jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Qué se necesita para cambiar? - Meditaciones - vídeo

Todos tenemos áreas de nuestra vida que nos gustaría cambiar, esos hábitos de los que no nos sentimos nada orgullosos.
Quizá en muchas ocasiones has orado y llorado pidiendo a Dios que te ayude a cambiar en esto o aquello, pero cuando menos te percatas estás nuevamente cayendo en el mismo error.
Seguramente todos hemos tenido esos encuentros especiales con Dios, cuando las lágrimas corren por nuestras mejillas mientras con un sentimiento puro le pedimos al Señor que nos ayude, que no queremos seguir siendo los mismos, que necesitamos de Él y que ya no podemos más.
Llorar como un niño delante de Dios pidiendo que nos ayude a cambiar es sólo el inicio de un proceso que debemos seguir para cambiar realmente. Muchos de nosotros queremos dejarle todo el trabajo a Dios y no ponemos nada de nuestra parte. Si bien es cierto que el único que puede transformar nuestra vida es Dios, también necesita que nosotros dispongamos nuestro corazón y vida para que actúe de una forma más efectiva.
Yo no puedo orar y pedirle a Dios que me ayude a cambiar mientras yo no pongo absolutamente nada de mi parte. Dios es caballero y respeta mucho nuestras decisiones. Él jamás nos va a forzar para que cambiemos, Él no nos va a doblar la mano y a obligarnos para que de una vez por todas cambiemos. ¡No!, todo cambio que Dios quiere realizar tiene que tener como terreno abonado un corazón dispuesto a ese cambio y una vida obediente a sus instrucciones.
Pero la pregunta es: ¿Qué se necesita realmente para cambiar ?
Primero: Reconocer que tengo un problema. Hay mucha gente que no puede cambiar porque no reconoce que tiene un problema; el orgullo es uno de los mayores obstáculos que nos querrán evitar el cambio. La Biblia dice: “El orgulloso y arrogante al fin de cuentas fracasa.” Proverbios 16:18 (Traducción en lenguaje actual). Pero en contraste con la humildad dice: “El orgulloso termina en la vergüenza, y el humilde llega a ser sabio.” Proverbios 11:2 (Traducción en lenguaje actual). Reconocer que tengo un problema es el inicio de un posible cambio.
Segundo: Someterme a Dios. Cuando reconocemos que tenemos un problema y nos sometemos a Dios entonces vamos camino a una recuperación y restauración. Someterme a Dios tiene que ver con restaurar mi comunión personal con Él. La Biblia dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7 (Reina-Valera 1960). Tenemos que comenzar a restaurar aquella relación perdida, comienza a orar, no necesariamente tienen que ser largos períodos. Si te cuesta orar, comienza con unos minutos cada día durante una semana y, conforme vayas acostumbrándote, aumenta tu tiempo de oración y tus resultados serán aún mejores. Lee la Biblia todos los días, medita sobre algún versículo en especial, escucha y entona una alabanza con la cual te sientas muy bien delante de Dios, congrégate frecuentemente y conforme el tiempo vaya pasando sirve en algún área de tu Iglesia; eso te servirá para mantener tu mente ocupada en el Señor.
Tercero: Velad constantemente. Nunca te creas que ya alcanzaste el nivel necesario para ya no fallar o no pecar. Nuestro Señor Jesús nos enseñó que teníamos que estar velando siempre para no caer en tentación: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Marcos14:38 (Reina Valera 1960). Este mismo versículo en otra traducción dice así:“No se duerman; oren para que puedan resistir la prueba que se acerca. Ustedes quieren hacer lo bueno, pero no pueden hacerlo con sus propias fuerzas.” Marcos 14:38 (Traducción en lenguaje actual). Una vida espiritual que esté prevenida y se mantenga en comunión personal con Dios es una vida que a la hora de la prueba saldrá con victoria.
Cuarto: Si fallas, no te rindas, inténtalo nuevamente. Quizá tu lleves a cabo los tres pasos anteriores: Reconociste que tenias un problema, te sometiste a Dios y estuviste velando constantemente, pero a pesar de ello en un momento de descuido fallaste nuevamente y te sientes muy mal. Es allí donde el enemigo aprovechará para lanzar sus dardos de fuego sobre tu mente para hacerte creer que eres un fracasado y que nunca podrás cambiar. Es entonces, en esos momentos, cuando debes llevar a la práctica este cuarto paso: SI FALLAS, NO TE RINDAS, INTÉNTALO NUEVAMENTE. La vida cristiana es un ejercicio diario: si fallas, no puedes rendirte, porque es casi seguro que fallaremos, pero lo más importante a la hora de fallar no es este hecho, sino tener la disposición de levantarte y volver a intentarlo con el conocimiento de que ya sabes cómo fallaste y cómo puedes evitarlo la próxima vez. La Biblia dice: “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…” Proverbios 24:16 (Reina-Valera 1960).
¿Realmente quieres cambiar? Entonces, humildemente, debes seguir estos cuatro pasos; si te das cuenta es un circulo que puede llevarte a la victoria. Estos cuatro humildes consejos pueden ser la llave que necesitas para vencer aquellas cosas que hasta hoy te causaban mucho dolor, ya que fallar constantemente a Dios provoca en un hijo de Dios, nacido de nuevo, mucho dolor.
Para terminar elevemos una oración por nuestra vida y recibámosla con una convicción firme:
“Dios mío que estás en los cielos, te doy gracias por todas tus bondades y tus misericordias para con nosotros, reconocemos que Tú eres Soberano y gobiernas sobre nosotros, por esa razón hoy quiero elevar una oración por todas aquellas personas que sienten que no pueden cambiar, por todas aquellas personas que hasta cierto punto se sienten frustradas de intentarlo y no lograrlo. Padre, en esta hora te pido que pongas en su corazón el deseo de llevar a cabo estos humildes consejos respaldados por tu Palabra, Señor, pon en ellos el deseo de intentarlo nuevamente y la disciplina que se necesita para poner en práctica estos consejos. Dales fuerza Señor, dales mucho dominio propio, dales la determinación que necesitan para salir de esos pozos de desesperación, dales la convicción de que Tú estás con ellos, que nunca se sientan solos, abrázalos, hazles sentir tu presencia allí en el lugar donde están, renueva su aliento, pero sobre todo que haya en cada uno de ellos un amor profundo hacia ti que, como consecuencia, les lleve a no cansarse nunca de intentar agradarte. Gracias Padre, porque sé que estas obrando, porque sé que sus vidas serán transformadas por tu poder y porque cada uno de ellos dispondrá su corazón para que tú trabajes libremente. Gracias mi Dios, en el nombre de tu Hijo Amado Jesús, Amén.”

