miércoles, 19 de abril de 2017

El poder vivificador de DIOS

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”
Isaías 53:4-5  Reina-Valera 1960 (RVR1960)
El poder vivificador de DIOS
Después de ser salvo y recibir a Jesús en mi corazón, aún existía algo en mí que no comprendía. Las secuelas de abusar del alcohol desde joven cobraron su factura y mi cuerpo se resintió. El restablecimiento de mi sistema nervioso y el poder dormir fue lento, y en ocasiones desesperanzador. No obstante, cada vez que leía la palabra de DIOS era fortalecido y aumentaba mi bienestar. Tanto mi mente como mi cuerpo sufrieron las consecuencias del alcoholismo, y hubo muchos momentos en los que creía que jamás tendría una vida normal. Pero no fue así, mi DIOS, en medio de las llamas por las cuales estaba pasando, prometía que todo iba a estar bien y que ni una sola de esas llamas me iba a quemar (Isaías 43:1-4). 
Durante algún tiempo luché para sentir alegría, pero parecía que estaba como adormecido, mas el SEÑOR me mostraba que por medio de Su Espíritu revivirían mis huesos secos (Ezequiel 37); y así lo hizo. Después de algunos años de estar en la presencia de DIOS y usar medicamentos naturales, sucedió. Poco a poco y también de repente, la ansiedad, la depresión, la pesadez y la crisis nerviosa desaparecieron. Cada vez que alababa a DIOS descendían torrentes de vida del cielo, y cuando oraba por los demás el poder de DIOS recorría mi cuerpo y me daba Su gozo. Hasta que un día recibí la total restauración que anhelaba, la misma que Cristo pagó por mí (Isaías 53:4-5).

martes, 18 de abril de 2017

Ser leales a los principios

«Día tras día me he mantenido de pie sobre la torre de vigilancia, mi señor; noche tras noche he permanecido en mi puesto». Isaías 21: 8, NTV
Resultado de imagen de Ser leales a los principiosJesús mismo nunca compró la paz transigiendo. Su corazón rebosaba amor por toda la familia humana, pero no fue nunca indulgente con sus pecados. Amaba demasiado a los seres humanos como para guardar silencio mientras estos seguían una conducta funesta para sus almas; almas que Él compraría con su propia sangre. Él trabajaba para que el ser humano fuese fiel a sí mismo, fiel a su más elevado y eterno interés. 
Como siervos de Cristo se nos llama a realizar la misma obra, y hemos de velar, no sea que al tratar de evitar la discordia traicionemos a la verdad. Hemos de seguir «lo que contribuye a la paz» (Romanos 14: 19), pero la verdadera paz no puede obtenerse traicionando los buenos principios. Y nadie puede ser fiel a estos principios sin crear oposición. 
Un cristianismo espiritual siempre recibirá la oposición de los hijos de la desobediencia. Pero Jesús dijo a sus discípulos: «No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar» (Mateo 10: 28). Los que son fieles a Dios no tienen por qué temer el poder de los seres humanos ni la enemistad de Satanás, porque en Cristo está segura su vida eterna. Lo único que han de temer es traicionar a la verdad, y el cometido con que Dios los honró.

El precio del amor

Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los poderosos repartirá el botín; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores. Isaías 53:12
Mientras nos despedíamos de mis padres, mi hija rompió en llanto. Después de visitarnos en Inglaterra, regresaban a Estados Unidos. «No quiero que se vayan», dijo ella. Comencé a consolarla, y mi esposo señaló: «Me temo que ése es el precio del amor».
Quizá sintamos dolor al separarnos de nuestros seres queridos, pero Jesús sintió la separación suprema cuando pagó el precio del amor en la cruz. Él, que era tanto humano como Dios, cumplió la profecía que Isaías había pronunciado 700 años antes, cuando llevó «el pecado de muchos» (Isaías 53:12). En este capítulo, vemos profundos indicadores que señalan a Jesús como el Siervo sufridor. Por ejemplo, cuando dice que Él «herido fue por nuestras rebeliones» (verso 5) —lo cual se cumplió cuando lo clavaron en la cruz y cuando un soldado le abrió el costado (Juan 19:34)— y al declarar que «por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53:5).
Por amor, Jesús vino a la Tierra como un bebé. Por amor, soportó el maltrato de los maestros de la ley, las multitudes y los soldados. Por amor, sufrió y murió para ser el sacrificio perfecto, al ocupar nuestro lugar ante el Padre. Vivimos gracias al amor.

Señor Jesús, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos a ser misericordiosos con los demás. Muéstranos cómo podemos compartir tu amor con otros.
Jesús fue el sacrificio perfecto que murió para darnos vida.

