Los pasajeros del autobús observaban con simpatía a la atractiva joven con bastón blanco, a cada paso que daba. Ella pagó al conductor, y usando sus manos para sentir el puesto de la silla, caminó por el pasillo y encontró el sitio que él le dijo estar vacío. Después de sentarse, puso su maletín en sus piernas y colocó su bastón contra ellas.
El Espíritu Santo descendió sobre Cristo para darle poder para su obra (Juan 1:32-33). También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.
Si Jesús no hubiese llevado a cabo la misión que vino a cumplir, no habría existido el evangelio. Si no hubiese muerto, no podría haber limpiado nuestros pecados; si no hubiese vuelto al Padre, el Espíritu Santo no habría podido venir. Así como el Espíritu descendió sobre Cristo para darle poder para su obra, pronto vendría sobre los seguidores de Cristo para compensarles la pérdida de la presencia del Señor.
I. Convencer al mundo del pecado
Llamar a los hombres al arrepentimiento; el Espíritu Santo a través de sus discípulos produciría (convicción) de pecado. Hechos 2:36-37 Sepa, pues, ciertamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? El Espíritu Santo obró junto con Pedro en su primer discurso, el cual dio una abundante cosecha de almas. El pueblo reaccionó, obró de otro modo y cambió su manera de pensar, y su respuesta denota su verdadero arrepentimiento.

