viernes, 16 de octubre de 2015

Cultura y religión

“Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8)

La respuesta a esta pregunta de Jesús, la podemos encontrar en lo que sigue. En diciembre de 1976, el escritor estadounidense de origen judío, Saúl Bellow, pronunciaba una conferencia en la Academia Sueca, tras ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura. El cronista que cuenta el hecho lo narra así: “Bellow se encaró con el tema "El escritor y la sociedad", y como un profeta bíblico acusó: "Los escritores actuales estamos traicionando a la humanidad, el novelista moderno se ha apartado de lo fundamental, de lo esencial, de lo perdurable en las turbulencias del siglo XX. Durante casi un siglo, la literatura ha estado usando las mismas ideas, mitos, estrategias. Ensayo tras ensayo, libro tras libro, nos va ofreciendo los mismos pensamientos de Baudelaire, Nietzsche, Marx, o Freud que ya apenas nos representan. Son como viejos monstruos de un museo paleontológico. La lucha del escritor tendría que ser mostrar unas inmensas ansias comunes de definir más completa, coherente y claramente, lo que es el ser humano, quiénes somos y para qué es la vida”.

Hoy, las obras de muchos escritores famosos alcanzan ediciones que pueden llegar al millón de ejemplares. Traducidas a las principales lenguas modernas, se leen en muchas partes del mundo y ejercen un impacto cultural lento pero profundo en la sociedad. Muchos de ellos se declaran ateos dogmatizantes o, en el mejor de los casos, agnósticos e independientes sin dogmatizar, pero todos han marcado o influido ideológicamente a nuestros contemporáneos.

Ser ateo no significa ser ni más sabio ni más inteligente. Mario Vargas Llosa, escritor peruano afincado en España, confesó: “La cultura no ha podido reemplazar a la religión porque en nuestro tiempo, la cultura ha dejado de dar una respuesta coherente, seria y profunda, a las grandes preguntas del ser humano sobre la vida, la muerte, el destino y la historia. Por más que ciertos brillantísimos intelectuales traten de convencernos de que el ateísmo es la única consecuencia lógica y racional del conocimiento, el ser humano común y corriente seguirá encontrando en la fe la esperanza de una supervivencia más allá de la muerte, a la que nunca ha podido renunciar. La religión no solo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática”. 

La fe sigue siendo necesaria hoy.


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