¿Qué es el Domingo de Pascua?

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Hay una confusión sobre de qué se trata el Domingo de Pascua. Para algunos, el Domingo de Pascua tiene que ver con el conejito de Pascua, y los decorados y coloridos huevos de Pascua. La mayoría de la gente entiende que el Domingo de Pascua tiene algo que ver con la resurrección de Jesús, pero están confundidos sobre la forma en que la resurrección se relaciona con los huevos de Pascua y el conejito de Pascua.
Bíblicamente hablando, no hay absolutamente ninguna conexión entre la resurrección de Jesucristo y las tradiciones comunes modernas relacionadas con el Domingo de Pascua. Esencialmente, lo que ocurrió es que a fin de que el cristianismo fuera más atractivo para los no cristianos, la antigua Iglesia Católica mezcló la celebración de la resurrección de Jesús con las celebraciones rituales de fertilidad de la primavera. Estos rituales de primavera de fecundidad son la fuente de las tradiciones de los huevos y el conejito.

La Biblia deja en claro que Jesús fue resucitado el primer día de la semana (lo que para los judíos es el primer día de la semana), el domingo (Mateo 28:1; Marcos 16:2,9; Lucas 24:1; Juan 20:1,19). Si bien es apropiado celebrar la resurrección de Jesús en un domingo, el día en que se celebra la resurrección de Jesús no debería ser llamado la Pascua. La Pascua no tiene nada que ver con la resurrección de Jesús en un domingo.

¿Quiénes viven más?

Estudios de la Universidad de Texas sugieren que las personas  “con actitudes positivas”  envejecen más despacio que los pesimistas.
Un equipo de investigadores que estudió 1.558 personas mayores ha relatado que las más alegres eran justo las menos frágiles.
Resultado de imagen de ¿Quiénes viven más?Los estudios consideraban que las emociones positivas afectan directamente la salud, alterando el equilibrio físico del cuerpo.
En su último libro, “Exuberancia: La Pasión Por La Vida”, Kay R. Jamison celebra el “regalo de la exuberancia”, en el cual describe cómo es la fuerza propulsora de la creatividad, liderazgo y de la propia supervivencia.
“La exuberancia nos lleva a pensar y actuar de forma ligeramente distinta de la usual, y nos lleva a correr riesgos, tolerar sufrimientos y reveses, que seríamos incapaces de afrontar”, escribe Jamison.
“Ella nos posibilita, o nos regala, optimismo para creer en el futuro y en las posibilidades e importancia de lo que somos y de lo que hacemos; nos obliga a penetrar en la gran arena de la vida.”
Entonces para qué perder minutos preciosos en la vida, dejando de ser alegres. De por si, la vida es corta… entonces vivámosla con alegría y recordemos que la única fuente de la verdadera alegría es el Señor. Si nos volvemos a Él, la vida tendrá otro matiz.
Y en el día de vuestra alegría, y en vuestras solemnidades, y en los principios de vuestros meses, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos, y sobre los sacrificios de paz, y os serán por memoria delante de vuestro Dios. Yo El Señor vuestro Dios. Números 10:10
Alabanza y magnificencia delante hay de él; Poder y alegría en su morada. 1 Crónicas 16:27
Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos. Esdras 3:13

lunes, 17 de abril de 2017

Recuerda la cruz

Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: —¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios! Marcos 15; 39
En la iglesia a la que asisto, hay una cruz inmensa frente al santuario. Representa la cruz original donde murió Jesús. Allí, Dios permitió que su Hijo perfecto muriera por cada cosa mala que hicimos, dijimos o pensamos. En la cruz, Jesús consumó la obra necesaria para salvarnos de la muerte que merecíamos (Romanos 6:23).
Ver una cruz lleva a considerar lo que Jesús soportó por nosotros. Antes de ser crucificado, lo azotaron y lo escupieron. Los soldados le pegaron en la cabeza con palos y se burlaron de Él. Intentaron obligarlo a que llevara su propia cruz al lugar donde moriría, pero Él estaba demasiado débil por los brutales latigazos que soportó. En Gólgota, lo atravesaron con clavos para mantenerlo sobre la cruz al erguirla. Estas heridas soportaron el peso de su cuerpo mientras estuvo allí colgado. Seis horas más tarde, Jesús exhaló su último aliento (Marcos 15:37). Un centurión que había presenciado la muerte de Jesús declaró: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (verso 39).
La próxima vez que veas el símbolo de la cruz, considera lo que significa para ti. El Hijo de Dios sufrió y murió allí, y luego resucitó para darnos vida eterna.

