jueves, 14 de mayo de 2015

Dios Nunca Deja Su Obra Inconclusa

¿Deja un artista su obra inconclusa? ¿Acaso traza sus líneas sin saber lo que va a hacer? ¿Desconoce el fin de lo que realiza? Dios conoce lo que va a hacer aunque nosotros, que somos la obra de nuestro Creador, desconozcamos muchos de sus planes y propósitos. Dios nunca termina de trabajar en nuestras vidas, siempre tiene nuevos retoques y matices que perfeccionan lo que somos.
Tantas veces hemos estado tan perturbados y confundidos ante el dolor y la injusticia, que exclamamos como Job:“¡Ya estoy harto de esta vida!”. Y como él, damos rienda suelta a nuestra queja y desahogamos la amargura de nuestras almas. Pero pensemos en la falta de explicación de la forma en que Dios opera en nuestras vidas; tanto que creemos ante la prueba, que Dios no la terminará y no cumplirá aquello que nos ha prometido. Entonces, nos agitamos y echamos a perder nuestra vasija, agrietándola. Y Dios, con su paciencia y amor, tiene que rompernos y volver a comenzar el proceso.
En la oscuridad del alma se nos hace difícil recordar las palabras que Dios nos dijo cuando todo era brillante. Sin querer, no nos percatarnos, minimizamos su Omnipotencia. En las noches oscuras y largas, cuando todo a nuestro alrededor es caos y desorden, pensamos que las sombras siembre se quedarán. Buscamos explicaciones, algo que justifique el por qué de lo que estamos viviendo. Y al no encontrar respuestas en nuestras mentes, creemos que estamos siendo castigados o lo que es peor, que hemos sido olvidados por nuestro Creador.
Parece que se nos olvida que una persona como Job, aunque las pasó muy difíciles, tuvo su momento de restitución. Se nos olvida que llegó el día en que todo lo que el enemigo le arrebató, Dios se lo devolvió con intereses. Job fue bendecido mucho más de lo que había sido anteriormente. Se nos olvida que después del llanto, vienen las sonrisas; que tras la noche vuelve a salir el día; que tras el lamento, viene el baile y el gozo. Se nos olvida que llega el momento en que la obra es desvelada, y es expuesta su belleza ante todo el público o audiencia; que cuando esa obra aguanta y resiste todo lo que el gran Artista quiere hacer en ella, se convierte en una obra bella, especial, grandiosa. Todos, sorprendidos, admiran lo que ella es una vez finalizada. Todos desconocen el proceso al que fue expuesta, pero reconocen y admiran el resultado.
Por eso, por inaguantable que sea tu dolor, por fuerte que sea la herida, debes recordar que Dios no ha acabado contigo. Que Él te levantará, que te infundirá vigor y gracia. Él nunca se olvida de nosotros, porque su amor es incondicional y profundo. Aguarda tu momento con paciencia y perseverancia, y mientras esperas, ¡no te rindas! ¡Sigue luchando, sigue creyendo!
Job no lograba entender cómo, de la noche a la mañana, a su vida había llegado tanta catástrofe; pero su amor hacia Dios siempre fue sincero. Pasó por el valle de las sombras y de la muerte, pero mientras lo atravesaba Dios iba justo a su lado, jamás lo abandonó. Lo ayudó a atravesar el túnel de la desesperación y de la oscuridad. Y lo recompensó, lo auxilió, y en sus momentos más desesperantes, le dio fuerzas para resistir el dolor tan grande que experimentaba. Lo ayudó a descubrir que había un propósito superior para él, y a poder conocerlo más íntimamente, porque esas experiencias que marcaron a Job lo hicieron madurar profundamente, le hicieron crecer espiritualmente y darse cuenta de que aunque él había amado y servido a Dios, tras su experiencia sus ojos habían podido percibir su grandeza y su boca testificar Sus proezas. Job aprendió a no depender de lo que estaba enfrente de sus ojos, sino a confiar en Él, aunque no tuviera la más mínima idea de lo que estaba sucediendo a su alrededor, porque sabía que Dios nunca lo desampararía.

Por eso, herman@ querid@, respira profundo. Aspira la paz que Cristo quiere infundir sobre tu vida. Es una paz que sobrepasa todo entendimiento y que sobresale por encima de la tempestad. Es un amor que excede y se sobrepone a todo. Ahora, tranquilamente, abre tus brazos y deja que Él te inunde con su amor.

Permanece quieto y confiado porque Dios nunca deja su obra inconclusa.

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