martes, 18 de marzo de 2014

¿Por qué debo creer en la resurrección de Cristo? - Bíblia

Es reconocido y está bien establecido el hecho de que Jesucristo fue ejecutado públicamente por crucifixión en el primer siglo d.C., en Judea, bajo Poncio Pilato, a petición del Sanedrín judío. Los relatos históricos no cristianos de Flavio Josefo, Cornelio Tácito, Luciano de Samosata, Maimónides y del Sanedrín judío, corroboraron las declaraciones de los primeros cristianos, que atestiguaron estos importantes aspectos históricos de la muerte de Jesucristo.

En cuanto a Su resurrección, hay muchas líneas de evidencia que hacen este caso irrefutable. Un famoso abogado resumió el entusiasmo y confianza cristianas en la solidez del caso de la resurrección, cuando escribió “He sido abogado defensor por más de 42 años, habiendo ejercido en muchas partes del mundo, y aún estoy en servicio activo. He sido afortunado en asegurar un buen número de éxitos en diversos procesos jurídicos y puedo asegurar inequívocamente, que la evidencia de la Resurrección de Jesucristo es tan abrumadora, que obliga a aceptarla por la cantidad de pruebas que no dejan lugar a dudas.”

La respuesta de la comunidad secular a la misma evidencia, ha sido predeciblemente apática, acorde con su leal compromiso con el naturalismo metodológico. Para quienes no están familiarizados con el término, el naturalismo metodológico es el empeño de explicar todo en términos de causas naturales y por causas naturales solamente. Si algún supuesto evento histórico desafía una explicación natural (por ejemplo una resurrección milagrosa), los eruditos seculares generalmente lo tratan con un exagerado escepticismo, a pesar de las evidencias que haya, sin importar lo abrumadoras que estas sean.

Tal inflexible fidelidad a las causas naturales, a pesar de las clara evidencias de lo contrario, no conduce a una investigación imparcial (y por lo tanto adecuada) de las evidencias. Una postura científica e histórica más flexible ha dicho, “El ser forzado a creer sólo en una conclusión... violaría la propia objetividad de la ciencia misma.” Habiendo dicho esto, procedamos ahora a examinar varias líneas de evidencia a favor de la resurrección.

- La Primera Línea de Evidencia para la Resurrección de Cristo.
Para comenzar, tenemos el demostrable y sincero testimonio de testigos oculares. Los apologistas del cristianismo primitivo citaron a cientos de testigos oculares, algunos de los cuales documentaron las experiencias físicas propias con sus declaraciones. Muchos de estos testigos oculares, gustosa y resueltamente, soportaron prolongadas torturas y la muerte misma, antes que repudiar su testimonio. Este hecho certifica su sinceridad, descartando un fraude por parte de ellos. De acuerdo con el registro histórico, (por ejemplo El Libro de los Hechos 4:1-17, Cartas de Plinio a Trajano X, 96, etc.) leemos, “Muchos cristianos podrían terminar su sufrimiento simplemente con renunciar a la fe. En vez de eso, parece que la mayoría optó por soportar el sufrimiento y proclamar la resurrección de Cristo de la muerte.”

Aún cuando el martirio es algo admirable, no es totalmente demostrativo. Éste no valida suficientemente la creencia de alguien que ya cree (al demostrar su sinceridad hacia ella de una manera tangible), o sea, que no es imprescindible. Aún así, lo que hace que el martirio de los primeros cristianos fuera y sea algo extraordinario, es que ellos demostraban con ello que lo que estaban pregonando era verdad; que vieron a Jesucristo vivo después de Su muerte. Esto es lo extraordinario. Porque si todo fuera sólo una mentira, ¿por qué muchos seguían sosteniendo la creencia dadas las circunstancias? ¿Por qué conscientemente se aferrarían a una mentira sin validez alguna, hasta el punto de afrontar persecución, prisiones, tortura y muerte?

Por el contrario, el 11 de septiembre del 2001 (derribo de las Torres Gemelas, en Nueva York), los terroristas indudablemente creían lo que profesaban (evidenciado por su decisión de morir por ello), pero no pudieron saber y no supieron si el origen de sus creencias era o no verdad. Ellos pusieron su fe en tradiciones transmitidas a ellos por muchas generaciones. En contraste, los primeros mártires cristianos fueron la primera generación. O ellos vieron lo que aseguraban haber visto, o no.