¡ADELANTE! ¡DIOS ESTÁ TRANSFORMANDO TU VIDA!

“Mientras vivimos en esta tienda de campaña, que es nuestro cuerpo, nos sentimos muy tristes y cansados. Y no es que no queramos morir. Más bien, quisiéramos que nuestros cuerpos fueran transformados, y que lo que ha de morir se cambie por lo que vivirá para siempre.” 

2 Corintios 5:4 (Traducción en lenguaje actual)

En medio del dolor - Reflexión


Tuve la oportunidad de visitar a una gran mujer de 67 años que sufría de cáncer de pulmón y había tenido poco antes una cirugía para intentar extirpar su tumor. Cuando le tomé la mano me contó cómo había sido la operación y los cuidados que había tenido que tener mientras estaba en el postoperatorio. Parecía estar muy cansada y dolorida pero con ganas de conversar, como siempre.
Dentro de las cosas que me comentó, me impresionó cómo sus ojos se llenaban de lágrimas cuando recordaba el período de la radioterapia, pero no porque pensara en ella, sino porque recordaba a quienes estaban viviendo el mismo proceso que ella. Me contó sobre una joven de 25 años que tenía un hijito; recordó a mujeres de 30, 40, de hasta 50 años que no podían ni siquiera levantarse al baño. Incluso recordó a una mujer que agonizó toda la noche falleciendo a la mañana siguiente. Quedé perpleja entre tantas historias, pero me impresionaron aún más las palabras que siguieron a continuación de su relato: “al menos yo he vivido mucho más”.
En medio de un dolor físico muy considerable y de lo angustioso que puede llegar a ser un cáncer, esta mujer fue capaz de ver más allá de su propio cáncer y conectarse con las historias de dolor y pérdida de otras personas. Su hija me comentaba, recién operada la madre, que la encontró un día en el baño secándole el pelo a otra mujer hospitalizada, que lo único que quería era arreglarse para las visitas que vendrían.
Existe un concepto que me gusta mucho que es el de  “alteridad”; proviene del latín alter-tas, y es la condición de ser otro. El vocablo alter refiere al “otro” desde la perspectiva del “yo”. El concepto de alteridad se utiliza en sentido filosófico para referirse al descubrimiento de la concepción del mundo y de los intereses de un “otro”. Si la definición no es fácil de comprender, mucho menos lo es su aplicación. Sin embargo, creo que a través de la vida de esta gran mujer podemos aproximarnos un poco más. En medio de su propio cáncer fue capaz de conectarse con el mundo de otras enfermas de cáncer, como ella, y así evitar el, totalmente válido, autocompadecimiento.
Conozco a alguien más como ella. Su nombre es Jesús, y cuando estuvo colgado en una cruz de madera no pensó en su dolor físico. Pensó en cómo evitar el dolor tuyo y mío y en cómo ayudarnos a que tuviéramos una vida libre y feliz.  Sabía que tú y yo viviríamos vidas distintas y, para asegurarse al menos, de que el final de nuestras vidas fuera igual, no vio las cosas desde Su propio punto de vista sino desde el nuestro.

