En nuestro caminar por la vida la gran mayoría de las veces llevamos cargas demasiado pesadas e infructuosas, que lo único que nos producen son dolores y frustraciones, y que a la larga nos van minando tanto en lo físico como en lo moral, así como en lo espiritual; y esto es debido a que aún nuestra mente nos evoca los eventos del pasado, lo que no nos permite disfrutar de lo que actualmente poseemos o somos.
Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
miércoles, 10 de mayo de 2017
¿De qué está llena tu red?
¿A mí no me hablas?
(Pilato dijo a Jesús): ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba. Juan 19:10-11
La actitud de Jesús nos muestra en qué casos hay que callar o responder cuando alguien nos interroga. Jesús no habló para defenderse, sino más bien para llevar a su juez a reconocer la verdad. Cumplió la profecía que dice: “Como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció” (Isaías 53:7), y al mismo tiempo “dio testimonio de la buena profesión” (1 Timoteo 6:13).
Nos inquietamos fácilmente cuando somos interrogados sobre nuestra fe. Jesús lo sabe muy bien, por eso nos dice: “No os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo” (Marcos 13:11). Hablemos de nuestra fe en el momento adecuado, y experimentaremos la ayuda del Señor en las situaciones difíciles.
“Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15).
¿Cómo actúa Dios?
Dios, con su omnipotencia y con su plan perfecto sobre todos los eventos de su creación, tiene en su voluntad hacer las cosas como a Él le place. Nosotros debemos tratar de pensar siempre en función de Dios, para que Él nos muestre cuál es su propósito en todo lo que hace. Pero no importando lo que haga, debemos aprender a confiar plenamente en Él, pues solo a Él le compete tomar la decisión de cómo nos resolverá nuestros problemas, cómo lo hará. El es el Dios soberano.
Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que lo tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, lo sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. Marcos 8:22-26
Esta es una historia ficticia de lo que pudieron pensar diferentes ciegos con el milagro realizado por Jesús en Mateo 9:27-31.
Uno pudo pensar que no había que hacer nada.
Otro pudo pensar que podía ser solo cuestión de fe en Jesús para que se diera el milagro, así como se secó la higuera con solo la palabra del Señor. Mateo 20:29-34
Otro más pudo decir: No solo es cuestión de fe y de tocarme. También se necesita que te escupa y que de nuevo te imponga las manos. Marcos 8:22-26
Un cuarto pudiera haber dicho: Nada de lo que dicen es verdad; lo que se necesita es que Dios escupa en la tierra, que haga una especie de barro (lodo) y te lo unte, y después de eso debes de ir a un estanque. Juan 9:1-12
Pero realmente, ¿cómo actúa Dios? La respuesta es: sólo Él lo sabe. Dios puede hacer lo que le de la gana, cuando quiera y como quiera. Porque es Dios y no tiene que rendirle cuentas a nadie de lo que hace; solo Él sabe por qué lo está haciendo, es su soberana voluntad; nunca cambia, permanece inmutable, y no tiene que explicarlo tampoco. Pero una cosa sí es cierta, que Él siempre es el mismo, “…en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17c); debido a este atributo de Dios, nosotros podemos confiar siempre en Él y en su soberana voluntad.
Alabanza en la oscuridad
Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Hebreos
13:15
Aunque mi amigo Mickey estaba perdiendo la vista, me
dijo: «Seguiré alabando a Dios cada día, porque ha hecho mucho por mí».Jesús le dio a mi amigo, y a nosotros, la mejor razón para una alabanza constante. Mateo 26 muestra que Jesús compartió la cena de Pascua con sus discípulos la noche antes de ir a la cruz. El versículo 30 revela cómo concluyó la comida: «Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos».
No se trataba de cualquier himno; era una alabanza. Durante miles de años, los judíos han cantado un grupo de salmos llamado «el Halel» en Pascua (halel es la palabra judía para «alabanza»). La última de estas oraciones y cantos de alabanza, que se encuentra en los Salmos 113–118, honra al Dios que se ha transformado en nuestra salvación (Salmos 118:21). Se refiere a una piedra rechazada que se volvió la piedra del ángulo (verso 22) y a uno que viene en el nombre del Señor (verso 26). Es posible que hubieran cantado: «Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él» (verso 24).
Al cantar con sus discípulos, Jesús nos dio la mejor
razón para levantar la mirada por encima de nuestras circunstancias.
Nos guió para alabar el amor y la fidelidad eternos de Dios.
Siempre
eres digno de alabanza, Señor, ¡incluso cuando no siento deseos de
alabarte!
Alabar a Dios nos ayuda a recordar su bondad que nunca acaba.
Alabar a Dios nos ayuda a recordar su bondad que nunca acaba.
martes, 9 de mayo de 2017
Cristo es la Palabra eterna
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Juan 1:1-4
Cada uno de los evangelios empieza de una manera distinta. Mateo expone la genealogía de Jesús, Lucas empieza con su concepción, su nacimiento y su infancia. Marcos presenta primero el servicio de Juan el Bautista. Juan se remonta al origen de todo. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Este Verbo, persona divina y eterna, fue el autor de la creación de todo el universo, y nunca abandonó el mundo que creó.
