miércoles, 10 de mayo de 2017

Alabanza en la oscuridad

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Hebreos 13:15
Aunque mi amigo Mickey estaba perdiendo la vista, me dijo: «Seguiré alabando a Dios cada día, porque ha hecho mucho por mí».
Jesús le dio a mi amigo, y a nosotros, la mejor razón para una alabanza constante. Mateo 26 muestra que Jesús compartió la cena de Pascua con sus discípulos la noche antes de ir a la cruz. El versículo 30 revela cómo concluyó la comida: «Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos».
No se trataba de cualquier himno; era una alabanza. Durante miles de años, los judíos han cantado un grupo de salmos llamado «el Halel» en Pascua (halel es la palabra judía para «alabanza»). La última de estas oraciones y cantos de alabanza, que se encuentra en los Salmos 113–118, honra al Dios que se ha transformado en nuestra salvación (Salmos 118:21). Se refiere a una piedra rechazada que se volvió la piedra del ángulo (verso 22) y a uno que viene en el nombre del Señor (verso 26). Es posible que hubieran cantado: «Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él» (verso 24).
Al cantar con sus discípulos, Jesús nos dio la mejor razón para levantar la mirada por encima de nuestras circunstancias. Nos guió para alabar el amor y la fidelidad eternos de Dios.


Siempre eres digno de alabanza, Señor, ¡incluso cuando no siento deseos de alabarte!
Alabar a Dios nos ayuda a recordar su bondad que nunca acaba.

martes, 9 de mayo de 2017

Cristo es la Palabra eterna

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Juan 1:1-4
-Evangelio según Juan-
Cada uno de los evangelios empieza de una manera distinta. Mateo expone la genealogía de Jesús, Lucas empieza con su concepción, su nacimiento y su infancia. Marcos presenta primero el servicio de Juan el Bautista. Juan se remonta al origen de todo. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Este Verbo, persona divina y eterna, fue el autor de la creación de todo el universo, y nunca abandonó el mundo que creó.
Un día “el Verbo”, perfecta expresión de Dios el Padre, fue hecho carne “y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). No fue una simple visita, sino una verdadera encarnación. El Verbo se convirtió en un ser humano en la persona de Jesús de Nazaret. El Creador se hizo semejante a sus criaturas. Aquel que es eterno entró en el tiempo. El Todopoderoso conoció el dolor, los golpes, las heridas. El Santo fue expuesto a la tentación. Finalmente, “el Príncipe de la vida” aceptó morir crucificado.
Juan subraya la gloria del Hijo de Dios. La primera parte de su evangelio (capítulos 1 a 12) relata siete milagros. Desde el capítulo 13, el Señor se dirige exclusivamente a sus discípulos. Les revela que Él es el único Camino para ir al Padre; es la Verdad y la Vida. En esa segunda parte expone otras manifestaciones del amor de Jesús. Por ejemplo, leemos cómo Jesús se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos (capítulo 13:1-20). Más tarde, en la cruz, donde Jesús dio su vida, vemos la manifestación suprema de su amor.

En el bautismo

« Y Jesús, después que fue bautizado, salió inmediatamente del agua y vio que el cielo se abrió y que el Espíritu de Dios bajaba sobre él como una paloma». Mateo 3: 16, PDT
Jesús fue nuestro ejemplo en todo lo que respecta a la vida y a la piedad. Fue bautizado en el Jordán, en la forma en que deben serlo los que se acercan a Él. Los ángeles celestiales estaban observando con intenso interés la escena del bautismo del Salvador, y si los ojos de los que estaban mirando hubieran sido abiertos, habrían visto la hueste celestial rodeando al Hijo de Dios mientras se arrodillaba a la orilla del Jordán.
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El Señor había prometido a Juan el Bautista darle una señal por la cual pudiera conocer quién era el Mesías, y al salir Jesús del agua, se le dio la prometida señal, porque vio los cielos abiertos y al Espíritu de Dios, en forma de paloma, que se posaba sobre Cristo, y una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3: 17). Jesús, el Redentor del mundo, había abierto el camino para que el más pecador, el más necesitado y el más oprimido y despreciado, pudieran hallar acceso al Padre, pudieran tener un hogar en las mansiones que Jesús fue a preparar para aquellos que lo aman.

«Todos los que hemos sido bautizados en Cristo somos los elegidos de Dios. «¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. (Romanos 6: 3-4). Somos santos ante Dios, y Él nos reconoce como sus amados. Como tales, nos hallamos bajo el solemne pacto de distinguirnos en el mundo manifestando humildad en nuestra manera de ser y comportarnos. Para ello, necesitamos revestirnos del manto de la justicia de Cristo.
 

¿Qué dice la Biblia sobre el Fin del Mundo?

