Ese preciso momento en el que después de mucha duda y poca fe, Pedro se hundía, es una escena en la que podemos ver que él al sentir hundirse, por su mente quizá pasaba lo peor, pero Jesús estaba ahí, extendió su mano y lo sacó del agua, lo llevó a la barca y calmó el viento. Solo en un instante cambió el panorama, y los momentos de angustia de Pedro los transformó en calma y seguridad.
Con diversa frecuencia, nosotros nos encontramos como Pedro, sabemos de Dios y las cosas que puede hacer, pero nuestras situaciones, problemas o necesidades nos hacen dudar y sentir que nos hundimos. A veces las cosas que pasamos son tan fuertes que sentimos que nos hundimos, que no podemos controlar la situación, que el mar de problemas va a ahogarnos, pero olvidamos que Dios está ahí a nuestro lado, listo para socorrernos.
¿Hasta dónde has sentido que los problemas te han llevado a creer que te ahogas, que te hundes y que necesitas urgentemente la ayuda de Dios?,... pero piensa que Dios también espera que recapacitemos y que nunca olvidemos que Él está siempre ahí, que reaccionemos con fe a todas las dificultades por fuertes que sean.
Quizá, en la historia de Pedro, solo recordamos o pensamos en cómo se hundía por dudar, pero es importante y bueno recordar lo que también sucedió aquel día; Dios le demostró que no lo había dejado solo y lo sacó del peligro de ahogarse, le extendió su mano y lo aseguró en la barca. Quizás otra persona hubiera dejado hundir a Pedro por dudar, o por ofenderlo por tener tan bajo nivel de fe, pero el corazón de Dios está lleno de misericordia y amor.
Pedro sintió miedo, angustia, desesperación al verse ahí en medio del mar y sintiendo como se hundía por su falta de fe, algo muy parecido a cuando nos encontramos en problemas, pero Jesús estaba ahí, con todo bajo control, esperando solo que creyera, como lo hace siempre con nosotros. Recuerda solo, que Pedro por más que sintió hundirse, y aun a pesar de sus dudas, no se ahogó.
Con diversa frecuencia, nosotros nos encontramos como Pedro, sabemos de Dios y las cosas que puede hacer, pero nuestras situaciones, problemas o necesidades nos hacen dudar y sentir que nos hundimos. A veces las cosas que pasamos son tan fuertes que sentimos que nos hundimos, que no podemos controlar la situación, que el mar de problemas va a ahogarnos, pero olvidamos que Dios está ahí a nuestro lado, listo para socorrernos.
¿Hasta dónde has sentido que los problemas te han llevado a creer que te ahogas, que te hundes y que necesitas urgentemente la ayuda de Dios?,... pero piensa que Dios también espera que recapacitemos y que nunca olvidemos que Él está siempre ahí, que reaccionemos con fe a todas las dificultades por fuertes que sean.
Quizá, en la historia de Pedro, solo recordamos o pensamos en cómo se hundía por dudar, pero es importante y bueno recordar lo que también sucedió aquel día; Dios le demostró que no lo había dejado solo y lo sacó del peligro de ahogarse, le extendió su mano y lo aseguró en la barca. Quizás otra persona hubiera dejado hundir a Pedro por dudar, o por ofenderlo por tener tan bajo nivel de fe, pero el corazón de Dios está lleno de misericordia y amor.
Pedro sintió miedo, angustia, desesperación al verse ahí en medio del mar y sintiendo como se hundía por su falta de fe, algo muy parecido a cuando nos encontramos en problemas, pero Jesús estaba ahí, con todo bajo control, esperando solo que creyera, como lo hace siempre con nosotros. Recuerda solo, que Pedro por más que sintió hundirse, y aun a pesar de sus dudas, no se ahogó.
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