miércoles, 24 de octubre de 2012

Confiar en Dios - Meditaciones - vídeo

A veces parece que no creyeramos lo suficiente en el DIOS TODOPODEROSO del cual la habla la Biblia, porque nuestras actitudes, nuestras reacciones frente a los problemas de la vida, o las crisis que afrontamos reflejan la poca fe que en ocasiones le tenemos a Dios.
Tenemos fe en tantas cosas... y nos cuesta mucho tener fe en Dios. Por ejemplo, cuando abres el grifo para lavarte las manos lo abres confiando que saldrá agua y por supuesto que sale agua. Si vas a tu refrigerador en busca de comida lo abres esperando encontrarla, si sales a tu empleo y tienes que tomar un autobús, sales esperando que ese autobús pase a la misma hora de todos los días, si entras a tu habitación y está oscura, presionas un botón para encender la luz y es obvio que esperas que la luz aparezca. Hay cosas muy sencillas en las que demostramos fe; esa fe que no nos hace dudar, porque nadie duda de que cuando se abre el grifo de agua vaya a salir otra cosa que no sea agua, o que cuando enciendes la luz de tu habitación no se encienda, y es que casi nunca dudamos de cosas que hacemos diariamente porque tenemos fe en que funcionarán o nos darán los resultados que esperamos, pero en lo espiritual se nos hace difícil confiar en que Dios nos ayudará o nos dará las respuestas que necesitamos.
A veces parece que hay cosas más “poderosas” que Dios, porque confiamos más en esas cosas que en DIOS. Tienes un problema económico, pones tu confianza en un Banco, en un amigo o en un familiar; tienes problemas de salud, pones tu confianza en un médico o en un hospital de primera fila, pero nos cuesta confiar en lo que no vemos o en lo que no tocamos, nos cuesta confiar en que Dios nos ayudará.
Hagámonos una pregunta y seamos sinceros al contestarla:

¿REALMENTE CONFIAMOS EN DIOS?

Está bien, si confías en Dios entonces deja de preocuparte en extremo por cosas que a veces ya no tienes el control de solucionar, porque, ¿qué ganas con preocuparte en extremo?, sólo empeoras tu salud y tu ánimo.
Si realmente confías en Dios, debes mantenerte firme, no te alejes de Él, debes buscarle e insistir en la oración, pues tu misma confianza en Dios te hará querer estar cerca de Él.
Recordemos que DIOS es PODEROSO, que nunca ha perdido una batalla, que siempre ha tenido cuidado de los suyos, que nunca te dejará porque así Él lo ha prometido, que te ama a pesar de todo porque su amor para tu vida es ETERNO.
Quiero invitarte a confiar en ese Dios que te ama, en ese Dios que se preocupa por ti y, aunque muchas veces creas que se ha olvidado de ti, la verdad es que en ningún momento lo ha hecho; al contrario, a pesar de que no lo has notado Él ha estado allí cuidándote, protegiéndote, alimentándote, y, aunque tu poca fe no ha sido capaz de percibirlo, tienes que estar seguro de que Él ha estado siempre allí a tu lado.
Confiar realmente en Dios es descansar en Él, es dejarse de preocupar en extremo, es dejar de pensar como solucionar esto o aquello y dejarlo en las manos de Dios, es sonreír a pesar de todo, es buscarle a pesar que nos esté yendo mal, es no dejar de creer en lo que Él es capaz de hacer, es ver el futuro con esperanza sabiendo que al estar en sus manos estamos seguros.
Confiar en Dios es creer en lo que no veo, es esperar a que las cosas se den y terminen bien a pesar que van muy mal, es saber que las cosas no están acabadas y que todavía hay una oportunidad.
Confiar en Dios es decirle a mi mente que no creo en lo que me indica, sino en lo que Dios ha dicho en su Palabra, es ver con mis ojos espirituales más allá de lo que mis ojos carnales ven, es ver las cosas que no son como sí parecen ser, es ir en contra de la corriente, es seguir creyendo en lo que Dios va a hacer a pesar de que todos me dicen lo contrario.
Confiar en Dios es tener la plena seguridad de que pase lo que pase estaré seguro, porque Él es quien me cuida y me protege, por lo tanto, independientemente de la respuesta que reciba, mi vida estará segura en Él.
El Apóstol Pablo escribió lo siguiente: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” 2 Timoteo 1:12 (Reina-Valera 1960).
Saber en quien hemos creído nos debe dar seguridad y confianza de que TODO estará bien, es ver más allá de lo que nuestros ojos humanos ven, es confiar más allá de lo que nuestra mente quiere hacernos pensar, es escuchar la voz divina que nos susurra al oído "que todo estará bien y que no hay nada de qué preocuparse".
¿Sabes qué necesitamos todos nosotros?, confiar en Dios y declarar como el Apóstol Pablo: YO SÉ EN QUIÉN HE CREÍDO.
¡Tranquilo!, ¡Calma!, ¡Ten Confianza!, ¡No te desesperes!, Confía en Él, porque Él es Poderoso para cambiar cualquier panorama contrario.