A todo el mundo le preocupa el fin del mundo. Algunas personas creían erróneamente que era el 21 de diciembre, basándose en el “calendario maya”. Pero, ¿sucedió? NO.
¿Dice la Biblia cómo terminará el mundo?
En realidad, la Biblia dice que la tierra permanece para siempre (Salmo 78:69; Eclesiastés 1:4); así que ¿cómo es posible que la Biblia también declare el fin de todas las cosas? Sin duda, a veces habrás visto los carteles y pancartas que declaran “El fin está cerca”. Pero, ¿en realidad terminará la tierra?
No. Los “últimos tiempos” es más una referencia al fin de la era, y no un fin real del mundo o de la tierra. Desde luego, no significa el fin mundial
Jesús habló sobre el fin de la era actual y por venir, y que los tiempos finales serían como los días de Noé y como Sodoma y Gomorra (Lucas 17:27-30). Descripción muy similar a la del fin de los tiempos de 2 Timoteo, pero no del tiempo en sí. Es el final del tiempo de autonomía humana.
2 Timoteo 3:1-5 es una descripción aguda de cómo serán los días del fin:
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El “final” es el fin del imperio de Satanás, que es el dios de este mundo. 2 Corintios 4:4 da testimonio de este hecho:
“…en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”
El "dios de este siglo” que ha cegado el entendimiento de los incrédulos es Satanás o el Diablo, quien está gobernando la tierra en estos momentos. Aun así, solo puede hacer lo que la soberanía de Dios permite (Job 1).

¿Debo perdonar?

Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Colosenses 3:13
Llegué temprano a mi iglesia para ayudar a preparar todo para una actividad, y vi a una mujer llorando al otro lado del salón. Dado que en el pasado había chismeado sobre mí con crueldad, no me apuré a ahogar sus sollozos. ¿Por qué iba a preocuparme por alguien que no me quería?
Pero, entonces, el Espíritu Santo me recordó cuánto me había perdonado Dios, y crucé la sala. La mujer me dijo que hacía meses que su niña bebé estaba en el hospital. Lloramos, nos abrazamos y oramos por su hija. Después de resolver nuestras diferencias, ahora somos buenas amigas.
En Mateo 18, Jesús compara el reino de los cielos con un rey que decidió ajustar cuentas. Un siervo que debía una cantidad exorbitante de dinero, rogó al rey pidiendo clemencia. Poco después de que el rey cancelara su deuda, ese siervo buscó y condenó a un hombre que le debía mucho menos. Cuando el rey se enteró, envió al siervo malvado a la cárcel por su propio espíritu rencoroso (versos 23-34).
La decisión de perdonar no justifica el pecado, no excusa el mal que se nos hizo ni minimiza nuestras heridas. Simplemente nos libera, y así disfrutamos del regalo inmerecido de la misericordia divina, cuando permitimos que el Señor haga su obra de gracia y restaure la paz en nuestras vidas y relaciones.

Señor, ayúdanos a perdonar por completo y con sinceridad.
Perdonar a los demás expresa nuestra confianza en el derecho de Dios de juzgar según su perfección y su bondad.

lunes, 8 de mayo de 2017

Si nuestra salvación es eternamente segura, ¿por qué la Biblia advierte tan severamente contra la apostasía?

Resultado de imagen de Si nuestra salvación es eternamente segura, ¿por qué la Biblia advierte tan severamente contra la apostasía?La razón por la que la Biblia nos advierte tan severamente contra la apostasía es porque la verdadera conversión es evaluada por la visibilidad de los frutos. Cuando Juan el Bautista estaba bautizando a la gente en el río Jordán, él les advirtió a los que pensaban que eran justos, “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:7-8). Jesús advirtió a aquellos que lo estaban escuchando mientras predicaba el Sermón del Monte, que cada árbol es conocido por su fruto (Mateo 7:16), y que todo árbol que no produce buen fruto será cortado y echado al fuego (Mateo 7:19).

El propósito de estas advertencias no es lo que alguna gente llamaría como “creencia fácil.” En otras palabras, el seguir a Jesús es más que decir que eres un cristiano. Cualquiera puede afirmar que Cristo es su Salvador, pero los que realmente son salvos producen fruto visible. Uno puede preguntar, “¿Qué se quiere decir por fruto?” El más claro ejemplo del fruto cristiano se encuentra en Gálatas 5:22-23, donde Pablo describe el fruto del Espíritu (Santo): amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza. Hay otros tipos de fruto cristiano (tales como la oración, el ganar almas para Cristo, etc.), pero esta lista nos provee con un buen resumen de actitudes cristianas. Los verdaderos creyentes manifestarán estas actitudes en sus vidas de manera creciente, mientras progresan en su caminar cristiano (2 Pedro 1:5-8).

Los verdaderos discípulos son estos que dan fruto, quienes tienen la garantía de eterna seguridad, y quienes serán preservados hasta el fin. Hay muchas Escrituras que señalan esto. Romanos 8:29-30 traza la “Cadena Dorada” de salvación, al señalar que aquellos que fueron conocidos desde antes por Dios, fueron predestinados, llamados, justificados, y glorificados; no hay ningún eslabón suelto a lo largo del camino. Filipenses 1:6 nos dice que la obra que Dios comenzó en nosotros, Él también la terminará. Efesios 1:13-14 enseña que Dios nos ha sellado con el Espíritu Santo como garantía de nuestra herencia hasta que la poseamos. Y Juan 10:29 afirma que nadie puede arrebatar las ovejas de Dios de Su mano. Hay muchas otras Escrituras que dicen lo mismo: los verdaderos creyentes están asegurados eternamente en su salvación. 

