Las personas que hablan mucho son más propensas a cometer errores que las "muditas", ya que a menudo resulta difícil controlar la lengua. La Biblia habla de ella, de la lengua claro, diciendo que está llena de un veneno mortal, porque con nuestras palabras podríamos lastimar, y mucho. (Santiago 3:8). Sin embargo, tampoco sería solución quedarnos callados, porque también haríamos mal por no hablar, ¿verdad?
Un centinela es un guardia o vigía militar responsable de observar para proteger un lugar, instalaciones, material o personas. Dios nos ha puesto como guardias responsables de cada alma que se encuentra en nuestro camino, para observar y advertirles antes de que sea demasiado tarde, y si nos quedamos callados, la palabra de Dios dice que seremos responsables de esa vida.
Lo mismo podemos mencionar cuando se trata de callarnos ante una violencia, no podemos quedarnos callados ante un acto cruel, y aún más cuando lo peor se aproxima. Si tú no lo denuncias, lo más seguro es que no duermas tranquilo al pensar en lo que podría pasar, pero si lo advertiste ya hiciste tu parte porque previniste el peligro; después cada persona tomará el camino que quiera.
Del mismo modo, si ves a un conocido que se aparta del camino correcto y ante nuestros ojos comienza a hacer cosas que no son conforme a la voluntad de Dios, la parte que nos corresponde es corregirle. Luego él también tendrá la oportunidad de decidir qué camino elegir, y si escoge mal, al menos tú hiciste tu parte al advertirle.
Imagino que conoces a muchas personas que pasan delante de ti con la necesidad de escuchar la palabra de Dios. Por lo tanto, es hora de ser valiente y no quedarse callado porque sería un gran error. Somos centinelas, y como tales debemos velar por las almas. Obviamente, siempre sería mas fácil quedarnos callados, no exponernos al riesgo del rechazo o a la burla e incluso tener una actitud de indiferencia frente a lo que les pase a otros, pero en este caso no estaríamos cumpliendo con lo que Dios nos pidió.
Es hora de levantar la voz y contarle al mundo que en Cristo hay esperanza.
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