miércoles, 26 de septiembre de 2012

El verdadero problema con la tentación - Reflexiones

A veces creemos que somos incapaces de decir NO al pecado constante o que tenemos un enorme problema para decir NO en el momento preciso.
¿Les ha pasado que a veces terminan diciendo SÍ a lo que con cabeza fría hubieran dicho NO? Y es que es obvio que cuando comenzamos a permitir que la tentación se apodere de nuestra atención lo más fácil siempre es decir SÍ, aunque realmente quisiéramos decir NO.
El verdadero problema no radica en tu decisión de decir SÍ o en tu decisión de decir NO; el verdadero problema radica en lo que antecede a tu decisión del SÍ o el NO.
Por ejemplo: Si una de  tus debilidades es la pornografía y te pasas mucho tiempo sin hacer nada productivo en el ordenador o en cualquier otro dispositivo con acceso a internet, y estás solo sin personas que te interrumpan, es obvio que tarde o temprano serás tentado a ver esas imágenes o vídeos que en un principio no quisieras ver. Tu problema no era que cuando te dieron ganas de ver esas imágenes o vídeo no pudiste decir NO; tu problema fue que dedicaste mucho tiempo innecesario a estar en ese dispositivo con acceso a internet.
Otro ejemplo: Si tu debilidad son las mujeres y mantienes sin necesidad demasiada comunicación con alguna de ellas que te atrae, entonces lo más obvio es que tarde o temprano serás tentado a decirle algo, a hablar con doble sentido o a proponerle cosas. Tu problema no era que no pudieras decir que NO cuando alguna de ellas te dio un sí, sino que tu problema fue que provocaste el hecho y te fue muy difícil negarte cuando desde un principio lo provocaste.
Otro ejemplo: Si tu debilidad es el sexo y de pronto mantienes conversaciones con doble sentido con otras personas, y de broma en broma llegan a un común acuerdo para verse y pecar, lo más obvio es que a la hora de decir que NO o de negarte a ti mismo, no podrás; no porque no tengas la capacidad, sino porque provocaste todo de tal manera que te fue aún más difícil decir que NO.
Otro ejemplo: Si tu debilidad es tu carácter porque sueles reaccionar de forma inadecuada, entonces lo que tienes que hacer es callar y pensar antes de reaccionar. Pero si reaccionas cuando ni siquiera han terminado de explicarte, entonces es obvio que dirás cosas orientado por el enojo del momento, aunque después con cabeza fría te sientas mal por lo que dijiste, que bien lo hubieras podido evitar pero que no lo hiciste porque sólo accionaste y no callaste ni pensaste.
Otro ejemplo: Si tu debilidad son los celos desmedidos y sin fundamento, tu problema no es que suelas actuar de forma inadecuada contra esa persona que dices amar. Tu problema es que antes no has confiado y te sientes inseguro de esa persona que te ha dicho que te ama. Tu problema no es que mal interpretaras las cosas o que leyeras algo que no te gustó o vieras algo que no te terminó de parecer bien, sino que tu problema es la falta de seguridad en ti mismo sobre el amor que la otra persona te dice tener.
Pudiera citar muchos más ejemplos, pero mi intención es nada más hacerte ver que el problema no radica en la ultima decisión del SÍ o el NO. No radica en la decisión de hacer o no hacer, sino en lo que antecede a esa decisión.
El problema de Eva en el Jardín del Edén no fue que decidió comer del fruto que Dios le había prohibido comer; su problema fue que escuchó a la serpiente decirle mentiras y le creyó. Si ella no hubiese prestado atención a la serpiente seguramente no se hubiera sentido tentada a tomar y comer del fruto que les habían prohibido.
¿Entonces qué debemos hacer? Cada uno de nosotros nos conocemos muy bien, sabemos qué cosas nos hacen débiles, sabemos qué cosas pueden provocar que caigamos o qué cosas hacen que seamos más sensibles a accionar, y por ello como dice la Palabra: “…ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado.” Romanos 12:3 (Nueva Traducción Viviente).
A veces creemos que esta vez seremos fuertes para no caer y estamos jugando con fuego, creyendo que “ya lo superamos” o que “lo vamos a superar”; pero Dios no necesita que le demuestres que puede superarlo enfrentándote a esa tentación. Al contrario; su Palabra nos motiva a huir de la tentación: “Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio.” 2 Timoteo 2:22 (Nueva Versión Internacional).
Tu problema no es que no puedas decir que NO a la tentación, tu problema son las cosas que te están provocando el hecho de decidirte por el  SÍ o el NO hacia esa tentación.
Reflexiona bien sobre qué cosas haces, cómo actúas, qué es lo que estás provocando, cómo comienza todo y EVITA LO QUE ANTECEDE a ese pecado. No en tu decisión del SÍ o el NO, sino en todo lo que sucede antes de llegar a esa decisión, pues así te ahorrarás mucha frustración y Dios estará muy contento de ver tu deseo de ser fiel a Él.
El verdadero problema está en todo lo que sucede antes de llegar a la decisión del SÍ y el NO, y si puedes evitarlo considérate un vencedor en ese área de tu vida que tanto dolor de cabeza y frustraciones te ha causado.
Oremos como el Salmista:

“SEÑOR, enséñame el camino de tus mandatos,

y yo lo seguiré hasta el fin.

Dame entendimiento para obedecer tus enseñanzas,

y de todo corazón yo las cumpliré.

Guíame por el camino de tus mandamientos,

porque en él me encuentro a gusto.

Pon en mí el deseo de cumplir con tus requisitos

y no el de satisfacer mis deseos egoístas.”

Salmos 119:33-36 (Palabra de Dios para Todos)

¡SI ERES SINCERO Y DETECTAS EL VERDADERO PROBLEMA, ENTONCES: VE Y ACTÚA!


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