¡CONFÍA EN DIOS!

“Declaro lo siguiente acerca del Señor:
Sólo él es mi refugio, mi lugar seguro;
él es mi Dios y en él confío”.

Salmos 91:2 (Nueva Traducción Viviente) 

Como niños - Cortometraje Cristiano


¿Quién dice que no podemos aprender de los niños? 

Más Grande Que Un Sentimiento - Crecimiento Personal

 “Aun si nos sentimos culpables, Dios es superior a nuestros sentimientos y él lo sabe todo.”
1 Juan 3.20
Culpa. Este es un tema que, para nosotros, surge y resurge una y otra vez. Cada vez que hablamos con gente sobre permitir que Dios sane su pasado, de alguna u otra manera, sin pretenderlo, terminamos señalando la culpa con la que viven y se sienten por las cosas que hicieron en el pasado. La culpa es una realidad en varios sentidos.
Es real en el sentido en que todos la sentimos. No obstante, en un sentido más poderoso, es real porque es el hecho de haber hecho algo malo. En ese momento todos la sentimos porque todos hemos cometido errores, hemos herido a alguien o hemos causado daño. Ese es el hecho. Basado en los hechos somos culpables de hacer esas cosas.
¿Cuál es el problema, entonces? Es fácil permitir que tu sentimiento de culpa nuble la manera en que te ves a ti mismo y al mundo que te rodea. Se convierte en la lente por medio de la cual nos vemos a nosotros mismos. Y cuando nos vemos de esta manera llegamos a la conclusión de que los demás nos ven de la misma forma, o que por lo menos  pueden sentir de nosotros una culpabilidad similar.
Por fuera puede que parezcamos estar seguros de nosotros mismos, dotados, exitosos, talentosos, etc., pero por dentro estamos como colgando de un hilo. Puede que podamos presentarnos de tal manera que la gente no pueda ver nuestro sentimiento, pero el sentimiento sigue vivo dentro de nosotros.
Esto se puede extrapolar fácilmente a nuestra relación con Dios. Él no puede ser engañado por nuestra fachada exterior. Él no se distrae con nuestros logros o bienes materiales. Él ve lo que hay dentro de nosotros. Ve la culpa y la vergüenza. Entonces ahora veamos el versículo antes mencionado, “Aun si nos sentimos culpables, Dios es superior a nuestros sentimientos…”
El hecho es que todos somos culpables, pero no debemos ser dominados por ese sentimiento. Dios es más grande que nuestros sentimientos. Él es capaz de tratar con los sentimientos que pueden habernos tenido atrapados. Es capaz de sanar esos sentimientos, capaz de cambiar nuestra perspectiva y empujarnos a avanzar hacia una vida saludable y efectiva.
¿Con qué culpa has estado viviendo? ¿Cómo te has estado viendo a ti mismo?
Hoy, lleva tu sentimiento de culpa a Dios y pregúntale cómo te ve Él. La respuesta es: perdonado. Siempre has sido perdonado. No permitas que los sentimientos de culpa te condenen a vivir una vida sin amor. Dios es más grande que tus sentimientos y puede ayudarte a dar y recibir amor de nuevo.

martes, 23 de octubre de 2012

La Mano del Maestro - Reflexiones

Estaba golpeado y marcado, y el rematador-licitador de la subasta pensó que, por su escaso valor, no tenía sentido perder demasiado tiempo con el viejo violín pero lo levantó con una sonrisa.
-¿Cuánto dan señores? -gritó-, ¿quién empieza a apostar?
-Un dólar, un dólar- alguien replicó después, -dos dólares.
-¿Sólo dos?
-Dos dólares y ¿quién da tres?, tres dólares, a la una; tres dólares a las dos; y van tres…
Pero NO, nadie pujó más. Desde el fondo de la sala un hombre canoso se adelantó y recogió el instrumento; luego, después de quitar el polvo del violín y una vez estiradas las cuerdas flojas, las afinó, y tocó una melodía pura y dulce como un coro de ángeles.
Cesó la música y el rematador, con una voz silenciosa y baja dijo: -¿Cuánto me dan ahora por el viejo violín?, y lo levantó en alto.
-Mil dólares y… ¿quién da dos? -¡Dos mil!, ¿Y quién da tres? Tres mil a la una, tres mil a las dos; y se va y se fue, -dijo.
La gente aplaudía, pero algunos decían: “No entendemos bien, ¿qué cambió su valor?”. La respuesta no se hizo esperar: “¡La Mano del Maestro!”
Que una melodía celestial brote hoy de tu vida si te dejas usar en las manos del Maestro por excelencia.
Efesios 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Estrella - Reflexiones - Vídeo