Si existieran más personas como Jesús, y si existieran más personas como esta mujer el mundo sería muy distinto a lo que es. Me gustaría parecerme un  poco más a ellos, dejar de que mi dolor nuble mi vista y ser capaz de entender el mundo doloroso de otras personas, lejanas o cercanas, pero personas con vidas distintas.  ¿Y a ti? ¿Te gustaría? ¿Lo intentamos?

 Poly Toro

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Él Me Atraerá Y Me Hablará - Devocional - vídeo

Yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Oseas 2:14.
Nuestro benigno Dios, viendo cuántos atractivos tiene para nosotros el pecado, ha querido, para llevarnos a Él, ejercer sobre nosotros el más poderoso atractivo de su amor. ¿No recordamos aún cómo nos atrajo el mejor amigo de nuestras almas para arrancarnos de los encantos del mundo? Esto mismo está dispuesto a hacer cuantas veces sea necesario para sacarnos de las redes del pecado.
Dios promete, con el fin de ejercer una acción más eficaz con nosotros, llevarnos a un lugar apartado, que no es precisamente un paraíso sino un desierto, porque allí nada habrá que pueda estorbar nuestra atención por las cosas de Dios. En el desierto de la aflicción la presencia de Dios es nuestro mayor bien; allí juzgamos su compañía mucho más apreciada que la de nuestros amigos cuando estábamos sentados bajo nuestra vid y nuestra higuera. 
La soledad y la aflicción sirven para acercarnos a nuestro Padre mucho mejor que cualquier otro medio. Cuando de este modo somos apartados y llevados a Él, el Señor puede decirnos muchas cosas excelentes para nuestro consuelo. ¡Ojalá pudiéramos saber por experiencia cuán grande es el valor de esta promesa! Atraídos por su amor, separados por la prueba y consolados por el Espíritu de verdad, conoceremos al Señor y cantaremos con gozo sus alabanzas.
Hoy..Quiero ser atraído por Él al desierto para escuchar su voz allí.
Señor, Gracias por atraerme con tu amor y bondad y sostenerme con tu brazo fuerte. Amén.

