No se conviertan en jueces de los demás, y así Dios no los juzgará a ustedes. Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. Él los tratará como ustedes traten a los demás. Mateo 7:1-2 (TLA)
Sus ojos brillaron y una sonrisa se dibujó en sus labios, cuando me contó cómo se conocieron, cómo se enamoró de ella, cómo fue la primera vez que conoció a la niña y los bellos momentos que compartían los tres yendo al parque, montando en bicicleta, jugando y viendo películas. Me confesó que estaba enamorado y decidido a casarse con ella, quería formar el hogar que tanto había anhelado, a pesar de los comentarios de algunos familiares y amigos que, aún le aconsejan que no tome esa decisión.
A través de este ejemplo, comprendí que no podemos juzgar a las personas simplemente, por lo que vemos o escuchamos de ellas. Debemos conocerlas, darles la oportunidad de que nos compartan aquellas experiencias del pasado que marcaron sus vidas, y aceptarlas, porque nosotros o uno de nuestros seres queridos hubiera podido estar en su lugar.
Jesús se levantó y les dijo: -Si alguno de ustedes nunca ha pecado, tire la primera piedra. Juan 8:7 (TLA)
Pidamos perdón a Dios por todas las veces que emitimos juicios apresurados, lastimando con nuestras palabras, el corazón de algunas personas. Anhelemos llenarnos de su presencia diariamente y pidamos que su amor inunde nuestro ser, porque sólo de esta manera podremos llegar a pensar, sentir y hablar como Él.
En vez de condenar, mostremos amor y bondad a todos los que nos rodean.
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