditos de su reino. Ningún lenguaje, ninguna pluma puede expresar ni describir el poder y la majestad de Cristo. La gloria del Padre Eterno envuelve a su hijo. El esplendor de su presencia llena la ciudad de Dios, rebosando más allá de las puertas e inundando toda la tierra con su brillo. 

Inmediatos al trono se encuentran los que fueron alguna vez celosos en la causa de Satanás, pero que, cual tizones arrancados del fuego, han seguido a su Salvador con profunda e intensa devoción. Luego vienen los que perfeccionaron su carácter cristiano en medio de la mentira y de la infidelidad, los que honraron la ley de Dios cuando el mundo cristiano la declaró abolida, y los millones de todas las edades que fueron martirizados por su fe. Y más allá está la “gran muchedumbre, que nadie podría contar, de entre todas las naciones, tribus y pueblos, y las lenguas…de pie ante el trono y delante del Cordero, revestidos de ropas blancas, y teniendo palmas en sus mano.” Su lucha ha terminado, han ganado, son victoriosos, han disputado el premio de la carrera y lo han ganado… En presencia de los habitantes de la tierra y del cielo reunidos, se efectúa la coronación final del Hijo de Dios.