Imagina un mundo sin viento. Lagos calmados, hojas caídas que no vuelan... ¿Esperaría alguien que un árbol cayera de repente? Sin embargo, esto fue lo que sucedió sobre una gran cúpula construida en el desierto. Los árboles dentro de esa burbuja sin viento, llamada biosfera 2, crecían más rápido de lo normal, hasta que, repentinamente, colapsaban por su propio peso. Los investigadores explicaron la razón fallida: esos árboles necesitaban la presión del viento para crecer fuertes.

Si el viento no hubiese soplado, jamás habrían
preguntado: «¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?» (Marcos
4:41).
Vivir en una burbuja puede parecer bueno, pero
¿sería firme nuestra fe si no aprendiéramos a superar las circunstancias
tormentosas?
Señor,
ayúdame a recordar tu propósito en las dificultades.
Dios no duerme nunca.
Dios no duerme nunca.
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