El Don De Los Problemas - Crisis

Cuando estamos atascados o frustrados a nadie le gustan los problemas.  Pero los problemas son fuente de riqueza, fama, poder, progreso y la mayoría de las cosas buenas de la vida.  Sin problemas me temo que todavía viviríamos en cavernas.  ¡Gracias a Dios por el don de los problemas!
¿Creo realmente en eso?  ¡Así es!  Pero, ¿me siento de esa manera todo el tiempo?  No.  ¡Hallo especialmente difícil de apreciar los problemas cuando soy yo quien los tiene!
Pero la verdad es que la mayoría de nosotros se gana la vida resolviendo los problemas de otros.  En ese sentido, aunque me frustren mis propios problemas, ¡estoy extremadamente agradecido de que otras personas tengan problemas que yo puedo resolver!
 Crisis Problemas
Tuvimos un problemita con el coche de María esta semana.  El espejo lateral del lado del pasajero fue golpeado, y como tiene un control eléctrico no había manera de que lo pudiera reparar yo mismo. Teníamos un problema. Y como yo no estaba programado para arreglarlo y no quería ser molestado ese día en particular, me molestó.
¡Pero noté que el tipo en el taller lo vio de manera muy diferente!  Resultó que, con su conocimiento, experiencia y herramientas, él no tuvo problemas en absoluto.  Para él, fue una manera fácil de ganarse un par de cientos de euros.  ¡Qué delicia!  ¡Qué afortunado!
En una economía diversificada los problemas hacen que el mundo gire.  Cuando tengo un problema con mi coche el mecánico hace dinero.  Cuando tengo un problema con mi ordenador, el técnico hace dinero.  Cuando mis clientes quieren hacer crecer sus negocios, enriquecer sus vidas o tienen dificultades alcanzando sus metas más importantes, recibo una llamada.  ¡Gracias a Dios por los problemas!
La verdad es que si queremos hacer más dinero, necesitamos (sí, necesitamos) aprender a resolver más y más grandes problemas para más gente. La gente paga para que le resuelvan sus problemas.
Es fácil de comprender cuando el problema es también una crisis. En una emergencia queremos que el médico detenga el dolor. Cuando fallan, queremos nuestros coches arreglados. Cuando viajamos y necesitamos alimento y alojamiento por la noche, alegremente le pagamos a alguien para que nos ayude; esos problemas son obvios. Pero cuando compramos entretenimiento o muebles para nuestros hogares o algún libro para leer en vacaciones, estos son también problemas por los que le pagamos a alguien para resolverlos.
Ya sea que nuestro cliente sea una persona a la que llamamos “jefe”, o miles de personas que vienen a nuestro restaurante diariamente, todos tienen problemas que resolver.  Si queremos que nos paguen más, deberemos hallar maneras ya sea de resolver el mismo problema para más gente o aprender a resolver problemas más grandes y complejos.  Nuestro ingreso es siempre un reflejo preciso del valor que los clientes colocan en los problemas que les resolvemos.
¡Gracias a Dios por los problemas!
Y como un bono extra, consideremos los sorprendentes dones que los problemas nos dan, ¡sin coste alguno!  Los problemas nos desafían, nos hacen pensar, nos hacen ser creativos.  Nos enseñan cosas y nos fuerzan a colaborar con gente muy inteligente y aprender de ellos.  Algunas veces pienso acerca de los problemas que son como un don de Dios a la raza humana.
Cuando estamos totalmente relajados y cómodos tomando el sol, sin problema de ninguna clase, es poco probable que nos sintamos motivados; a veces, ¡hasta nos dormimos!  Sin problemas hacemos muy poco; no inventamos nada y construimos poco de valor perdurable. Sólo cuando tenemos hambre, estamos frustrados, preocupados o desafiados por un problema es cuando nos levantamos, reunimos nuestros recursos y nos ponemos a trabajar.  Los problemas (y sus soluciones) han creado el mundo que disfrutamos diariamente.
Así que ¿disfruto en realidad los problemas?  Bueno, no siempre.  Como la mayoría de la gente, me frustro o molesto por problemas inesperados.  Pero sí los veo como oportunidades para aprender de nuevas experiencias, para crecer y, en algunos casos, ¡para enriquecernos!  Los problemas nos dan una oportunidad de conocer gente con experiencias que no tenemos, o de extender nuestra red y aprender de gente con pruebas periciales en áreas que no podemos manejar nosotros mismos.
Creo que fue W. Clement Stone quien observó que: “Cada problema lleva consigo mismo una oportunidad aún mayor”; creo que estaba en lo correcto.  Examinemos cada problema buscando el oro que yace en él.  Los problemas nos hacen más fuertes, nos enseñan cosas y, con el tiempo, nos hacen ricos!
Phil Humbert
Este pensamiento nos ofrece una perspectiva original y sumamente interesante sobre los problemas que hemos aprendido a temer y a rechazar.  Lo cierto es que el autor de la reflexión pone el dedo en la llaga al afirmar que son precisamente ellos los que sirven de motivación para el progreso de la humanidad tanto a nivel individual como grupal.  ¿Estaremos amargándonos por algún o algunos problemas que afrontamos actualmente?  Tal vez es el momento de comenzar a ver el “lado amable”  de ese problema.  Pero entiendo que a veces la naturaleza de la crisis nos impide desarrollar una mejor perspectiva.  Si ese es el caso, ¿por qué no aprovechar este fin de semana para acercarnos al Salvador y, congregándonos con tantos otros que le reconocen como Señor, le permitimos darnos una visión renovada de nuestras circunstancias y futuro? 

