viernes, 7 de agosto de 2015

El verbo de vida

La vida y la palabra de Dios son una y la misma esencia. En cambio, las palabras que pronunciamos nosotros son palabras recibidas de otros.
Lectura Bíblica Juan 1:1-14
Meditemos, por un instante, en el significado de la palabra "verbo" (que significa palabra por sí misma) o "logos", según el griego. Es por medio de palabras como logramos situarnos en la vida para la cual fuimos creados. Somos seres llamados a tener comunión con nuestros semejantes y con el Creador. Las palabras nos ofrecen la oportunidad de darnos a conocer y de que otros nos conozcan, de manera que se rompa la ordenación que impone el pecado. Las palabras son el puente por el cual conseguimos acortar la distancia que nos separa a unos de otros.
Sí, pero, ¡cuanto más poder existe, éste procede de la palabra que sale de la boca de Dios! No es como ninguna otra palabra pronunciada en el universo, pues ella procede de la fuente misma de la vida. Por esto, la vida y su Palabra son una y la misma esencia. En cambio, las palabras que pronunciamos nosotros son palabras recibidas de otros. Sus palabras engendran vida porque Él mismo "sostiene todas las cosas con la palabra de su poder" (Hebreos 1.3).
Esta palabra reprende, corrige, limpia, purifica, y orienta, pues es viva y eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos.
Esta palabra es indispensable, pues la vida misma está contenida en ella. Sin ella los hombres estamos condenados a transitar por este mundo sin destino alguno, llevados y seducidos por todas las palabras que no son más que una pobre imitación de esta santa palabra. Esta palabra reprende, corrige, limpia, purifica, y orienta, pues es viva y eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos: penetra hasta dividir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4.12).
En el comienzo de la aventura de caminar con Jesús nos resulta provechoso, entonces, adoptar, como si fuese nuestra, la afirmación de Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6.68). Que Dios, en su bondad, nos conceda ir más allá de las palabras para arribar a los pies de la Palabra. ¡En Él está la vida que tan desesperadamente anhelamos! 
Señor, crea en nosotros hambre y sed por la palabra que vivifica.

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