La persona que niega el pecado

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)                    
Atendiendo a su etimología, la palabra confesar significa “pedir perdón”, pero no es así exactamente. La obra que realizó Cristo en la cruz por nosotros ya hizo todo lo que era necesario para perdonarnos. Lo que Dios quiere que hagamos es que examinemos la acción del pecado y que lo llamemos como Él lo llama. Estar de acuerdo con Dios sobre esto; eso es lo que significa la palabra confesar. La última parte de la palabra (fesar) viene de una raíz que significa “decir”, y con significa “con”. “Decir con Dios” lo que Él dice acerca de algo es confesar el pecado. Hay una canción popular que se oye a veces en los círculos cristianos: “Si fui motivo de dolor, oh Cristo; si por mi causa el débil tropezó; si en tus pisadas caminar no quise, perdón te ruego, mi Señor y Dios”. Esto no es una confesión completa. No diga usted “si...” (condicional), diga: “Señor, he causado al débil tropezar; no quise en tus pisadas caminar”. Eso es confesar, estar de acuerdo con Dios. 
La limpieza no se basa en la misericordia de Dios o en Su amabilidad o Su amor o, después de todo, Su capricho; se basa en la obra de Jesucristo. Sobre esta base Dios es fiel y justo para perdonar, y sería totalmente injusto si se negase a perdonar a un pecador penitente. Dios mismo sería malvado si se negase, sobre la base de la obra de Cristo, a perdonar al pecador arrepentido. Así es como podemos sentirnos seguros de la limpieza que se produce cuando estamos de acuerdo con Dios acerca de estas cosas.
Siempre que somos conscientes de haber seguido una reacción carnal, detengámonos de inmediato y estemos de acuerdo en nuestros corazones con Dios acerca de ello, de modo que podamos experimentar de nuevo esa maravillosa limpieza, esa limpieza fiel y justa en nuestras vidas que nos purifica “de toda maldad”.

7 Pasos para que tu Oración sea Respondida

1.  Fe en Dios y su palabra –

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11:6

2.   Pureza de vida y un corazón sincero –

“Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.” Salmo 66:18-20
“Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.” Isaías 59:2

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3.  Disposición a aceptar la Voluntad de Dios –

“Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.” Mateo 26:42
“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.” Filipenses 4:11

4.  Confianza en el Poder de Dios –

“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” Marcos 11:24
“Porque nada hay imposible para Dios.” Lucas 1:37

5.   Estar en armonía con las otras personas –

“Por tanto, si traes tu ofrenda a altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” Mateo 5:23-24
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” 1 Pedro 3:7

6.   Tener compasión para los necesitados –

“El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído.” Proverbios 21:13

7.   Obediencia a la voz del Señor –

Entonces me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán.” Proverbios 1:28 
Cuando vivimos según la Palabra de Dios y buscamos estar en armonía con los demás, hermanos, podemos esperar que nuestras oraciones sean respondidas.

La fe y la oración secreta

Resultado de imagen de La fe y la oración secreta«Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán». Marcos 11: 24, NVI
La fe verdadera demanda la bendición prometida y se aferra a ella antes de que se haga realidad y poder sentirla. Hemos de elevar nuestras peticiones al lugar santísimo con una fe que dé por recibidos los beneficios prometidos y los considere ya suyos. Tenemos que creer, pues, que recibiremos la bendición, porque nuestra fe ya se apropió de ella, y, según la Palabra, es nuestra. «Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán» (Marcos 11: 24, NVI). Esto es fe sincera y pura: creer que recibiremos la bendición aun antes de recibirla en realidad. Cuando la bendición prometida se hace realidad y se disfruta, la fe ya no tiene valor. Pero muchos, errados, suponen que tienen una gran fe cuando participan del Espíritu Santo en forma destacada, y que no pueden tener fe a menos que sientan el poder del Espíritu. Estas personas confunden la fe con la bendición que nos llega por medio de ella. Precisamente, el tiempo más apropiado para ejercer la fe es cuando nos sentimos privados del Espíritu. Cuando parecen descender densas nubes sobre la mente, es cuando se debe dejar que la fe viva atraviese las tinieblas y disipe las nubes. La fe verdadera se apoya en las promesas contenidas en la Palabra de Dios, y únicamente quienes obedezcan a esta Palabra pueden esperar que se cumplan sus gloriosas promesas.
Debemos orar mucho en secreto. Cristo es la vid, y nosotros los pámpanos. Y si queremos crecer y dar frutos, tenemos que absorber continuamente savia y nutrición de la Vid, porque separados de ella no podemos hacer nada.