Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Mateo 5;14
Hace poco, fui a la tienda de una costurera para que
me reparara algunas prendas de vestir. Cuando entré, me animó ver algunas cosas
colgadas en la pared. Un cartel decía: «Nosotros podemos reparar ropa, pero solo
Dios puede reparar tu corazón». Cerca, había un cuadro de María Magdalena
llorando angustiada cuando el Cristo resucitado estaba por revelársele. Otro
cartel preguntaba: «¿Necesita oración? Oraremos por usted».La dueña me dijo que tenía la tienda desde hacía quince años. «Estamos sorprendidos de cómo el Señor ha obrado mediante estas expresiones de fe que hemos colocado. Hace un tiempo, una persona aceptó a Cristo aquí mismo. Nos maravilla ver obrar a Dios». Le dije que yo también era creyente y la felicité por hablarles de Cristo a otros en su lugar de trabajo.
No todos podemos hablar abiertamente de Cristo donde
trabajamos, pero sí podemos encontrar formas creativas y prácticas de mostrar a
otros amor, paciencia y bondad inesperados. Desde que salí de esa tienda, he
estado pensado en diversas maneras de poner en práctica la declaración del
Señor: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mateo 5:14).
Señor, ayúdame a descubrir maneras prácticas de reflejar tu luz en mi vida para alumbrar espiritualmente los lugares que frecuento.
Dios derrama
su amor en nuestro corazón para que fluya hacia los demás.
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