miércoles, 25 de junio de 2014

Dios tiene tiempos únicos

Los tiempos de Dios son únicos, no son los nuestros. Cuando la Biblia habla del tiempo de Dios usa la palabra "kayros", que significa “el tiempo preciso y determinado por Dios para algo específico”. El reloj de Dios es distinto al reloj nuestro. Si no discernimos los tiempos de Dios de los de este instante nuestro, procuremos repetir los tiempos de otra forma. El reloj de Dios es preciso, sus agujas pasan una sola vez, y luego se proyectan hacia otros tiempos específicos marcando su compás. 

David entendió que ese tiempo de Dios era para él, para su ministerio. En cambio, Saúl no entendió que el tiempo de Dios para su vida ya había terminado y quiso prolongar su tiempo a través de su armadura; pero David, quien sí discernía los tiempos, no lo aceptó y le dijo: “Déjeme a mí en mi tiempo, porque este es el kayros de Dios para mí”. La Biblia nos dice que los hijos de Isacar eran varones entendidos en aquellos tiempos, que sabían lo que Israel debía hacer, y sus dichos eran seguidos por el pueblo. 
El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto. Como Charles Chaplin (1889-1977). Actor y director británico. El tiempo en la música es determinante. Y el tiempo en el concierto de Dios también lo es. Como líderes, necesitamos entender los tiempos de Dios, comprender que son únicos, y que hay oportunidades doradas. En ese tiempo no funcionará otro armamento que no sea el suyo. 
La Iglesia del Señor y sus ministros estamos entrando en otros tiempos; son los tiempos específicos de Dios. Aquí, ahora, en este lugar, en esta hora, no necesitamos armamento ajeno; solo necesitamos ejecutar, desarrollar y proyectar nuestros ministerios únicos, movernos en las operaciones únicas de Dios; encontrar, aprovechar y explotar las situaciones únicas; discernir, inquirir y tomar la honda y las piedras lisas en esos tiempos únicos, sin desgastar nuestra energía, nuestra fuerza y nuestra visión como si fueran armaduras ajenas. Cuando acabemos lo que Dios nos ha encomendado, podremos enseñar a nuestros discípulos a encontrar su honda y su piedra, porque nuestra armadura ya se habrá oxidado, ya la habremos destruido, y les habremos enseñado que Dios no se mueve con armaduras ajenas. Entonces David dijo a Saúl: No puedo caminar con esto, pues no tengo experiencia con ellas. David se las quitó, y tomando su cayado en la mano, escogió del arroyo cinco piedras lisas y las puso en el saco de pastor que traía, en el zurrón, y con la honda en la mano se acercó al filisteo. 1 Samuel 17:39-40 

Yo me las puse y no pude, mis pies se volvieron de piedra. Yo me las puse y no pude, mis manos quedaron sin fuerzas. Yo me las puse y no pude caminar con más destreza. Yo me las puse y no pude, y entendí que eran ajenas. 

Tomó en su mano lo que era sencillo, simple y ligero. Tomó en su mano lo que era firme y venido del cielo. Tomó en su mano y marchó con ligereza de ciervo. Y vi cómo él (Goliat) cayó de cara en el mismo suelo. No eran las armas ajenas las que funcionaban; eran las suyas, las que Dios le dio; sencillas, sin apariencia, pero eran llenas de la gloria del cielo.

Que Dios te ayude cada día a entender que un líder de papel con pies de barro siempre copia; pero el natural y espiritual es enseñado por el Espíritu en que no valen las armaduras ajenas. Dios crea nuevas armaduras, diferentes, insólitas, a veces incomprensibles, pero llenas de unción y gloria. 

• ¿Cuál es el ministerio único que Dios te ha dado? 
• ¿Ya has discernido las operaciones únicas que Dios está desplegando a tu alrededor? ¿Cuáles son? 
• Describe las situaciones únicas en las que te encuentras. 
• ¿Has discernido los tiempos únicos de Dios para tu vida y ministerio? 


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