Dios, con su omnipotencia y con su plan perfecto sobre todos los eventos de su creación, tiene en su voluntad hacer las cosas como a Él le place. Nosotros debemos tratar de pensar siempre en función de Dios, para que Él nos muestre cuál es su propósito en todo lo que hace. Pero no importando lo que haga, debemos aprender a confiar plenamente en Él, pues solo a Él le compete tomar la decisión de cómo nos resolverá nuestros problemas, cómo lo hará. El es el Dios soberano.
Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que lo tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, lo sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. Marcos 8:22-26
Esta es una historia ficticia de lo que pudieron pensar diferentes ciegos con el milagro realizado por Jesús en Mateo 9:27-31.
Uno pudo pensar que no había que hacer nada.
Otro pudo pensar que podía ser solo cuestión de fe en Jesús para que se diera el milagro, así como se secó la higuera con solo la palabra del Señor. Mateo 20:29-34
Otro más pudo decir: No solo es cuestión de fe y de tocarme. También se necesita que te escupa y que de nuevo te imponga las manos. Marcos 8:22-26
Un cuarto pudiera haber dicho: Nada de lo que dicen es verdad; lo que se necesita es que Dios escupa en la tierra, que haga una especie de barro (lodo) y te lo unte, y después de eso debes de ir a un estanque. Juan 9:1-12
Pero realmente, ¿cómo actúa Dios? La respuesta es: sólo Él lo sabe. Dios puede hacer lo que le de la gana, cuando quiera y como quiera. Porque es Dios y no tiene que rendirle cuentas a nadie de lo que hace; solo Él sabe por qué lo está haciendo, es su soberana voluntad; nunca cambia, permanece inmutable, y no tiene que explicarlo tampoco. Pero una cosa sí es cierta, que Él siempre es el mismo, “…en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17c); debido a este atributo de Dios, nosotros podemos confiar siempre en Él y en su soberana voluntad.





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