Durante la segunda guerra mundial era costumbre en los Estados Unidos que una familia que tuviera un hijo sirviendo en el ejército colocara una estrella en la ventana frontal de su casa. Cuando esta estrella era dorada, entonces significaba que éste había entregado su vida por su país.
Hace muchos años caminaba un hombre con su hijo por las calles de Nueva York y el niño, al ver las ventanas llenas de estrellas, preguntó a su papá sobre qué era eso; su padre le explicó lo que significaba y cómo estas familias que habían entregado un hijo por su país colgaban esas estrellas como un homenaje a su sacrificio.
Finalmente llegaron a un sitio vacío y pudieron observar el cielo iluminado de aquella noche. Podía verse, particularmente, una estrella muy brillante en el cielo, y el niño al ver este precioso espectáculo contuvo el aliento y afirmó:
- Mira papá. Dios también debió haber entregado a su hijo; hay una estrella colgada en su ventana.
- Es verdad, hay una estrella en la ventana de Dios, ¿te das cuenta de lo que Dios hizo por nosotros?: entregó a su hijo por toda la humanidad.
Cuando veas esta estrella en la ventana de Dios recuerda esto: “En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos.
“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3:16 “

Si Dios te llama, es porque Él te respaldará - Devocional

Muchas personas al ser preguntadas por qué no le sirven a Dios en algún área dicen: “Es que no me siento totalmente capaz”, “Es que siento que tengo que mejorar esto o aquello”, “Es que considero que no tengo grandes talentos”.
Cada una de estas excusas, porque lo son, no tienen un fundamento válido delante de los ojos de Dios, porque,¿quién está preparado totalmente para hacer algo para Dios? o ¿quién tiene “grandes” talentos para hacerlo?
A través de la Biblia se puede ver que Dios utilizó a personas comunes, normales, sin grandes cualidades o enormes talentos. La mayoría de ellos no eran eruditos de la Biblia, no eran escribas que se sabían toda la ley, no eran personas con grandes títulos académicos o con muchos diplomas de cursos bíblicos, misioneros, evangelísticos o pastorales. La gran mayoría de los siervos que Dios usó para su obra fueron preparados por Dios mismo.
Por ejemplo, Moisés era conocido por tener un temperamento fuerte, hasta el punto de que en un enojo mató a un soldado egipcio y tuvo que huir para no ser atrapado y posiblemente muerto también. Dios le llevó al desierto en donde pasó cuarenta años antes de que Dios le llamara para utilizarle como libertador de su pueblo; en ese tiempo la Biblia dice de Moisés: “Y aquel varón, Moisés, era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” Números 12:3 (Reina-Valera 1960). En aquel proceso en el desierto Dios había trabajado en el carácter de Moisés de tal forma que pudiera ser útil en la obra que Él necesitaba.
Moisés, también al igual que nosotros, puso excusas para servirle a Dios, pero cuando Dios te mira y sabe que puedes hacer determinada obra no hay excusa que valga. Después de  que Dios le hubiera encomendado la obra de liberar al pueblo de Egipto, Moisés le dijo a Dios: “Sin embargo, Moisés le dijo a Dios: —¡Pero es que yo no sé hablar bien! Siempre que hablo, se me traba la lengua, y por eso nadie me hace caso. Este problema lo tengo desde niño” Éxodo 4:10 (Traducción en Lenguaje Actual). La respuesta de Dios ante la excusa de Moisés es perfecta: “Dios le contestó: —Escúchame, Moisés, ¡soy yo quien hace que hables o que no hables! ¡Soy yo quien hace que puedas oír o que no oigas nada! ¡Soy yo quien puede hacerte ver o dejarte ciego! Anda, ponte en marcha a Egipto, que yo te ayudaré a que hables bien, y te enseñaré lo que debes decir.” Éxodo 4:11-12 (Traducción en Lenguaje Actual).
La respuesta de Dios a Moisés es la respuesta que Dios nos da a todos cuando ponemos excusas para servirle. Y es que cuando vas a realizar determinada tarea para la obra de Dios tienes que entender que no eres tú, sino Dios en ti; es Él mismo quien te utilizará como instrumento de bendición.
No puedes limitarte a ver que no eres bueno para esto o aquello, Si nos autojuzgamos, veremos que no somos tan buenos para hacer una determinada tarea, pero Dios no ve de la forma en que lo vemos nosotros; Él tiene ojos para ver lo útil que podemos llegar a ser para su obra, y por eso cuando nos llama, cuando nos insiste en el servicio, es porque Él quiere utilizarnos.
Ya no es tiempo de estar poniendo toda clase de excusas que al final no tienen valor, ya que si Dios puso sus ojos en ti para el servicio, es porque Él sabe que tienes la capacidad de hacer  esa obra que te está mandando hacer.
No te menosprecies, no creas que no eres el indicado, por el contrario, cuando Dios esté insistiendo en tu vida sobre el servicio deberías alegrarte, porque Dios mira en ti lo que tú mismo quizá no ves, y es que para Dios puedes ser un gran instrumento para su obra, pero para ello necesitas entender que Él quiere y puede usarte.
Es momento de disponer nuestro corazón para su servicio, no estés prolongando más el tiempo para servirle, no estés poniendo más excusas, mejor dile al Señor: ¡HEME AQUÍ!