Entre los más ilustres que profesaron haber sido testigos oculares, estaban los apóstoles. Ellos colectivamente sufrieron un cambio innegable, después de las declaradas apariciones de Cristo, posteriores a Su resurrección. Inmediatamente después de Su crucifixión, ellos se escondieron temiendo por sus vidas. Pero después de la resurrección, tomaron las calles y valientemente proclamaron la resurrección, a pesar de la intensa persecución que sufrían. ¿Qué explicación habría para su repentino y dramático cambio? Ciertamente no era una ganancia financiera. Los apóstoles renunciaron a todo lo que tenían por predicar la resurrección, incluyendo sus vidas.
- La Segunda Línea de Evidencia para la Resurrección de Cristo.
La segunda línea de evidencia concierne a la conversión de ciertos escépticos claves; los más notables de ellos fueron Pablo y Santiago. Pablo fue, con sus propias palabras está escrito, un violento perseguidor de la naciente Iglesia de Cristo. Después de lo que él describió como un encuentro con el Cristo resucitado, Pablo sufrió un inmediato y drástico cambio, de ser un perseguidor de la Iglesia, a uno de sus más prolíficos y desinteresados defensores. Como muchos de los primeros cristianos, Pablo sufrió pobreza, persecución, golpes, prisiones y su ejecución a causa de su firme compromiso con la resurrección de Cristo.

Santiago era un escéptico, aunque no fue tan hostil como Pablo. Un comentado encuentro con Cristo después de Su resurrección, le convirtió en un innegable creyente, un líder de la iglesia en Jerusalén. Aún tenemos lo que los eruditos generalmente aceptan ser una de sus cartas a la iglesia primitiva. Como Pablo, Santiago sufrió gustosamente y murió por su testimonio, hecho que respalda la sinceridad de su creencia.

- La Tercera y Cuarta Línea de Evidencia para la Resurrección de Cristo.
Una tercera y cuarta línea de evidencia concierne al testimonio enemigo sobre la tumba vacía y al hecho de que la fe en la resurrección tuvo su raíz en Jerusalén. Jesús fue públicamente ejecutado y sepultado en Jerusalén. Hubiera sido totalmente nefasto para la fe en Su resurrección, que ésta no tuviera su raíz en la misma Jerusalén, puesto que Su cuerpo estaba aún en la tumba donde el Sanedrín podía exhumarlo, exhibirlo públicamente y por lo tanto exponerlo al "engaño". En vez de reconocerla, el Sanedrín acusó a los discípulos de robar el cuerpo, aparentemente en un esfuerzo por explicar su desaparición (y por tanto la tumba vacía). 

¿Qué explicación se daba al hecho de la tumba vacía? Estas son tres de las explicaciones más comunes:

Primero, que los discípulos robaron el cuerpo. Si este fuera el caso, ellos habrían sabido que la resurrección era un fraude. Por lo tanto, no hubieran estado tan gustosos de sufrir y morir por ello. Todos los que profesaron ser testigos oculares, habrían sido conscientes de que ellos realmente no vieron a Cristo y por lo tanto habrían mentido. Con tantos conspiradores, seguramente alguno de ellos hubiera confesado; si no para detener su propio sufrimiento, al menos para acabar con el sufrimiento de sus amigos y familiares. La primera generación de cristianos fue totalmente masacrada, especialmente después del gran incendio de Roma en el 64 d.C. (un incendio que ordenó Nerón, supuestamente para ganar espacio en la expansión de su palacio, pero del cual culpó a los cristianos de Roma en un esfuerzo por justificarse). 


Tal como declaró el historiador Cornelio Tácito en sus Anales del Imperio Romano (publicado sólo una generación después del incendio):

“Nerón culpó e infringió las más refinadas torturas a una odiada clase, por sus presuntas abominaciones, llamada cristianos por el populacho. Cristo, de quien el origen tomó su nombre, sufrió la pena capital durante el reinado de Tiberio a manos de uno de sus procuradores, Poncio Pilato, y una gran superstición malévola, aunque reprimida por el momento, volvió a hacer irrupción, no solamente a través de Judea, donde tuvo su origen este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde todas las cosas espantosas y vergonzosas de cada parte del mundo encuentran su centro y se vuelven populares. De acuerdo a esto, primero se efectuó el arresto de todos los que se declararon culpables; luego, una inmensa multitud fue convicta, no tanto por el crimen del incendio de la ciudad, sino por su presunto odio contra la humanidad. Fueron objeto de toda clase de burlas aplicadas a sus muertes. Siendo cubiertos con pieles de animales, eran despedazados y muertos por los perros, o fueron clavados en cruces, o fueron condenados a las llamas, prendiéndoles fuego para servir como iluminación nocturna, cuando declinaba la luz del día.” 
Nerón iluminaba las fiestas en su jardín con cristianos a quienes quemaba vivos. Seguramente alguno hubiera renegado de la verdad ante la amenaza de un sufrimiento tan terrible. El hecho es, sin embargo, que no tenemos registro de ninguno de los primeros cristianos renunciando a la fe para terminar su sufrimiento. En vez de ello, tenemos múltiples informes de apariciones de Jesús después de la resurrección, y a cientos de testigos oculares, gustosos de sufrir y morir por ello.