El Autobús a Ninguna Parte - reflexión - vídeo

Mientras estaba sentado en un banco en la parada del autobús intentando determinar dónde iba a ir, escuché a un hombre preguntarle a la cajera por un boleto a ningún lado.
Simulando parecer un poco confundido, al pasar junto al hombre de al lado decidí detenerle y preguntarle: “Señor, no pretendo inmiscuirme pero… ¿le escuché pedirle a la cajera un boleto a ningún lado?”
El hombre se volvió hacia mí y contestó: “Sí, y es allí donde este boleto me llevará y, sin embargo, lo estoy pensando dos veces”.
Entonces le pregunté al hombre: “¿Por qué lo está pensando dos veces?”
Él contestó: “Aquí estoy ahora, en un lugar donde estoy acostumbrado a todo lo que me rodea, conozco a mucha gente, tengo muchos amigos, usted sabe, todas las cosas que nos hacen sentir cómodo en la vida.
Una vez que me suba a este autobús todo aquello se habrá ido.  No sé si me gustará donde vaya a parar, ni sé si será mejor o peor que aquí".
Le agradecí al hombre su respuesta y le estreché la mano.
Al acercarme a la ventanilla comencé a preguntarme si este era el boleto que compraría.  Parado frente a la cajera mirando el tablero de salidas sentí un golpecito en mi hombro.  Cuando me di la vuelta vi al caballero con quien había estado conversando momentos antes.
Me dijo: “No tengo ni idea de dónde planea ir, pero si es el mismo lugar adonde yo estaba planeando ir tenga este boleto”.
Así que le pregunté al hombre: “¿Qué le hizo cambiar de idea?”
Contestó: “No puedo manejar el no saber dónde pudiera llegar o cuán lejos pudiera llegar, así que aquí me voy a quedar a pesar de todo lo que está mal en este lugar.  Así que, si quiere este boleto, es suyo”.
El hombre me entregó el boleto y se dio la vuelta antes de que pudiese agradecérselo.
Sentado, esperando por este autobús, comencé a pensar en todo lo que este hombre había dicho.  Entonces comencé a preguntarme si estaba listo para subirme a ese autobús yo mismo.  ¿Qué haré?  ¿Qué habrá allá?  ¿Cuán malo será allá?  ¿Cuán bueno será allá?
Antes de que me diese cuenta un hombre habló por el altavoz y dijo: “Ahora estamos abordando el autobús a ningún lado.  Todos los pasajeros, por favor, diríjanse a la puerta #1”.
Me levanté de mi asiento y comencé a caminar por el corredor hacia la puerta #1.  A mitad de camino, miré hacia atrás para ver cuántos se iban en ese autobús.  No vi a nadie.
Le entregué al conductor mi boleto y le pregunté: “Señor, ¿cuántos van en este autobús?”
Él contestó: “Hoy, solo usted… nadie más”.
Así que le pregunté: “¿Toman muchos este autobús?”
Él contestó: “Muchos han comprado boletos pero la mayoría nunca aparecen.  Y si lo hacen, sólo llegan hasta aquí”.
Un poquito asombrado le pregunté: “¿A qué atribuye usted esto?”
Él contestó: “Hijo, he conducido este autobús durante muchos años, nunca ví dos días iguales, conduje millones de millas, sólo para ver... nada.  Creo que muchos de nosotros estamos perdidos y nos parece que el único lugar al que debiéramos ir es a algún lado.  Así que la gente viene, compra un boleto a ningún lado, pensando, esperando que les llevará a algún lado.
Aquellos que se han subido nunca más les he vuelto a ver; sin embargo, aquellos que no lo han hecho han vuelto a este mismo punto, a esta misma puerta, una y otra vez.  
Habiendo dicho esto, este autobús va a partir.  ¿Deberé romper este boleto?  ¿Me estará acompañando?
Le entregué al hombre mi maleta y me subí a un autobús dirigido a… ¡a algún lado! ¡A Dios!
Dan Harris 
Mucha gente anda por la vida queriéndose subir a un autobús (o tal vez a un coche, a un tren o avión) que les lleve a algún lado mejor que en el que ahora viven, descubriendo en el camino que más bien se dirigen a “ningún lado”.  No podemos huir todo el tiempo de la realidad, sólo nos queda afrontarla.
Recuerdo una vez que una amiga me confió que quería cambiar de empleo porque su jefe y compañeros no constituían el mejor equipo con el que se podía trabajar,. En aquella ocasión le contesté lo que le he planteado a tantos otros a lo largo de mi vida: “Dios nos ha colocado en el lugar preciso para influir (ser sal y luz) y evitar que el enemigo de nuestras almas se salga con la suya”.  Tal vez parezca que somos muy pocos y que tenemos muy poca fuerza, ¡pero resulta increíble el poder lumínico de una vela en una habitación totalmente a oscuras!
No se suba al autobús a ningún lado, más bien busque dirección de Dios para cumplir con Sus propósitos de este lado del cielo.  ¿Le falta guía en cuanto a esto?