Querido Jesús, ¡gracias por quitar mis pecados al morir en la cruz! Acepto tu sacrificio y creo en el poder de tu resurrección.
La cruz revela lo peor de nuestro pecado y lo mejor del amor de Dios.

De lo artificial a lo natural

«Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que allí fijaste, me pregunto:
“¿Qué es el hombre, para que en él pienses?
 ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?”» Salmo 8:3-4, XVI
Resultado de imagen de De lo artificial a lo naturalDios nos insta a contemplar sus obras del mundo natural. Desea que todos apartemos nuestra mente del estudio de lo artificial para dedicarlo a lo natural. Comprenderemos mejor al Creador cuando nos detengamos a contemplar los paisajes naturales, y contemplemos las obras que Él ha hecho con sus propias manos modelando las colinas, y poniéndolas en su lugar, a fin de que no se muevan sino a su mandato. El viento, el sol, la lluvia, la nieve y el hielo son servidores que cumplen su voluntad. 
Para el cristiano, el amor y la benevolencia de Dios pueden verse en cada don de su mano. Las bellezas de la naturaleza son motivo de contemplación. Al estudialos encantos naturales que nos rodean, la mente pasa de la naturaleza al Autor de todo lo bello. Todas las obras de Dios apelan a nuestros sentidos, magnificando su poder y exaltando su sabiduría. Cada obra de Dios tiene, en sus encantos, aspectos interesantes para el hijo de Dios, que moldean su gusto para contemplar estas preciosas evidencias del amor de Dios por encima de las obras de la habilidad humana.
Con palabras saturadas de ardiente fervor, el profeta magnifica a Dios por sus Obras creadas: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, y la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿Qué es el ser humano, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta?» (Salmos 8: 3-4, RVC).

Desamparado por nosotros

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora, pues él dijo: «No te desampararé ni te dejaré.» Hebreos 13:5
¿Te resulta más fácil tolerar el dolor teniendo un amigo cerca? Se hizo un estudio fascinante para responder esta pregunta, y ver cómo reaccionaba el cerebro frente a la posibilidad del dolor.
Los resultados fueron que cuando una persona estaba sola o tomada de la mano de un extraño frente a una posible turbación, las regiones del cerebro que procesan el peligro se encendían. Pero, si estaba tomada de la mano de alguien de confianza, el cerebro se relajaba. La presencia de un amigo era tan reconfortante que el dolor parecía más tolerable.
Jesús necesitó el apoyo de sus amigos en Getsemaní. Sabía lo que estaba a punto de enfrentar: la traición, el arresto y la muerte. Les pidió a sus mejores amigos que se quedaran con Él, porque su alma estaba «muy triste, hasta la muerte» (Mateo 26:38). Pero Pedro, Jacobo y Juan se quedaron dormidos.
Jesús enfrentó la agonía del huerto sin el consuelo de una mano a la que agarrarse. Pero, gracias a que soportó ese dolor, sabemos que Dios nunca nos desamparará ni nos dejará (Hebreos 13:5). Jesús sufrió para que nosotros no tuviéramos nunca que estar separados del amor de Dios (Romanos 8:39). Su compañía hace que cualquier cosa que tengamos que sufrir sea más tolerable.

Jesús, gracias por soportar la cruz por nosotros y permitirnos vivir en comunión con el Padre.
Gracias al amor de Dios nunca estamos solos.

¿Sábado o Domingo?

dia de reposo, sábado, domingo¿Quienes tienen razón? ¿Los que creen que es el domingo o los que creen que es el sábado el día del Señor? Esta controversia es tan antigua como la iglesia misma. Y la razón es que los que observaban el sábado eran originalmente judíos cuya norma de conducta era la ley de Moisés. De modo que cuando el evangelio se comenzó a predicar entre los gentiles, o sea los no judíos, hubo un conflicto entre las dos corrientes. Por una parte, los cristianos alegaban que ya habían sido liberados de la ley y que ya no tenían ninguna obligación mosaica que cumplir. 
                                                 
Mas muchos judíos no solo se aferraban a la ley de Moisés, sino que incluso negaban que Jesús hubiera sido el Mesías prometido.   
                                                   
Pero había un tercer grupo, eran los judaizantes cristianos. Estos eran judíos que se habían convertido al cristianismo pero que todavía creían que se debían practicar las costumbres judías. Se habían mezclado en la iglesia para sembrar su doctrina legalista. Y si bien es cierto que los judíos guardaban el séptimo día, que es nuestro sábado actual, cierto es también que, con el advenimiento de Cristo, la ley vino a ser como un ayo que nos guió hasta la cruz del Calvario, pero que al morir Cristo en la Cruz, en ese momento terminó la ley y comienza el período de la gracia.                                                                                                      Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. (Romanos 10:4)