jueves, 2 de abril de 2015

¡Beneficios de la resurrección de Cristo!


Evangelio que se refiere a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 
que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos. Romanos 1.3-4
¿Cuáles son los BENEFICIOS de la resurrección de Cristo? ¿Qué garantías tenemos por Su resurrección? De acuerdo a lo visto en la Biblia y en los estudios teológicos,
 I. Jesús es el Verdadero HIJO de Dios (Romanos 1: 3, 4)
¿Acaso Jesús desde el principio y siempre no era el Hijo de Dios? (Isaías 7: 14; 9: 6; Mateo 3: 17; 4: 3, 5; 14: 33; 16: 16; 26: 63; 27: 40; Marcos 3: 11; 5: 7; Juan 1: 49; 3: 35; 8: 36; 11: 4; Romanos 8: 3; Gálatas 4: 4; Hebreos 5: 8; 6: 6; 2 Pedro 1:17; 1 Juan 3: 8). De hecho, Jesús lo había dicho claramente, insinuado y demostrado con Sus obras, que Él era Hijo de Dios (Mateo 26: 63, 64)
cristo-resucitado
Este fue el motivo por el cual los judíos lo mataron; para ellos era una blasfemia decir “yo soy Hijo de Dios” y constantemente se lo recriminaban (Mateo 26: 63-68). Al final de la historia, los que custodiaban el cuerpo de Cristo en la cruz reconocieron esta gran verdad, cuando vieron las señales extraordinarias sucedidas al morir Jesús (el velo rasgado en dos, la tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron): “verdaderamente este era el Hijo de Dios (Mateo 27:54).
¡Para nosotros no solo era, sino que es y seguirá siendo por siempre el Hijo de Dios! ¡El Padre le resucita (Hechos 2: 24, 30-33; 3: 15; Romanos 4: 24, 25; 2 Corintios 4: 14; Hebreos 13: 20; Colosenses 2: 12) y queda confirmado que en verdad Jesús sí es Su Hijo único! (Romanos 1: 3, 4). Por eso, nosotros los creyentes, no debemos tener ni la más mínima duda en la mente y en el corazón, de que Jesús es en verdad el Hijo de Dios (Mateo 27:54). ¡Esta prueba de que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, es uno de los grandes beneficios de la resurrección de Cristo! ¿Con qué clase de cuerpo resucitó Jesús? Veamos:
  • Resucitó con el MISMO cuerpo que antes tenía.
Pruebas de que era el MISMO cuerpo de Cristo: a Tomás le hizo tocar las heridas (Juan 20: 27), comió delante de los discípulos (Lucas 24: 41-43)
  • Resucitó con el mismo cuerpo pero TRANSFORMADO.
Evidencias claras de este MISMO cuerpo pero completamente TRANSFORMADO en su naturaleza (no se sujetó más a las leyes naturales): se les apareció entre ellos estando las puertas cerradas (Juan 20: 19), desapareció de sus vistas (Lucas 24:31).
Resucitó con el mismo cuerpo de antes, pero ahora sin la posibilidad de volver a morir (Romanos 6: 10; Hebreos 7: 27; 9: 12, 26, 28), porque ahora Su cuerpo fue transformado con la resurrección. Sus diez apariciones nos dan amplia evidencia de esto. Además, Su resurrección es garantía de nuestra resurrección. 
II. Cristo murió y RESUCITÓ para ser SEÑOR (Romanos 14: 9)
Señor, "Adonay": dueño, amo, con poder, autoridad, controlador y con autoridad. Era el título de respeto a los amos, maestros, reyes y a la nobleza. Sin embargo, Adonay” se usó para referirse al glorioso Señor y a la plenitud de Sus poderes y Su soberanía. ¡Él es el Señor!, Pedro en su primer discurso lo predicó categóricamente: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2: 36). 
III. Su resurrección garantiza la veracidad de nuestra PREDICACIÓN (1 Corintios 15:14, 15). Sin la resurrección de Cristo nuestra predicación seria “vana”, hueca, sin contenido fiable
IV. Su resurrección garantiza una FE auténtica (1 Corintios 15: 14, 17; 1 Pedro 1: 3)
Sin la resurrección de Cristo nuestra fe también seria “vana”, vacía, inútil, sin valor alguno
V. Su resurrección garantiza el PERDÓN de nuestros pecados (1 Corintios 15: 17)
Con su muerte, Él pagó el precio de la pena por nuestros pecados y compró nuestra justificación. Cristo RESUCITÓ de los muertos para darle validez y celebrar la obra de la justificación (Romanos 4: 25). Además, Dios ACEPTÓ el sacrificio de Jesús por nuestros pecados (1 Corintios 15: 17). Cuando Dios el Padre, resucitó a Su Hijo (Hechos 2: 30-36), se comprobó que en verdad sí ACEPTÓ el sacrificio de Cristo por nuestras iniquidades y que nos PERDONA por medio de la muerte de Su Hijo amado en la cruz
VI. Su resurrección garantiza que NO SOMOS dignos de lástima en el cielo (1 Corintios 15: 19) Pablo usa aquí la palabra “conmiseración” como lastimero, digno de lástima (PDT), miserable: “Si nuestra esperanza en Cristo es sólo para esta vida, entonces, los seres humanos somos más dignos de lástima (PDT). “Si nuestra esperanza en Cristo solamente vale para esta vida, somos los más desdichados de todos” (DHH) 
VII. Su resurrección garantiza que RESUCITAREMOS (1 Corintios 15: 20)
La resurrección de Cristo es garantía de que nosotros, los creyentes convertidos, también seremos resucitados en Su segunda venida por la iglesia  (Romanos 6: 5; 1 Corintios 6: 14; 15: 49; 2 Corintios 4: 14). Nosotros resucitaremos el día final con un cuerpo transformado como el de Jesús cuando resucitó (Apocalipsis 21:4). ¡Es nuestra esperanza y consuelo! (1 Tesalonicenses 4: 13-17)
Cristo fue la primicia de la resurrección, y luego los que son de Cristo (creyentes confesos), en Su venida (1 Corintios 15: 20-23). Pablo está usando aquí, en este texto bíblico, la ilustración de la agricultura: en el campo, la semilla se entierra, muere y luego crecen muchos tallos. Unos maduran primero y constituyen las primicias (el primer fruto) de la cosecha. Cristo es la primicia de la cosecha cuando resucitó, y nosotros (los creyentes convertidos) somos el resto de los tallos en el momento de Su venida (verso 23).
CONCLUSIÓN: ¿valió la pena la resurrección de nuestro Señor Jesucristo? ¿Estamos disfrutando de los beneficios de Su resurrección? ¡AMÉN QUE SÍ! Cristo resucitó de la muerte y puede darle Salvación eterna a todo aquel que se arrepienta de sus pecados y crea este mensaje de corazón. Su amor y su Gracia no tienen límites. ¡Vive por Cristo hoy y da gracias a Dios por tan enorme sacrificio hecho, muerte y resurrección!

¡AMÉN QUE SÍ!

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