Si los discípulos no robaron el cuerpo, ¿de qué otra manera podemos explicar la tumba vacía? Algunos han sugerido que Cristo simuló Su muerte y más tarde escapó de la tumba. Esto es potencialmente absurdo. De acuerdo al testimonio de testigos oculares, Cristo fue golpeado, torturado, azotado y atravesado con una lanza. Sufrió heridas internas, pérdida de sangre masiva, asfixia, y su corazón fue traspasado por una lanza. No existe razón alguna para creer que Jesucristo (o cualquier otro hombre en tal caso) pudiera haber sobrevivido a un suplicio similar. Su muerte, permanecer en una tumba durante tres noches y tres días, estar sin atención médica, ni comida, ni agua, quitar una enorme y pesada piedra con la que estaba sellada su tumba y escapar sin ser detectado (sin dejar tras él un rastro de sangre), convencer a cientos de testigos oculares de que Él resucitó de la muerte y encontrarse con buena salud, y después desaparecer sin dejar rastro. Tal suposición es ridícula.

- La Quinta Línea de Evidencia para la Resurrección de Cristo.
Finalmente, la quinta línea de evidencia concierne a la peculiaridad del testimonio de los testigos oculares. En todas las principales narraciones de la resurrección, las mujeres son acreditadas como las primeros testigos oculares. Esta hubiera sido una muy extraña invención, puesto que en las culturas seculares, tanto en la del antiguo judaísmo como en la romana, las mujeres eran severamente discriminadas. Su testimonio era considerado como insustancial e inadmisible. Dado este hecho, es altamente improbable que cualquier forjador de un engaño en la Judea del primer siglo, hubiera elegido a mujeres para ser sus testigos primarios. Si todos los discípulos varones que declararon haber visto a Jesús resucitado, estuvieron mintiendo y la resurrección fue una estafa, ¿por qué habrían elegido a los testigos más indignos de confianza y dañinos a su causa que podrían haber encontrado?

Cuando se comprende el rol de la mujer en la sociedad judía del primer siglo, lo realmente extraordinario es que esta historia de la tumba vacía hubiera elegido a mujeres como las primeras descubridoras de ello. Las mujeres ocupaban un rango muy inferior en la escala social de la Palestina del primer siglo. Hay antiguos dichos rabínicos que decían, “Mejor dejar que las palabras de la ley sean quemadas, que ser entregadas a mujeres”, y “Benditos sean aquellos cuyos hijos sean varones, pero ¡ay! de aquel cuyas hijos sean mujeres.” El testimonio de las mujeres era considerado tan inválido, que no les era permitido servir como testigos legales en ninguna corte legal judía. A la luz de esto, es absolutamente extraordinario que los principales testigos de la tumba vacía fueran mujeres... Cualquier narración legendaria posterior, ciertamente habría colocado a los discípulos varones como descubridores de la tumba, por ejemplo a Pedro o a Juan. Pero el hecho de que las mujeres fueran los primeros testigos de la tumba vacía, es la más plausible explicación de que, les gustara o no, ¡ellas fueron las descubridoras de esa tumba vacía! Esto demuestra que los escritores de los Evangelios registraron fielmente lo que sucedió, aunque resultara embarazoso. Esto revela más la historicidad verdadera de esta tradición, que un estatus legendario.

En Resumen
Estas líneas de evidencia: la totalmente demostrable sinceridad de los testigos oculares, y en el caso de los apóstoles, su innegable e inexplicable cambio, la conversión y demostrable sinceridad de los antagonistas claves, y los escépticos convertidos en mártires; el hecho de la tumba vacía, el testimonio enemigo de la tumba vacía; el hecho de que todo esto tuvo lugar en Jerusalén, donde la fe en la resurrección comenzó y se extendió; el testimonio de las mujeres; el significado de tal testimonio dado su contexto histórico; en fin, todos estos son sólidos testimonios de la historicidad de la resurrección. Animamos a todos a considerar seriamente estas evidencias. ¿Qué te sugieren a ti?  


“La evidencia de la Resurrección de Jesucristo es tan abrumadora, que exige total aceptación al probar lo que no deja absolutamente ningún lugar para la duda.”

 

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