sábado, 1 de diciembre de 2012

Concéntrate en el fuego interno - Devocionales, Reflexión


Esta es la historia de un hombre que fue a un país muy lejano y vio el palacio de un rey que estaba lleno de oro, que tenía cuadros preciosos, ornamentos muy valiosos, y él estaba sorprendido por la gran prosperidad que había en ese reino.
-Oh rey, ¿cómo es que tiene tanta prosperidad? En este palacio no se ve más que oro y cosas valiosas.
-Yo te voy a mostrar cuál es el secreto de mi éxito: quiero que recorras todo el palacio. Eso sí, quiero que vayas con esta vela encendida y si, cuando regreses, después de finalizar todo tu recorrido, esta vela llega apagada, te decapito.
Al hombre se le cambió el rostro, su sonrisa ya no existía. Tomó la vela y entró en cada sala del palacio con gran miedo por su vida.
Al finalizar, después de varias horas, llegó ante el rey, que le abrazó y le dijo:
-Muy bien has llegado con éxito. ¿Te ha gustado mi palacio?
-Sólo he tenido ojos para mantener la llama sin que se apague.
-Ese es el secreto de mi éxito, respondió el rey, mantener la llama encendida.
¡Linda anécdota! ¿Verdad? Hay algo que nunca debemos permitir que se apague en nosotros, que es el entusiasmo por mantener encendido el fuego de Dios en nuestros corazones. La pasión es la tarjeta de invitación, la única que Dios acepta para entrar en su hogar.
“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti”
Si no somos llenos del Espíritu Santo seremos esclavos del costumbrismo. La llenura no te saca de la rutina y te empuja a más. Algunos venimos en “Pausa”, pero el Espíritu Santo nos pone en “Play”. La gente te pone en pausa-mute y apagado; ¡pero el Espíritu Santo te pone en “Play” siempre!
NO APAGUEMOS AL ESPÍRITU SANTO; Si Él es como el fuego, le tenemos que arrimar leña. El Espíritu Santo viene caliente pero nosotros a veces lo apagamos y se enfría; entonces le tenemos que agregar alabanza, adoración y congregación. Muchas veces se dice que cuando la gente no está concurriendo a la iglesia es porque está apartada de Dios, entonces la gente se enfría. Por eso es necesario que procuremos mantener el fuego encendido. Será visto en nuestras actitudes más que en nuestras palabras.
Hubo un hombre que no permitió que se le apagara el fuego interno, aunque sus pensamientos le decían que ya no valía la pena seguir a Dios. Sin embargo él, en un momento  determinado, tuvo que reconocer que aunque se esforzó en negarle, no pudo, porque había en su corazón una razón muy poderosa que se lo impedía. Ese hombre se llamó Jeremías.
“Si digo: "No me acordaré más de Él, ni hablaré más en su nombre, entonces su Palabra, en mi interior, se vuelve como un fuego ardiente que llega hasta mis huesos. He hecho todo lo posible por contener su Palabra, pero ya no puedo más”.
¿Alguna vez te sentiste así? ¿Verdad que sí?
“No me acordaré más de él, ni hablaré más en su Nombre”
Actitud mental:
Es lo más importante que existe, pues la diferencia entre obstáculo y oportunidad es la actitud. Estamos, entonces, a una actitud de nuestra bendición. Es lo que llevamos puesto en nosotros las 24 horas del día. Cuando encerramos nuestra mente, empezamos a distorsionar las cosas, a exagerarlas. A veces podemos tener todas las razones para hacerlo, como le pasaba al profeta, pero en aquel entonces él no tenía terapeutas a su alrededor o alguien con quien descargarse; pero hoy en día hay gente que nos puede ayudar a salir de estas situaciones.
A Dios le gusta la gente activa, que lucha por obtener su bendición. La gente pasiva está maldecida: “El camino del perezoso está plagado de espinos por todos lados”, “el perezoso mete la mano en el plato pero no la levanta para comer”, “ellos se pierden todas las cosechas”.
La presencia de Dios nos sana la cabeza, clarifica nuestras ideas, nos devuelve la identidad, los sueños; dejamos de mentir, de robar, de engañar; hablamos la verdad de Dios y nos trae estabilidad emocional.
Actitud física
El 55% de nuestra comunicación es corporal; cuando uno está enamorado de alguien le mira fijamente a los ojos, le toma de las manos y le declara su amor. Usa la boca, las manos y los ojos. No es lo mismo que te declaren amor con una mirada distante, como si te estuvieran dando un informe frío y sin entusiasmo. ¡La actitud física es muy importante!
Jesús estuvo con su rostro en tierra en Getsemaní.
El leproso se puso de rodillas y le dijo: “si quieres puedes limpiarme”.
Cuando Jesús resucitó a Lázaro, le dijo: “lázaro ven fuera”.
“Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído”.
Cuando Jesús multiplicó los panes y los peces, miró al cielo.
A Dios le importa tu actitud física. Cuando cambias la postura física se te ordenan las emociones.
Actitud espiritual
Jeremías llegó a ese estado porque estaba muy agotado. Tenemos que saber cuándo parar, y retomar las fuerzas para poder continuar.
Tú debes ser el preferente en tu lista oracional. Porque si tú no estás bien, todo lo que está a tu alrededor tampoco estará bien.
Pero al final recordó que un día el Señor le dijo: “antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones”.  Recordó que Dios le había dado un ADN espiritual. Igual que trasmitimos lo malo, así trasmitiremos lo bueno a nuestros hijos y nietos. Piensa en tus familiares que no recibieron a Cristo en su corazón y declara que heredarán tus victorias. La mejor herencia que podemos dejar a nuestras generaciones futuras es que se críen en una atmósfera llena del Espíritu Santo; acércales a la presencia de Dios.
Lo primero que Satanás le quitó a Job fueron los animales, porque era lo que usaba para adorar a Dios; lo primero que querrá sacarte será tu adoración, porque así podrá tocar a tu familia. Y fue lo primero que Dios le restauró a Job, los animales.
Recompone tu vida de adoración y todo lo demás te será bendecido
El Espíritu Santo te confirma que sigas avanzando, que tu Salvador te ama y que siempre te levantará; no importa donde hayas caído, que ÉL SIEMPRE ESTARÁ ALLÍ; Jeremías, al comprender esto, escribió en su libro palabras inspiradas por Dios, para que no bajemos los brazos:
“Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia. Aun te edificaré, y serás edificada, todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas”.

 Si tu vida está en ruinas, Dios no puede edificar en ti. Por eso primero hazle un altar. ¡Ese altar es para que te comprometas por él! Dios va a ver tu sinceridad, tu corazón. En donde lo que es tuyo, Él te lo pide. No es una ofrenda cualquiera, te va a doler en lo más profundo de tu corazón. Nunca le pidas a Dios algo que no estés dispuesto a entregarle. Pero cuando se lo entregues, eso será multiplicado, y Dios te dirá: “te lo devuelvo a ti y a tu descendencia para siempre”.

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