jueves, 28 de mayo de 2015

Cumpliendo Nuestra Labor

Desde que somos concebidos en el vientre de nuestra madre, entramos en un proceso de desarrollo y crecimiento constante, y cada etapa es de vital importancia para nuestra vida y bienestar. En ningún momento esas etapas pueden alterarse, pues además de inviable, traería riesgos y consecuencias graves para nosotros. Por algo duramos nueve meses  de gestación, y después, al llegar al mundo, vamos creciendo lentamente, gateamos, luego caminamos... hasta que llegamos a correr y tener estabilidad.
por la gracia de Dios
En el área espiritual pasa exactamente lo mismo, alguien siembra una semilla en nuestro corazón, la cual va creciendo y desarrollándose pasando por diferentes etapas, pero la intención principal es crecer y mantenerse, y además, hay muchos factores que pueden afectar ese crecimiento. Consecuentemente a éstos, veamos por ejemplo, ¿qué pasa si un feto deja de crecer?, lo más probable es que llegue a la muerte. Similar es nuestra vida espiritual: cualquier factor que la detenga, directamente la llevará a la muerte.
Claro está que muchas personas sobreviven porque Dios así lo ha querido, y coloca personas a su alrededor para mantener a ese alguien con vida, médicos, enfermeros, padres etc...., pues el bebé solito no se va a cuidar, ni alimentar, ni aprender. Es por esto que a las personas, cuando empiezan a caminar con Dios, se les llama bebés espirituales, porque necesitan del prójimo para que les ayuden, guiándolos, dándoles alimento espiritual, aconsejándolos, orando por ellos...; para que no se mueran espiritualmente.

Así de ardua es nuestra labor como servidores de Cristo, pues nos toca madurar y ayudar a los demás para que también lo hagan. Es muy importante llevar personas a la iglesia, como también lo es traer una vida a este mundo, ¿pero qué pasa si solamente van a la iglesia porque sí y se desentienden de ella, no los llama ir, no la visitan, no oran en y por ella, no interceden, y no guían a otros conforme la palabra de Dios?, entonces ¿qué pasará con ellos? La respuesta es fácil, simplemente se apartan y no logran afirmarse bien en los caminos de Dios.
Más de uno conoce a personas que llevan años en la iglesia y siguen siendo los mismos, personas que son cristianas pero a medias, que no le sirven a Dios, van solamente a calentar sillas, su manera de pensar y sus vidas van en completo desenfreno,... todo porque no hubo nadie que intercediera por ellas.
Es nuestra labor llevar esas personas a los pies de Dios para guiarlas, para clamar por su sanidad física y espiritual, para interceder por su libertad y orar para que se afirmen en los caminos de Dios. Esta labor no les corresponde solamente a los pastores como padres espirituales, sino también a los hijos que están pendientes de los negocios de su padre celestial que son las almas.
Esto es una cadena; si te han cuidado, orientado, aconsejado, te han ayudado, hay que dar de gracia lo que hemos recibido de gracia, (Mateo 10:8), porque así como alguien contribuyó para ti, llegará el momento que tú tienes que hacerlo por los demás. Lo que bien se aprende bien se enseña, y esa persona hará lo mismo con cualquier otra.
Si solo vamos a la iglesia a recibir bendiciones, a buscar solamente prosperidad y no intimidad con Dios, es hora de madurar, es hora de crecer de verdad en la fe. La ley de la vida es que los hijos crezcan, y llegará el momento en que tomen sus propias responsabilidades y las riendas de su vida.
Es hora de mirar que hay miles de almas perdiéndose, que la venida de nuestro Señor Jesús se acerca, y que los hijos solo piensan de manera egoísta en ellos mismos, queriendo que Dios y los demás se desvivan por ellos, y no haciendo nada por el prójimo.
¨Finalmente, las semillas que cayeron en buena tierra representan a los que escuchan el mensaje y lo aceptan. Esas personas cambian su vida y hacen lo bueno. Son como las semillas que produjeron espigas con treinta, sesenta y hasta cien semillas.¨
Marcos 4:20 (Traducción en Lenguaje Actual)

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