viernes, 4 de abril de 2014

Detrás de los errores

En Lucas 19:1-9 encontramos la historia de Zaqueo, un recaudador de impuestos de Jericó. Por lo que sabemos, fue un hombre de pequeña estatura y de una reputación no muy favorable. Por su profesión no era nada aceptado por sus compatriotas; los publicanos eran conocidos como estafadores y ladrones, y también se les conocía como pecadores.
Este pequeño hombre, cuando escuchó que Jesús iba a pasar por su ciudad, se subió a un árbol para poder verle. Quizás era sólo curiosidad, pero no imaginó lo que iba a acontecer: el maestro le invitó a bajar porque iría a su casa.
tree trunkEstá claro que, la decisión no les cayó nada bien a las personas que iban con Jesús. ¿Acaso el Maestro no sabía quién era Zaqueo? Todos sabían de él, podría haberse quedado en la casa de otra persona de mejor reputación, pero, ¿en la casa de Zaqueo?
La gente murmuraba, pero Jesús no hizo caso a la multitud, sino que fue a su casa. Esa actitud de Jesús, de mostrar interés en Zaqueo y no juzgarle ni tratarle mal, fue lo que cambió la vida de este pecador, al extremo que ese día decidió dar la mitad de su riqueza a los pobres, y devolver cuatro veces más a los que había estafado. Zaqueo reconoció su pecado y quiso rectificar el mal que había hecho, y ese día llegó la salvación a su casa.
Mucha gente vive marginada y juzgada por lo que hacen o lo que hicieron, ya que nuestra tendencia humana es desahuciar a personas, considerar a los demás como casos perdidos, en lugar de mirar más allá de lo que todos ven y extenderles la mano. 
Quizás estas personas sólo están esperando eso, que alguien les hable con amor, que no les ataquen ni juzguen, que vean lo que realmente hay en ellos, su potencial y no sólo los errores.
Y esa persona podría estar en tu misma casa, podría ser tu hijo, tu padre, un sobrino o un amigo, que por su actitud y sus constantes errores, ha hecho que olvides quién es realmente, y lo único que ves es a un pecador. Pero si miras con los ojos de Jesús, ¿qué ves en esa persona?
“Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa” 1ª Pedro 2:9
Es tiempo de mostrar el amor y la misericordia de Jesús, de buscar en las personas aquello que ve Jesús. Ninguno de nosotros es perfecto y aún así, Jesús levantó su mirada y nos pidió que bajáramos del árbol para ir a nuestras casas.
 

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