Un día “el Verbo”, perfecta expresión de Dios el Padre, fue hecho carne “y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). No fue una simple visita, sino una verdadera encarnación. El Verbo se convirtió en un ser humano en la persona de Jesús de Nazaret. El Creador se hizo semejante a sus criaturas. Aquel que es eterno entró en el tiempo. El Todopoderoso conoció el dolor, los golpes, las heridas. El Santo fue expuesto a la tentación. Finalmente, “el Príncipe de la vida” aceptó morir crucificado.
Juan subraya la gloria del Hijo de Dios. La primera parte de su evangelio (capítulos 1 a 12) relata siete milagros. Desde el capítulo 13, el Señor se dirige exclusivamente a sus discípulos. Les revela que Él es el único Camino para ir al Padre; es la Verdad y la Vida. En esa segunda parte expone otras manifestaciones del amor de Jesús. Por ejemplo, leemos cómo Jesús se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos (capítulo 13:1-20). Más tarde, en la cruz, donde Jesús dio su vida, vemos la manifestación suprema de su amor.
En el bautismo
« Y Jesús, después que fue bautizado, salió inmediatamente del agua y vio que el cielo se abrió y que el Espíritu de Dios bajaba sobre él como una paloma». Mateo 3: 16, PDT
Jesús fue nuestro ejemplo en todo lo que respecta a la vida y a la piedad. Fue bautizado en el Jordán, en la forma en que deben serlo los que se acercan a Él. Los ángeles celestiales estaban observando con intenso interés la escena del bautismo del Salvador, y si los ojos de los que estaban mirando hubieran sido abiertos, habrían visto la hueste celestial rodeando al Hijo de Dios mientras se arrodillaba a la orilla del Jordán.
El Señor había prometido a Juan el Bautista darle una señal por la cual pudiera conocer quién era el Mesías, y al salir Jesús del agua, se le dio la prometida señal, porque vio los cielos abiertos y al Espíritu de Dios, en forma de paloma, que se posaba sobre Cristo, y una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3: 17). Jesús, el Redentor del mundo, había abierto el camino para que el más pecador, el más necesitado y el más oprimido y despreciado, pudieran hallar acceso al Padre, pudieran tener un hogar en las mansiones que Jesús fue a preparar para aquellos que lo aman.
«Todos los que hemos sido bautizados en Cristo somos los elegidos de Dios. «¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. (Romanos 6: 3-4). Somos santos ante Dios, y Él nos reconoce como sus amados. Como tales, nos hallamos bajo el solemne pacto de distinguirnos en el mundo manifestando humildad en nuestra manera de ser y comportarnos. Para ello, necesitamos revestirnos del manto de la justicia de Cristo.
Jesús fue nuestro ejemplo en todo lo que respecta a la vida y a la piedad. Fue bautizado en el Jordán, en la forma en que deben serlo los que se acercan a Él. Los ángeles celestiales estaban observando con intenso interés la escena del bautismo del Salvador, y si los ojos de los que estaban mirando hubieran sido abiertos, habrían visto la hueste celestial rodeando al Hijo de Dios mientras se arrodillaba a la orilla del Jordán.
El Señor había prometido a Juan el Bautista darle una señal por la cual pudiera conocer quién era el Mesías, y al salir Jesús del agua, se le dio la prometida señal, porque vio los cielos abiertos y al Espíritu de Dios, en forma de paloma, que se posaba sobre Cristo, y una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3: 17). Jesús, el Redentor del mundo, había abierto el camino para que el más pecador, el más necesitado y el más oprimido y despreciado, pudieran hallar acceso al Padre, pudieran tener un hogar en las mansiones que Jesús fue a preparar para aquellos que lo aman.
«Todos los que hemos sido bautizados en Cristo somos los elegidos de Dios. «¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. (Romanos 6: 3-4). Somos santos ante Dios, y Él nos reconoce como sus amados. Como tales, nos hallamos bajo el solemne pacto de distinguirnos en el mundo manifestando humildad en nuestra manera de ser y comportarnos. Para ello, necesitamos revestirnos del manto de la justicia de Cristo.
¿Qué dice la Biblia sobre el Fin del Mundo?
A todo el mundo le preocupa el fin del mundo. Algunas personas creían erróneamente que era el 21 de diciembre, basándose en el “calendario maya”. Pero, ¿sucedió? NO.
¿Dice la Biblia cómo terminará el mundo?
En realidad, la Biblia dice que la tierra permanece para siempre (Salmo 78:69; Eclesiastés 1:4); así que ¿cómo es posible que la Biblia también declare el fin de todas las cosas? Sin duda, a veces habrás visto los carteles y pancartas que declaran “El fin está cerca”. Pero, ¿en realidad terminará la tierra?
No. Los “últimos tiempos” es más una referencia al fin de la era, y no un fin real del mundo o de la tierra. Desde luego, no significa el fin mundial
Jesús habló sobre el fin de la era actual y por venir, y que los tiempos finales serían como los días de Noé y como Sodoma y Gomorra (Lucas 17:27-30). Descripción muy similar a la del fin de los tiempos de 2 Timoteo, pero no del tiempo en sí. Es el final del tiempo de autonomía humana.
