jueves, 30 de enero de 2014

Tres Maneras De Cuidarnos - Crecimiento personal-espiritual

Sólo nosotros sabemos las tres maneras de cuidarnos bien a nosotros mismos. A veces necesitamos volver en el tiempo y recordar el mejor consejo que alguien nos diese. Todos les dan consejos a todos, pero el consejo no tiene valor a menos que lo asimilemos y avancemos; el consejo es muy poderoso si lo adaptamos a nuestra vida.
Pero el que recibí podría no funcionar para ustedes ya que el consejo es muy personal; generalmente es dado por alguien a quien le importamos. Sin embargo, no tiene por qué venir de alguien a quien conozcamos o que esté vivo actualmente. Puede venir de alguien que vivió hace más de cien años; tal vez una cita de William Shakespeare o alguien más que vivió en el pasado.
Además, nosotros, y sólo nosotros podemos aceptar y adaptar el consejo a nuestro bienestar. Los tres mejores consejeros de mi vida fueron gente a la que le importé, sin saber que iban a causar una diferencia especial en mi vida. Tan sólo por ser quienes somos, hacemos la diferencia en la vida de otros. Por ejemplo, cuando hacemos un compromiso, ¡provocamos una diferencia en la vida de otros! Si no nos podemos dar efectivo, al menos démonos crédito por estar aquí y ser quienes somos.
El primer trocito de consejo que diariamente adapto es: “¡Mantengámonos cerca de Dios!”
El segundo consejo que adapto diariamente es: “Necesitamos saber que controlamos nuestro destino”.
El tercer consejito que adapto diariamente es: “¡No es lo que no sabemos lo que nos lastimará, sino lo que creemos que sabemos sin ser así!”
Pensemos en los consejos que hemos recibido durante nuestra vida y enfoquémonos en aquellos que hemos abrazado en nuestro corazón y que nos han ayudado mientras crecíamos.
Esta reflexión está cargada de sentido común (si bien este no es tan normal). Por un lado es sabio indicar que los consejos, aunque buenos, no sirven de nada a menos que los abracemos. Y por otro, debemos saber identificar las tres magníficas perlas de sabiduría que todos haríamos bien en no sólo abrazar, sino poner en funcionamiento de manera diaria. Pero, este último consejo (el de abrazar e implementar) tampoco nos hará ningún bien si no lo tomamos para nosotros. ¡Somos nosotros los que tenemos la última palabra!


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