domingo, 6 de abril de 2014

Si tú me faltaras, ¿qué sería de mí?

A veces, cuando las personas están enamoradas, dicen frases como: “mi amor, sin ti no podría vivir, mi vida no tendría sentido”. Otras personas, cuando sufren una desilusión amorosa exclaman: “¡no sé como vivir sin ella/él, me quiero morir!” Pero a pesar de lo que sintieron al decirlo, cuando pasa, logran sobrevivir y sobreponerse al desamor o a la ausencia de quien les dejó.
Y si me preguntara: “Dios, ¿qué sería de mí si me faltaras? ¿Tendrían colores mis días?, ¿sacaría fuerzas de flaqueza para seguir adelante? No sé, el caso es que pienso que sin Su presencia en mi vida, yo sólo respiraría, caminaría, existiría, pero no podría disfrutar de todo lo bello que contemplo. Sería insensible a esa emoción que embarga mi interior, de saberme amado por el Señor y poder compartir de ese amor con otros.
Sin Él hace tiempo que hubiera abandonado todo. Puede que ni siquiera escribiera, porque mi mayor motivación al escribir, es que las personas reciban paz, amor, consuelo, gozo y que todos esos sentimientos les impulsen a acercarse más a Dios, a conocerle y a creerle. Porque hay muchos que están convencidos de qué necesitan..., y otros de que tienen a Dios en su vida, pero éstos no hacen nada por transmitirle ese amor a Dios.

¡Vaya! ¡No, no soy un fanático! De hecho, soy una persona muy imperfecta, pero lucho cada día por ser mejor. No lucho por lo que los demás puedan pensar u opinar de mí, aunque hasta cierto punto sea importante, sino porque deseo tener siempre la conciencia tranquila y quiero, mucho más, que mi Padre Celestial se sienta orgulloso y muy amado por mí, pues el lugar más especial en mi vida lo ocupa sólo Él. Sé que no le puedo impresionar, pero quiero servirle e ir ante su presencia tal como soy y sin reservas. Quiero mi vida aferrada a Dios porque sencillamente, sin Él todo sería carente de sentido para mí.

Y tú querido amigo(a), ¿has pensando qué sería de tu vida si Dios no estuviera contigo? Y tú que no le conoces aún, que has escuchado hablar de Él en muchas ocasiones, pero no le has dado la oportunidad de intervenir e introducirse en tu vida… ¿no has considerado que ya es tiempo de aceptarle, de recibirle en tu corazón?, ¿de que más que un mensaje de ánimo, cada día recibas de Él fuerzas nuevas para seguir luchando? Te aseguro que tu vida daría un giro de 180 grados.

¿No crees que vale la pena intentarlo? Si me lo preguntaras a mí, yo te contestaría fuertemente, ¡sí!


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