El verdadero problema con la tentación - Reflexiones

A veces creemos que somos incapaces de decir NO al pecado constante o que tenemos un enorme problema para decir NO en el momento preciso.
¿Les ha pasado que a veces terminan diciendo SÍ a lo que con cabeza fría hubieran dicho NO? Y es que es obvio que cuando comenzamos a permitir que la tentación se apodere de nuestra atención lo más fácil siempre es decir SÍ, aunque realmente quisiéramos decir NO.
El verdadero problema no radica en tu decisión de decir SÍ o en tu decisión de decir NO; el verdadero problema radica en lo que antecede a tu decisión del SÍ o el NO.
Por ejemplo: Si una de  tus debilidades es la pornografía y te pasas mucho tiempo sin hacer nada productivo en el ordenador o en cualquier otro dispositivo con acceso a internet, y estás solo sin personas que te interrumpan, es obvio que tarde o temprano serás tentado a ver esas imágenes o vídeos que en un principio no quisieras ver. Tu problema no era que cuando te dieron ganas de ver esas imágenes o vídeo no pudiste decir NO; tu problema fue que dedicaste mucho tiempo innecesario a estar en ese dispositivo con acceso a internet.
Otro ejemplo: Si tu debilidad son las mujeres y mantienes sin necesidad demasiada comunicación con alguna de ellas que te atrae, entonces lo más obvio es que tarde o temprano serás tentado a decirle algo, a hablar con doble sentido o a proponerle cosas. Tu problema no era que no pudieras decir que NO cuando alguna de ellas te dio un sí, sino que tu problema fue que provocaste el hecho y te fue muy difícil negarte cuando desde un principio lo provocaste.
Otro ejemplo: Si tu debilidad es el sexo y de pronto mantienes conversaciones con doble sentido con otras personas, y de broma en broma llegan a un común acuerdo para verse y pecar, lo más obvio es que a la hora de decir que NO o de negarte a ti mismo, no podrás; no porque no tengas la capacidad, sino porque provocaste todo de tal manera que te fue aún más difícil decir que NO.
Otro ejemplo: Si tu debilidad es tu carácter porque sueles reaccionar de forma inadecuada, entonces lo que tienes que hacer es callar y pensar antes de reaccionar. Pero si reaccionas cuando ni siquiera han terminado de explicarte, entonces es obvio que dirás cosas orientado por el enojo del momento, aunque después con cabeza fría te sientas mal por lo que dijiste, que bien lo hubieras podido evitar pero que no lo hiciste porque sólo accionaste y no callaste ni pensaste.
Otro ejemplo: Si tu debilidad son los celos desmedidos y sin fundamento, tu problema no es que suelas actuar de forma inadecuada contra esa persona que dices amar. Tu problema es que antes no has confiado y te sientes inseguro de esa persona que te ha dicho que te ama. Tu problema no es que mal interpretaras las cosas o que leyeras algo que no te gustó o vieras algo que no te terminó de parecer bien, sino que tu problema es la falta de seguridad en ti mismo sobre el amor que la otra persona te dice tener.
Pudiera citar muchos más ejemplos, pero mi intención es nada más hacerte ver que el problema no radica en la ultima decisión del SÍ o el NO. No radica en la decisión de hacer o no hacer, sino en lo que antecede a esa decisión.
El problema de Eva en el Jardín del Edén no fue que decidió comer del fruto que Dios le había prohibido comer; su problema fue que escuchó a la serpiente decirle mentiras y le creyó. Si ella no hubiese prestado atención a la serpiente seguramente no se hubiera sentido tentada a tomar y comer del fruto que les habían prohibido.
¿Entonces qué debemos hacer? Cada uno de nosotros nos conocemos muy bien, sabemos qué cosas nos hacen débiles, sabemos qué cosas pueden provocar que caigamos o qué cosas hacen que seamos más sensibles a accionar, y por ello como dice la Palabra: “…ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado.” Romanos 12:3 (Nueva Traducción Viviente).
A veces creemos que esta vez seremos fuertes para no caer y estamos jugando con fuego, creyendo que “ya lo superamos” o que “lo vamos a superar”; pero Dios no necesita que le demuestres que puede superarlo enfrentándote a esa tentación. Al contrario; su Palabra nos motiva a huir de la tentación: “Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio.” 2 Timoteo 2:22 (Nueva Versión Internacional).
Tu problema no es que no puedas decir que NO a la tentación, tu problema son las cosas que te están provocando el hecho de decidirte por el  SÍ o el NO hacia esa tentación.
Reflexiona bien sobre qué cosas haces, cómo actúas, qué es lo que estás provocando, cómo comienza todo y EVITA LO QUE ANTECEDE a ese pecado. No en tu decisión del SÍ o el NO, sino en todo lo que sucede antes de llegar a esa decisión, pues así te ahorrarás mucha frustración y Dios estará muy contento de ver tu deseo de ser fiel a Él.
El verdadero problema está en todo lo que sucede antes de llegar a la decisión del SÍ y el NO, y si puedes evitarlo considérate un vencedor en ese área de tu vida que tanto dolor de cabeza y frustraciones te ha causado.
Oremos como el Salmista:

“SEÑOR, enséñame el camino de tus mandatos,

y yo lo seguiré hasta el fin.

