lunes, 4 de febrero de 2013

Orar es vital - Meditación Personal, Reflexión - vídeo

En otras ocasiones hemos tratado el tema de la oración bajo la perspectiva de la forma correcta de realizarla, sus consecuencias, e incluso lo que significa la intercesión por otros. Esta vez quiero tratar, brevemente, de la importancia y la necesidad de practicar la oración.
Hay, por lo menos, tres cosas vitales en la vida del cristiano: leer la Palabra de Dios, Congregarse y Orar. Todo aquel que quiera mantener una vida en comunión real con Dios debe preocuparse por cumplir estas tres cosas, ya que de ellas depende su bienestar espiritual.

El capítulo 26 de Mateo, en su versículo 41, dice:

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad
está dispuesto, pero la carne es débil”.
Orar es hablar con Dios, es confesarnos a Él. Confesarle todo. Lo importante, entonces, será la sinceridad de nuestras palabras y la disposición de nuestro corazón.
La pregunta ahora es: ¿CÓMO ESTÁ NUESTRA VIDA DE ORACIÓN?
Muchos se excusan en decir que no oran porque Dios ya sabe cuales son sus necesidades; si bien es cierto que Dios es Omnisciente, es decir que lo sabe TODO,  eso no quiere decir que no tengamos que orar, porque si así fuera, ¿por qué oraba entonces Jesús?
Jesús es un ejemplo vivo de una vida de oración; siempre apartaba un tiempo para orar, es más, motivaba a sus discípulos a que oraran para que no cayeran en tentación, primer motivo por el que debemos orar. Motivo para hacernos recapacitar sobre la importancia que esto tiene en la vida espiritual.
Por otra parte, no podemos llamarnos cristianos cuando realmente no estamos buscando parecernos a Jesús, y eso implica parecerse a Él en la vida de oración que mantenía. La voluntad de nuestro Padre es que le busquemos (otro motivo de la oración), porque hay promesas maravillosas para aquellos que le buscan.
Además, puede que nos hayamos sentido débiles ante la tentación, quizá nos hemos sentido sin fuerzas o muy cargados por las cosas de la vida. Lastimosamente, la mayoría de nosotros cuando nos sentimos débiles, cansados o turbados, dejamos de orar, dejamos de tener la comunión necesaria con nuestro Padre para podernos fortalecer (3º motivo para orar), error que el enemigo aprovecha para querer terminar de hundirnos.
Es momento de comenzar a cultivar una vida diaria de oración. La oración es fuente de victoria, porque a través de ella podemos fortalecer nuestra relación personal con nuestro Señor y con ello hacernos más fuertes para poder resistir las acechanzas del enemigo.
Tengamos el hábito diario de la oración. Dios estará muy feliz de hablar con nosotros.
Resumiendo. La necesidad de la oración:
1-      Para no caer en tentación.
2-      Para buscar a Dios, condición necesaria para llamarnos cristianos.
3-      Para tener la comunión, relación o afinidad necesarias con el Señor.
Y, partiendo de esto último, no olvidemos que la meditación o reflexión de la Palabra de Dios significa escucharle. Es oír su Palabra. Es cuando llegamos al tiempo devocional con Él. Es entablar un diálogo con el Señor.
Y ahora, hagamos esta oración:
Padre, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Danos cada día el pan que necesitamos.
Perdónanos nuestros pecados,
como también nosotros perdonamos
a quienes nos hacen mal.
Y no permitas que nos apartemos de ti.
M.G.L.

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