2 Timoteo 3:1-5 es una descripción aguda de cómo serán los días del fin:
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.”
El “final” es el fin del imperio de Satanás, que es el dios de este mundo. 2 Corintios 4:4 da testimonio de este hecho:
“…en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”
El "dios de este siglo” que ha cegado el entendimiento de los incrédulos es Satanás o el Diablo, quien está gobernando la tierra en estos momentos. Aun así, solo puede hacer lo que la soberanía de Dios permite (Job 1).
¿Debo perdonar?
Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Colosenses
3:13
Llegué temprano a mi iglesia para ayudar a preparar
todo para una actividad, y vi a una mujer llorando al otro lado del salón. Dado que en el pasado había chismeado sobre mí con crueldad, no me apuré a ahogar sus
sollozos. ¿Por qué iba a preocuparme por alguien que no me
quería?
Pero, entonces, el Espíritu Santo me recordó cuánto me
había perdonado Dios, y crucé la sala. La mujer me dijo que hacía meses que su niña bebé estaba en el hospital. Lloramos, nos abrazamos y oramos por su hija.
Después de resolver nuestras diferencias, ahora somos buenas amigas.
En Mateo 18, Jesús compara el reino de los cielos
con un rey que decidió ajustar cuentas. Un siervo que debía una cantidad
exorbitante de dinero, rogó al rey pidiendo clemencia. Poco después de que el rey
cancelara su deuda, ese siervo buscó y condenó a un hombre que le debía mucho
menos. Cuando el rey se enteró, envió al siervo malvado a la cárcel por su
propio espíritu rencoroso (versos 23-34).
La decisión de perdonar no justifica el pecado, no excusa el mal que se nos hizo ni minimiza nuestras heridas. Simplemente nos libera, y así disfrutamos del regalo inmerecido de la misericordia divina, cuando permitimos que el Señor haga su obra de gracia y restaure la paz en nuestras vidas y relaciones.
La decisión de perdonar no justifica el pecado, no excusa el mal que se nos hizo ni minimiza nuestras heridas. Simplemente nos libera, y así disfrutamos del regalo inmerecido de la misericordia divina, cuando permitimos que el Señor haga su obra de gracia y restaure la paz en nuestras vidas y relaciones.
Señor,
ayúdanos a perdonar por completo y con sinceridad.
Perdonar a los demás expresa nuestra confianza en el derecho de Dios de juzgar según su perfección y su bondad.
Perdonar a los demás expresa nuestra confianza en el derecho de Dios de juzgar según su perfección y su bondad.
lunes, 8 de mayo de 2017
Si nuestra salvación es eternamente segura, ¿por qué la Biblia advierte tan severamente contra la apostasía?
La razón por la que la Biblia nos advierte tan severamente contra la apostasía es porque la verdadera conversión es evaluada por la visibilidad de los frutos. Cuando Juan el Bautista estaba bautizando a la gente en el río Jordán, él les advirtió a los que pensaban que eran justos, “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:7-8). Jesús advirtió a aquellos que lo estaban escuchando mientras predicaba el Sermón del Monte, que cada árbol es conocido por su fruto (Mateo 7:16), y que todo árbol que no produce buen fruto será cortado y echado al fuego (Mateo 7:19).El propósito de estas advertencias no es lo que alguna gente llamaría como “creencia fácil.” En otras palabras, el seguir a Jesús es más que decir que eres un cristiano. Cualquiera puede afirmar que Cristo es su Salvador, pero los que realmente son salvos producen fruto visible. Uno puede preguntar, “¿Qué se quiere decir por fruto?” El más claro ejemplo del fruto cristiano se encuentra en Gálatas 5:22-23, donde Pablo describe el fruto del Espíritu (Santo): amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza. Hay otros tipos de fruto cristiano (tales como la oración, el ganar almas para Cristo, etc.), pero esta lista nos provee con un buen resumen de actitudes cristianas. Los verdaderos creyentes manifestarán estas actitudes en sus vidas de manera creciente, mientras progresan en su caminar cristiano (2 Pedro 1:5-8).
Los verdaderos discípulos son estos que dan fruto, quienes tienen la garantía de eterna seguridad, y quienes serán preservados hasta el fin. Hay muchas Escrituras que señalan esto. Romanos 8:29-30 traza la “Cadena Dorada” de salvación, al señalar que aquellos que fueron conocidos desde antes por Dios, fueron predestinados, llamados, justificados, y glorificados; no hay ningún eslabón suelto a lo largo del camino. Filipenses 1:6 nos dice que la obra que Dios comenzó en nosotros, Él también la terminará. Efesios 1:13-14 enseña que Dios nos ha sellado con el Espíritu Santo como garantía de nuestra herencia hasta que la poseamos. Y Juan 10:29 afirma que nadie puede arrebatar las ovejas de Dios de Su mano. Hay muchas otras Escrituras que dicen lo mismo: los verdaderos creyentes están asegurados eternamente en su salvación.
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