miércoles, 27 de junio de 2012

No tengas miedo de nada- Promesas de Dios para ti

A veces los problemas son tantos que sentimos que no hay escapada, pero Dios ha prometido que:
Yo soy tu refugio y tu fuerza,
soy tu poderoso defensor en el peligro.
Por eso no temas aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.  Salmo 45
Salmos 3:3
Mas tú, oh SEÑOR, eres escudo en derredor mío, mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
Salmos 18:2
El SEÑOR es mi roca, mi baluarte y mi libertador; mi Dios, mi roca en quien me refugio; mi escudo y el cuerno de mi salvación, mi altura inexpugnable.
Salmos 28:7
El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; en El confía mi corazón, y soy socorrido; por tanto, mi corazón se regocija, y le daré gracias con mi cántico.
Salmos 119:114
Tú eres mi escondedero y mi escudo; en tu palabra espero.
Salmos 144:2
Misericordia mía y fortaleza mía, mi baluarte y mi libertador, escudo mío en quien me he refugiado, el que sujeta a mi pueblo debajo de mí.


 Reflexiones – No tengas miedo
Tengo un antiguo soplador de hojas que uso para limpiar nuestro patio. Este soplador traquetea, sacude con ruido, echa humo, emite gases irritantes y es considerado por mi esposa, probablemente también por mis vecinos, sumamente ruidoso.
Sin embargo, nuestra vieja perra es totalmente indiferente al alboroto. Cuando enciendo el soplador ni siquiera levanta la cabeza, y se mueve, con cierta resistencia a ella, únicamente cuando soplo hojas o polvo en dirección suya. Eso es porque la perra confía en mí.
Un joven, que de vez en cuando corta nuestro césped, usa un soplador similar pero nuestra perra no tolera al joven. Hace años, cuando era una cachorrita, el joven la molestaba con la máquina y ella nunca lo ha olvidado. Ahora bien, cuando el joven entra en el patio tenemos que meterla en casa, porque le gruñe y le ladra. Son las mismas circunstancias, pero las manos que usan el soplador marcan la diferencia.
Lo mismo sucede con nosotros. Las circunstancias atemorizantes son menos problemáticas si confiamos en las manos que las controlan. Si nuestro mundo y nuestra vida están gobernados por una fuerza desconsiderada e indiferente tendríamos buenas razones para temer. Pero las manos que controlan el universo, las manos de Dios, son sabias y compasivas. Podemos confiar en ellas a pesar de nuestras circunstancias y no tener miedo.
. . . Dios es mi salvador, confiaré y no temeré. . . . Isaías 12:2.

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