“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.”

Isaías 6:8 (Reina-Valera 1960) 

¡DEBES DE ENTENDER QUE ES ÉL EN TI Y QUE NO ESTARÁS SOLO EN ESA TAREA QUE TE ESTÁ ENVIANDO A HACER!

El Poder de las palabras - Vídeo Reflexivo


Cuánto poder hay en las palabras, que hasta un simple cambio en ellas puede cambiar la manera de pensar de las personas... ¡Cambia tus Palabras.. cambia tu Mundo! 

Flores Primaverales - Reflexiones - vídeo

Cuando yo era una niña, y crecía en el oeste de Míchigan, siempre celebraba la primavera y las primeras flores el 1° de mayo. Hacía un canasta de papel y la llenaba de todas las flores que encontraba, la mayoría narcisos y violetas. Luego colocaba la canasta a la puerta de mi vecina, tocaba a su puerta, y me escondía rápidamente detrás de un arbusto. Atisbaba a verla cuando abría la puerta y recogía su sorpresa. Cuando ella entraba yo corría a mi casa.
La belleza de las flores primaverales y el cambio regular de las estaciones nos recuerdan la fidelidad de Dios. Cuando Noé y su familia con los animales salieron del arca después de que las aguas decrecieron, Dios les hizo esta promesa: “Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán” (Génesis 8:22). Y ha sido fiel en mantener esa promesa desde entonces. Dios “hizo . . . el universo” y sigue sosteniendo “todas las cosas por la palabra de su poder” (Hebreos 1:2-3).
Demos gracias a Dios hoy por su hermosa creación y por su fidelidad al sostener su mundo y a nosotros.
Mientras la tierra permanezca, . . . el día y la noche, nunca cesarán. Génesis 8:22.

lunes, 22 de octubre de 2012

¿Qué significa amar a Dios? - vídeo

Pienso que no existe una persona que crea en Dios verdaderamente y diga que “no le ama”. Está claro que todo cristiano ama a Dios, todos decimos amarle pero,… ¿sabes tú qué es amar a Dios de verdad? Amar a Dios es simplemente guardar sus mandamientos, guardar sus leyes, normas, estatutos y seguir Su palabra, así de simple.

Muchos cristianos proclaman la escritura: “Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Esta escritura es efectiva si “amamos a Dios”, es decir, si “guardamos los mandamientos” es por ello que la palabra nos dice lo siguiente: “Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días” (Deuteronomio 11:1) ¿Amas a Dios? Obedece los mandamientos, “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él”. (Juan 14:21)

Muchos cristianos dicen amar a Dios, no obstante sus acciones dicen lo contrario, sus hechos no corresponden con el amar a Dios; así lo declaró Isaías y luego Jesús lo citó: “Dice, pues, el Señor: "Porque este pueblo se acerca a mí con su boca y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;” (Isaías 29:13) Jesús llamó a estas personas, “hipócritas” (Marcos 7:6) que viven de apariencia y no obedecen los mandamientos de Dios.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15) es la declaración sencilla y directa de Jesús, y Él mismo es un ejemplo perfecto de obediencia y amor a Dios. Dios es fiel, Él cumple su palabra, sólo nos pide ser obedientes y así recibiremos su gracia y misericordia, “Conoce, pues, que Jehová, tu Dios, es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta por mil generaciones”, (Deuteronomio 7:9). Ciertamente debemos entender que “amar a Dios” no es sólo de palabras sino de hechos. Ser obedientes por amor a Dios, Él es nuestro Padre y ha prometido ser fiel y que si obedecemos “todas las cosas nos ayudarán a bien”, en el nombre del Señor Jesucristo, amén.