domingo, 2 de junio de 2013

Inseguro soy yo - Ánimo en mensaje - Vídeo

Las personas que sufrimos de inseguridad, y digo sufrimos porque es como una enfermedad, debemos entender que la podemos superar. Me incluyo dentro de este grupo, sé lo que es convivir con la duda, con el miedo de hacer algo que no le guste al resto. La inseguridad busca generalmente la aprobación de los demás, lo que conlleva a una desdicha que ensombrece el gran talento que subyace dentro de nosotros.

¿Pero cómo una persona llega a ser insegura? ¿La inseguridad me puede arruinar la vida? ¿Podré superarla? ¿Por qué no puedo ser diferente?; esta y muchas otras preguntas más, son las que rondan en las cabecitas de las personas que padecen este “mal”.

Cuando era pequeño mi mamá solía exigirme perfección en mis tareas escolares; toda mi vida infantil crecí pensando que agradar a mamá era lo primordial, y si no lograba una sonrisa de satisfacción de ella, simplemente no estaba bien lo que había hecho. Después de la decepción venía la culpa; la culpa es uno los amigos que acompañan a la inseguridad, culpa de no ser lo “suficientemente bueno para..." y es precisamente ella la que hace nuestra vida bastante inestable.

Mi vida ha sido una constante LUCHA, con letras mayúsculas, para dejar de ser inseguro. Sin embargo, ¿es en verdad un terrible mal?, ¿un dolor de cabeza? No vamos a negar que sí causa un y mil tropiezos, lágrimas, desesperación, entre otros, pero no es del toda mala porque gracias a ella entramos a un mundo, donde las personas tienen una carencia que necesita ser suplida, y quién mejor proveedor de esa ayuda que Dios.
Yo comencé una relación personal con Dios a la edad de diecisiete años, era un adolescente con mil y una inseguridades, con miedos, baja autoestima, problemas alimenticios, en fin, ni se imagina lo que era yo. Pero era, y a pesar de todas esos “males”, Dios se fijó en mí y me permitió conocerle.
¿Cómo pudo pasar esto? Lo que sucede querido hermano(a), es que Dios pone los ojos en dos clases de personas, en el pecador, necesitado, enfermo, y también en los humildes, poco vistos, valorados, menospreciados o como yo, que solía sentirme “poquita cosa”.
Pero no fui verdaderamente tan “poquita cosa” como tú crees, y si alguna vez tú te has considerado así, de  verdad que tampoco lo eres y debes decírtelo mil veces. Yo puedo estar agradecido, hasta cierto punto, con esa debilidad, ya que gracias a ella mi corazón estaba blando para aceptar a Cristo en mi corazón.

Ahora bien, no estoy diciendo con esto que ser inseguro(a) sea una bendición, porque no lo es. Recordemos que para todos los que aman a Dios todo obra para BIEN. Con Dios todo es más llevadero, y es verdad que desterrar de nuestras vidas ciertas actitudes es difícil, pero no imposible. 

Así que ASUME Y LUCHA CON DIOS DE LA MANO. SÍ SE PUEDE, ES UN DÍA A DÍA, PERO CADA DÍA CON DIOS ES UN VERDADERO DÍA.

Tú que eres inseguro(a), no te tortures preguntándote ¿por qué yo? Porque a través de esa inseguridad, si la pones en las manos de Dios será de una gran bendición no sólo para tu vida, sino también para todo aquel que necesite saber que sí se puede dejar de ser inseguro.


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