martes, 28 de agosto de 2012

Pantalones Mojados - Reflexión - vídeo

El niño de 8 años entró en el salón de clase para hacer su examen final. Se encontraba muy nervioso por el examen y su angustia creció tanto que sin poderse controlar se orinó en sus pantalones. Miró hacia abajo y vio como las gotas caían suavemente al piso.
Para su sorpresa, al levantar la vista y ver a su profesora, ésta le llamó a su escritorio. ¿Cómo podría moverse sin dejar al descubierto su situación? La profesora, al notar que el niño estaba como paralizado y no iba hacia ella, lentamente, se acercó al pupitre del niño. ¡Oh no!, pensó él. ¿Qué hacer? Ahora seré avergonzado y mis compañeros se reirán de mí.
En ese momento una niña compañera de clase vino hacia él con una pecera, y al pasar frente a él tropezó y derramó el agua de la pecera sobre la ropa de él, mojándole totalmente…. La maestra, apresuradamente, tomó al niño y le llevó al baño para ayudarle a secar su ropa, mientras él internamente decía: Gracias Dios, Gracias Dios. Si hay un Dios en el cielo qué gran regalo me diste.
Para ocultar aún mas lo que vivió le gritó a la niña.. ¿“NO sabes por donde caminas?..Idiota”
En el tiempo de recreo ningún compañerito se quiso acercar a esta niña y ella estaba sola. Todos la miraban con menosprecio por haber mojado al compañero. Cuando terminó la clase, la niña iba caminando solita hacia su casa ya que ninguno quiso estar con ella, y el niño se acercó y le preguntó: ¿Realmente tropezaste? ¿Fue un accidente? Y ella le miró y le dijo:
No, yo vi lo que te pasó, vi que te orinaste y la profesora venía hacia ti, por eso corrí y tomé la pecera para hacer que me tropezaba… porque no quería que fueras avergonzado. Ahora el niño estaba más paralizado de lo que se sintió en clase.
No puedo olvidar cómo Dios también muchas veces ha derramado la pecera sobre mí para protegerme. También yo muchas veces me he orinado en los pantalones… pero Él, con amor y cariño, recreó una situación que no entendí en el momento….pero luego debí agradecerle por haberme mojado con la pecera de su amor.
Efesios 2:4-5
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente con Cristo.
1 Crónicas 16:34
Celebrad a Dios, porque es bueno; porque su misericordia es eterna.
Salmos 57:10
Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad.