Dame entendimiento para obedecer tus enseñanzas,

y de todo corazón yo las cumpliré.

Guíame por el camino de tus mandamientos,

porque en él me encuentro a gusto.

Pon en mí el deseo de cumplir con tus requisitos

y no el de satisfacer mis deseos egoístas.”

Salmos 119:33-36 (Palabra de Dios para Todos)

¡SI ERES SINCERO Y DETECTAS EL VERDADERO PROBLEMA, ENTONCES: VE Y ACTÚA!


Incontenible amor - En espíritu y en verdad - vídeo



                                                                                                                                             En la oscuridad

                                                                                                   Brillas en majestad

En tus manos está

El tiempo y la eternidad
Incontenible es tu amor



Tú eres quien nos salvó
Quien nos resucitó
Y tú nos guiarás

Con tu gracia y tu bondad

Yo sé que bueno eres Tú





Fuerte más que la muerte es tu amor
Tú eres autor de eterna salvación


Tu amor es tan grande


Es fuego que consume
Y no hay nada que nos pueda separar


En mi debilidad Tú permaneces fiel

Tú eres desde el principio y Tú eres en el final

Quien es, quien fue y quien vendrá

Fuerte más que la muerte es tu amor
Tú eres autor de eterna salvación

Tu amor es tan grande
Es fuego que consume
Y no hay nada que nos pueda separar


Tu amor es suficiente
Y tu perdón infinito
Jesús, Jesús incontenible es tu amor


Tu amor es suficiente

Y tu perdón infinito
Jesús, Jesús incontenible es tu amor


Jesús, Jesús incontenible es tu amor



martes, 25 de septiembre de 2012

No Hay Nada - Reflexiones

En la mesa de la cocina tenemos un recipiente de metal donde ponemos todas esas cosas que no parecen que vayan a estar en ningún otro lugar.
¿Tienes un lugar así en tu casa? Puede ser una repisa o un cajón. Es el lugar donde pones todas esas pertenencias que no tienen un sitio.  Es ahí donde terminan. Allí hay un cordón de zapatos y una llave que no tienes idea de dónde salió y quizás un pegamento de goma y un cartucho de dinamita o algo, no sé.
Bueno, sea como sea, hace unos días mi esposa Kristen y yo estábamos limpiando la cocina. Estábamos recogiendo cosas y vi una pequeña bola blanca en el recipiente de metal. Y estoy impresionado porque nunca antes la había visto. Me volví para ver a Kristen y le dije algo así como:
-¡Ey!, ¿de dónde salió esta bola blanca? ¿De dónde la sacaste?
Ella me dijo: No tengo la menor idea. Nunca antes la había visto.
Nuestros hijos estaban allí, así que les dije: ¡Ey, niños!, ¿de dónde sacaron esta pelota? No la habíamos visto antes.
Y uno de mis hijos, el más joven dijo:  Bueno, no sé, nunca la había visto. Y mi hijo mayor dijo: Qué extraño. No sé. No sé de dónde viene. 
-¿No sabes de dónde salió? Él siguió con ese mismo tono de voz y dijo algo así como: qué extraño.
-O sea que esta pequeña bola blanca apareció de la nada, ¡quién sabe de dónde viene!.
Y Kristen y yo nos miramos con esa mirada... diciendo: ¿Sabes quién es este chico? Es decir, por un instante parecía como si fuera otro niño y siguió adelante con aquellos extraños gestos. Como si hubiera sido poseído por el espíritu de Urkel o algo así. Y por un momento breve, dijo:  ¡No sé, no sé de dónde salió! Es sólo una pequeña bola blanca. 
Kristen y yo nos miramos como si no fuera gran cosa. Sin darle importancia.
Un par de días después mi esposa estaba en casa con los niños y ella estaba en un cuarto y ellos estaban jugando en otro. Ella escuchó un alboroto, y los dos niños corrieron al cuarto donde ella estaba y el menor, llorando, insistía en que su hermano le golpeó; el mayor decía: no le golpee. No sé de qué hablas. Es extraño. Es extrañísimo. Yo no le golpeé. Y seguía así, y el menor al que se le caían las lágrimas seguía: No, ¡él me golpeó!. Y el mayor:  No, no sé de qué hablas, es extraño. Es extrañísimo.
Y luego Kristen sólo le dijo: ¿Cómo es que no sabías de dónde venia la bola?  Él se quedó helado.
La palabra técnicamente correcta aquí es sorprendido.
