domingo, 3 de julio de 2016

Instrumentos de honra

Resulta alarmante el poco cuidado que prestamos a los diferentes miembros de nuestro cuerpo, aunque sabemos que cada uno de ellos tiene valor para el organismo humano.
Por descuido nos clavamos un clavo o nos golpeamos el dedo, y qué decir de los que usan mal la sierra y pierden algunos dedos de su mano, o de aquellos que constantemente se meten en peligros, en los que ponen en riesgo su integridad física.
Lo cierto es que cada ser humano conoce la importancia de cada miembro de su cuerpo. Y nadie se corta la nariz por no poder distinguir un olor, o se corta la oreja por no oír, o se arranca una pierna porque le duele al caminar. Hacerlo sería causa más que suficiente para considerarlo un loco digno de atar.
Estudiémoslos. Nuestros miembros pueden tener dos tipos de uso, para bien o para mal. Usarlos para mal significa ponerlos en manos del pecado, para ser usados como instrumentos útiles a la maldad y a la iniquidad. Usarlos para bien representa entregarlos a Dios como instrumentos de su justicia. Ellos no pueden elegir, somos nosotros los que con nuestras actitudes los podemos convertir en herramientas que den honra a Dios, o que sencillamente nos pongan en el bando de sus enemigos.
¿Has pensado en el uso que tú los estás dando? Que tus ojos se deleiten en lo recto; que tus oídos oigan lo bueno; que tu lengua sea para bendecir; tus manos para ayudar, y que todos tus miembros sirvan para hacer el bien.
“…Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo…” 1 Tesalonicenses 5:23
Que el uso que das a tu vida sea como una dulce sinfonía que acaricia los oídos de Dios. Medita en eso todo el tiempo de tu peregrinar en esta tierra.

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