domingo, 25 de octubre de 2015

Mantente centrado en los planes de Dios

“…EXTENDIÉNDOME A LO QUE ESTÁ DELANTE, PROSIGO A LA META…” (Filipenses 3:13B)
El hombre más pobre del mundo no es el que no tiene dinero sino el que no tiene una visión para su vida. Pero una visión precisa, enfocada, porque cuando pretendes hacer muchas cosas a la vez, te vuelves mediocre en todo y no destacas en nada. 

El fracaso siempre resulta por decir “sí” a demasiadas cosas. Que algo sea bueno, no significa que sea lo correcto para ti. Cuando tu “plato” está lleno de las cosas que Dios te ha dado para hacer, aprende a decir “no” al resto. “No” te libera de las expectativas de otras personas y la necesidad de su aprobación. “No” no significa nunca, solo “ahora no”. Si tratas de luchar en todos los frentes, te desgastarás y no vencerás en las “batallas” importantes. Y pelear una batalla por nada es como apagar el fuego en una choza; a no ser que alguien esté en peligro, probablemente la lucha no merezca la pena. 

Conserva, pues, tus fuerzas para cuando se trate de tu casa o de algo realmente importante.

Siempre pierdes cuando luchas:
(a) la batalla equivocada.
(b) en el momento inapropiado.
(c) cuando no deberías estar involucrado.
(d) porque necesitas ganar para sentirte bien contigo mismo.
(e) aunque ya hayas perdido y tu orgullo no te permita reconocerlo.

Mantente concentrado en tus objetivos y mantén tus ojos fijados en el premio que Dios tiene para ti. Si el enemigo no te puede vencer, te distraerá con asuntos secundarios o te inhabilitará haciendo que tomes malas decisiones. De cualquier modo, él gana y tú pierdes.


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