¿Sabes ese momento en el que tu basura te alcanza? Quizás no ese mismo día, quizás no el siguiente, quizás no en un tiempo, pero dale un poco más de tiempo, que siempre nos encuentra. Como esta gran frase:  Dónde vayas, allí estarás.  Está escrita en la Biblia, en el libro a los Gálatas.  No te dejes engañar. Nadie se burla de Dios. Cosecharemos lo que plantamos.
De una forma u otra, si les damos tiempo, nuestros pecados nos hallarán. Siempre nos alcanzan, ¿no?
Así que mi hijo estaba ahí parado enfrente de su madre, helado. Y después se volvió y subió las escaleras corriendo. Porque a veces es más fácil correr para arriba que afrontar la verdad.
En todo ese tiempo no estuve allí. Voy camino a casa, llamo a Kristen y ella me cuenta la historia completa. Y mientras conduzco a casa voy pensando, ¿Qué se supone que tengo que hacer cuando llegue a casa?  Quiero decir, sé que tengo que hacer algo, pero no tengo ni idea de qué hacer.
Así que llego a casa y Kristen me dice que no le ha oído para nada desde que subió corriendo.
Así que subo y echo una ojeada a su cuarto y no está allí, voy a ver el cuarto de su hermano y no está allí. Y luego reviso el baño y tampoco está allí, lo que deja sólo una opción, nuestro cuarto. Así que voy a nuestro cuarto, me paro en el umbral y miro, y allí, en medio de nuestra cama, bajo la manta hay un bulto del tamaño y la forma de mi hijo.
¡Había estado allí abajo como dos horas!  Debía estar sintiendo mucho calor, ¡debía sentirse muy infeliz! ¿Podría al menos respirar allí abajo? Sentía que debía darle un golpecito o algo así. Tenía que estar sintiéndose muy mal.
Y empecé a imaginarme todo lo que tendría que enmendar con su mamá, con su hermano y conmigo. Y luego pensé en la persona a la que le quitó la bola, tendríamos que llamarle y en algún momento ir allá.  Él tendría que devolver la bola y pedir disculpas.
Seguía parado en el umbral de nuestro cuarto y pensaba en mi hijo y en toda la vergüenza que tenía. Esa vergüenza que le hacía esconderse bajo las mantas durante tanto rato.
Así que me acerqué, me senté en el borde de la cama y lo descubro un poco, y lo primero que veo es su cabello empapado, como si hubiera estado debajo del agua. Y entonces le sigo descubriendo lentamente hasta verle echado ahí, acurrucado, con los ojos cerrados y que no se mueve.
Es como si tuviera estas dos opciones: ¿sigo así? ¿tomo las mantas, me las pongo encima y sigo escondiéndome?, ¿o simplemente salgo de ahí, completamente expuesto y vulnerable?
Así que sentado al borde de la cama, le digo:
Nada de lo que puedas hacer me hará amarte menos, nunca.
Y entonces, lentamente, se sienta y abre sus ojos y pone su cabeza empapada justo en medio de mi camisa seca, y me envuelve con esos pequeños brazos mojados y empieza a sollozar y llora, y llora y llora y lo siente tanto.
Y estoy sentado en el borde de la cama sujetando a mi hijo, ya sin las mantas, repitiendo:  Nunca nada de lo que puedas hacer me hará amarte menos. Nada.
¿Se dan cuenta? ¿Saben de qué hablo? Nada de lo que puedas hacer hará que te quiera menos.
Quiero decir, lo que hayas hecho, dónde hayas estado, lo que vayas a hacer, ¡nada!. Dios te ama. Dios siempre te ha amado y eso no lo puedes cambiar.
Porque a veces la bola blanca parece ser todo, ¿no?  Es como si dijéramos, ¿cómo voy a escaparme de ella?  Y no tenemos ni idea de qué hacer con nuestra vergüenza. Así que corremos arriba y nos escondemos, bajamos las mantas y seguimos escondiéndonos porque no sabemos dónde ir o qué hacer.
Quizás digas algo así como: ¡Sí, pero no entiendes lo que he hecho!  O esto: ¡Si supieras...!
No, como dice en el libro a los Romanos capítulo 8, vers. 38-39, en la Biblia:  No hay nada que pueda separarnos del amor de Dios en Jesús. Nada ¡Nada! ¡Nada te puede separar!.
Así que deja de esconderte. Deja que Dios te descubra. Acéptalo. Que tu vida se vuelva una respuesta a esta verdad: siempre te han amado, te aman y siempre te amarán. Y tienes que saber desde el fondo de tu alma que no hay nada que puedas hacer que haga que Él te ame menos, NUNCA.
Nunca nada hará que Dios te ame menos.
Nada. Nada.
Rob Bell