La sociedad suele estimar a las personas más por lo que hacen o tienen y no tanto por lo que son. Así se reconoce a los grandes científicos, empresarios, políticos y artistas. Se les da un cierto estatus gracias a sus logros, poder, dinero, influencia, entre otras cosas, y nosotros, a veces también caemos en el error de determinar nuestro valor a través de dichas cosas. Así mismo puede ser por un buen trabajo, casa, coche o títulos que poseamos.
En la vida podremos lograr muchas cosas, reconocimientos, premios, ser conocidos mundialmente, pero ¿qué le interesa a Dios? ¿Qué es lo más importante? Tu vida es más valiosa que todo lo que puedas tener. A Él le interesa en dónde está nuestro corazón, quiénes somos, cuáles son nuestras motivaciones, que es lo que la gente no puede ver de nosotros y solo Él conoce y valora.
Dios escogió a David porque valoró quien era, no por lo que su propia familia pudiera decir. Él conocía su corazón. En el libro 1 Samuel 16-7 vemos como Dios le dice a Samuel que no se dejara engañar por la apariencia o estatura, porque eso era en lo que la gente se fijaba. Dios le dijo: “yo me fijo en el corazón”. Pablo, antes de conocer a Jesús, era muy importante para la sociedad de aquella época, era intachable y... fariseo. Sin embargo, después de haber tenido un encuentro con Jesús, supo que lo más importante en su vida sería conocerlo a Él y no tanto lo que otros pudieran decir. Su valor no estaba en su gran historial sino en conocer a Cristo.
Dios escogió a David porque valoró quien era, no por lo que su propia familia pudiera decir. Él conocía su corazón. En el libro 1 Samuel 16-7 vemos como Dios le dice a Samuel que no se dejara engañar por la apariencia o estatura, porque eso era en lo que la gente se fijaba. Dios le dijo: “yo me fijo en el corazón”. Pablo, antes de conocer a Jesús, era muy importante para la sociedad de aquella época, era intachable y... fariseo. Sin embargo, después de haber tenido un encuentro con Jesús, supo que lo más importante en su vida sería conocerlo a Él y no tanto lo que otros pudieran decir. Su valor no estaba en su gran historial sino en conocer a Cristo.
A Dios le interesa quiénes somos, nuestro corazón y en donde está. Él nos ha elegido para sus propósitos eternos. Aunque la sociedad quiera definirnos por lo que hacemos o por nuestros logros, Dios nos define por quiénes somos en Él.
No es nuestra sabiduría, valentía o riqueza lo más importante. Nuestro valor está en Cristo.
El Señor dice: «Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio, ni el poderoso de su poder ni el rico de su riqueza. Si alguien se quiere enorgullecer, que se enorgullezca de conocerme, de saber que yo soy el Señor, que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud, pues eso es lo que a mí me agrada. Yo, el Señor, lo afirmo.
Jeremías 9:23-25 Versión Dios Habla Hoy
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