Desatando El Cambio En Mi Vida - Crecimiento Personal-vídeo

”Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierden el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos.” Jesús.
El cambio es un tema que no acabará. Vivimos en un mundo de cambio; hoy se habla del fenómeno del niño en cómo ha afectado al clima en el mundo; recientemente en este lado del mundo vemos una nación en crisis afectada por un gran terremoto, pero y ¿qué pasa con los “fenómenos” o “terremotos” que estás viviendo como persona en tu hogar o en tu trabajo?. A diario llegan emails buscando consejos, buscando ayuda, quieren un cambio en su vida o quieren ver un cambio en las situaciones que atraviesan. Seguramente tú mismo estás pidiendo un cambio
¿Cuáles son esos cambios que siempre has querido que sucedan en tu vida? Estoy seguro de que la mayoría de nosotros tiene ese deseo de cambiar, cambiar su situación financiera, cambio de carreras o de trabajo, cambio de relaciones, hábitos o incluso cambiar el CD de los malos pensamientos, de la baja autoestima, de la inseguridad y de la desconfianza que hay en su vida. Todos tenemos ese deseo de cambio y quienes creen que pueden hacerlo solos, están frustrados porque no lo logran. Creo que el cambio viene de Dios y es Él quien produce e inicia el cambio.
“Nadie se baña dos veces en el mismo río.” Heráclito
Pregúntate a ti mismo, ¿Estoy preparado para los cambios que vendrán?
Muchos quieren cambios pero no se preparan, piensan que si Dios les quiere cambiar, Él lo puede hacer. Claro que Él lo puede hacer, pero no lo hace porque es una elección que a ti te toca y es tu responsabilidad asumirlo. El produce el querer como el hacer, y esto me dice que debo hacer algo al respecto, es decir, que yo tengo mi parte en el cambio. Y antes de hacer algo tenemos que prepararnos.
Quiero dejar contigo una lista bien sencilla de verificación antes de ir a la batalla de esos cambios.
1. Conocer tu razón. ¿Qué es lo que te lleva a ese cambio?
La mayoría de nosotros queremos algo, pero realmente desconocemos por qué lo queremos. Te lo ilustro de la siguiente forma: La mayoría pensamos que queremos una casa, pero lo que realmente buscamos es “la comodidad”, y hay otros que buscan “la seguridad”. Cuando consigues una razón poderosa ten por seguro que el cambio llega.
Otro ejemplo es el siguiente: algunas personas quieren renunciar a su trabajo para iniciar su propio negocio. Ese negocio, a su vez, le dará lo que andan buscando que es libertad de tiempo y dinero para pasarlo bien con su familia y amigos. Esto es lo que ellos llaman “felicidad” y algunos le llaman “paz”.
Lo que te lleva a un cambio en el matrimonio es la necesidad de sentirte amada, valorada y protegida, como también la necesidad de sentirte respetado, honrado y admirado.
Tómate tiempo para reflexionar, no sólo pensar. Tú debes sentir lo que quieres ¿Qué quieres sentir? ¿Cuál es la sensación de estar allí? ¿Cómo está tu cuerpo ante la posibilidad de ese cambio? ¿Qué emociones se disparan ante ese inminente cambio que buscas?
2. Crear la intención de ganar ¿Quieres ese cambio?
Crear es un verbo que me encanta. Dios es creador y nos creó a su imagen y semejanza. Nos dio la capacidad de crear y no de destruir. Dios no quiere la destrucción. Él no anda buscando la destrucción de hogares o negocios. Él no te creó para el fracaso. Su intención es que ganemos en todas las áreas de la vida. Antes de comenzar un cambio debes preguntarte: 
¿Quiero yo realmente esos cambios?
Antes de hacer algo acerca de las cosas que quieres en la vida pregúntate si realmente las quieres. Antes de entrar en cualquier relación, cualquier empresa de negocio, o en cualquier batalla de la vida, asegúrate de realmente quererlo. No lo hagas porque otra persona lo quiera. Hazlo por ti. 
Sin una intención clara en lo que hacemos será más difícil poner nuestro corazón en ello.
Si es realmente lo que quieres entonces debes tener al menos la intención de cumplirlo. Recuerda que antes de entrar en cualquier batalla debemos saber que tenemos que ganar y la meta es ganar y ganar. No hagas las cosas sólo por el hecho de hacerlas. Lo que hagas hazlo para ganar. Dios no patrocina fracasos.
3. Soltar lo que lo detiene. ¿Qué te detiene?
Hay muchas cosas tratando de impedir que ocurran los cambios; necesitas despojarte de todo peso. Lo que te detenga tienes que dejarlo ir. Por ejemplo, si queremos perder unas kilos de más que cogimos en el mes de diciembre lo que necesitamos es soltar la pereza, los malos hábitos alimenticios y hacer ejercicio.
Mi mayor enemigo soy yo, no son las personas que me rodean, no es el diablo. A veces dormimos con el enemigo (malos hábitos, paradigmas, creencias o experiencias del pasado, actitud negativa, dudas e incredulidad, miedos, temores, religiosidad,…). Necesitas identificar lo que te detiene y te está robando fuerzas y, como dice el apóstol Pablo, despójate de tu vieja manera de vivir. Recuerda que está en tus manos dejar ir lo que te está deteniendo.
“Tus sueños deben ser más poderosos que tus temores” Pedro Sifontes
No puedes pretender alcanzar tus sueños, viviendo acompañado de temores. No puedes cambiar cuando te resistes al cambio. Si deseas cambiar y ser otra persona lo viejo tiene que irse, tienes que soltarlo, tienes que empezar a vestirte como la nueva persona que quieres ser.
Hoy es un buen día para comenzar a desatar el cambio en tu vida. Espero que esta reflexión te ayude a elevarte y te remonte en las alturas.

La Roca - Reflexión

Durante un naufragio, en una terrible tempestad, un marino pudo llegar a una pequeña roca y escalarla, y allí permaneció durante muchas horas.
Cuando al fin pudo ser rescatado un amigo suyo le preguntó:
–¿No temblabas de espanto por estar tantas horas en tan precaria situación, amigo mío?.
–Sí –contestó el náufrago–, la verdad es que temblaba mucho; pero… ¡la roca no!…Y esto fue lo que me salvó.
Salmos 18:2
Roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.
Salmos 31:3
Porque Tú eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás.
Salmos 61:2
Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo,
Salmos 71:3
Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, porque Tú eres mi roca y mi fortaleza.

Refúgiate en Él…
En medio de la tormenta, Él quiere ser tu refugio, quiere alimentarte, confortarte. Ven a reposar en Él hoy.
Salmo 46:1
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Salmos 62:7
En Dios descansan mi salvación y mi gloria; la roca de mi fortaleza, mi refugio, están en Dios.
Salmos 14:6
Del consejo del afligido os burlaríais, pero el SEÑOR es su refugio.
Salmos 31:4
Me sacarás de la red que en secreto me han tendido; porque Tú eres mi refugio.
Salmos 32:6
Por eso, que todo santo ore a ti en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente, en la inundación de muchas aguas, no llegarán éstas a Él.
Salmos 59:16
Pero yo cantaré de tu poder; sí, gozoso cantaré por la mañana tu misericordia; porque Tú has sido mi baluarte, y un refugio en el día de mi angustia.

lunes, 27 de agosto de 2012

Lo Unico que Quiero - Reflexión con vídeo

Lo único que quiero
Es cuando veas mi vida
Encuentres algo verdadero

Un corazón sincero

Lo único que quiero

Es que si necesitas
De alguien que cumpla tus sueños
Quiero ser el primero

Lo único que quiero

Es cuando veas mi vida
Encuentres algo verdadero
Un corazón sincero

Lo único que quiero

Es que si necesitas
De álguien que cumpla tus sueños
Quiero ser el primero

Dios mío yo quiero corresponder

Al amor que tú me das
Quiero amarte de verdad
En mi diario caminar

Y cuando tú regreses

Me encuentres haciendo
Tu voluntad

No dejes que mi vida

Se desperdicie en cosas
Que la pena no valdrán
Afanes ya no más

Sino que cada día

Aplique tu palabra
En mi forma de pensar
Mi diario caminar

Dios mío yo quiero corresponder

al amor que tú me das
Quiero amarte de verdad
En mi diario caminar

Y cuando tú regreses

Me encuentres haciendo
Tu voluntad

La entrega y la pasión en ti

Yo quiero en mí tener
Y cada día esforzarme
Por tu amor corresponder
Soy de ti

Dios mío yo quiero corresponder

al amor que tú me das
Quiero amarte de verdad
En mi diario caminar

Y cuando tú regreses

Me encuentres haciendo
Tu voluntad


Buscaré Ser Humilde

Y da gracia a los humildes. Santiago 4:6.
Los corazones humildes buscan la gracia y la alcanzan. Los corazones humildes se someten a su dulce influencia, y por eso se les concede con mayor largueza. Los corazones humildes habitan en los valles donde corren los arroyos de la gracia, y beben de sus aguas con abundancia. Los corazones humildes agradecen esta gracia y glorifican a Dios por ella.
Por eso, quedarle agradecido está en consonancia con la honra de Dios. Ven, querido lector, y acepta un lugar humilde. Hazte pequeño a tus propios ojos para que el Señor pueda hacer contigo grandes cosas. Tal vez digas: «Temo no ser bastante humilde». Este lenguaje puede ser el de la humildad. Algunos se envanecen de su humildad, lo cual es el peor de los orgullos. 
Somos menesterosos, inútiles, indignos, merecedores del infierno, y si no somos humildes, deberíamos serlo.
Humillémonos por haber pecado contra la humildad, y gozaremos del favor del Señor. La gracia es la que nos hace humildes, y esta humildad nos brinda ocasión para derramar mayor abundancia de gracia. Humillémonos para que seamos levantados.
Seamos pobres en espíritu para que el Señor nos enriquezca. Seamos humildes para que no tengamos que ser humillados, sino que, por el contrario, por la gracia de Dios seamos ensalzados.
Hoy por lo tanto entiendo que Dios espera de mí humildad para derramar su gracia sobre mi.
Señor, Gracias por tratar profundamente con mi corazón y desafiarme a vivir en humildad entregando todo mi orgullo infructífero en tu altar. Sé que de esa manera tu gracia me cubre. Amén.

En un almuerzo presidido por Mark Young, gobernador de Hong Kong, una dama de las más distinguidas se sintió menospreciada al descubrir que estaba sentada al extremo de la mesa, en vez de estar cerca del anfitrión.
Al terminar la comida, se acercó a Mark y le dijo con sequedad: “Según parece, no se preocupa usted de dónde se sientan sus invitados.”
“Señora”, replicó el gobernador, “a la gente realmente importante no le interesa el sitio donde se sienta; y sucede a veces que quienes se interesan por el sitio no son importantes.
Isaías 57:15
Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
Isaías 66:2
Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.

El Ratón Campesino y El Cortesano - reflexión-vídeo

Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte, y le invitó a que fuese a comer a la campiña. Pero como sólo podía ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le dijo:
“¿Sabes amigo, que llevas una vida de hormiga? En cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y los tendrás a tu disposición ”.
Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón cortesano a su amigo trigo, legumbres, higos, queso, frutas y miel. Maravillado el ratón campesino, bendecía a su amigo de todo corazón y renegaba de su mala suerte.

Dispuestos ya a darse un festín, un hombre abrió de pronto la puerta. Espantados por el ruido, los dos ratones se lanzaron temerosos a los agujeros. Volvieron luego a buscar higos secos, pero otra persona entró en el lugar, y al verla, los dos amigos se precipitaron nuevamente en una rendija para esconderse.
Entonces el ratón de campo, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón cortesano: “Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo mordisqueando la cebada y el trigo, mas sin congojas ni temores hacia nadie”.
Es tu decisión escoger el disponer de ciertos lujos y ventajas que siempre van unidos a congojas y zozobras, o vivir un poco más austeramente pero con más serenidad.
Fábula de Esopo

Que tengamos siempre una vida llena de paz y tranquilidad y que no cambiemos jamás eso por las simples cosas materiales. Dios tiene paz para tu vida y tranquilidad para tu mente. Rinde tu vida a Él y tendrás "paz".

Mejor es vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa. Proverbios 21:9

Oraciones Egoístas - Crecimiento Personal

Ya estoy cansado de pedir y pedir y Dios no me responde. ¿Acaso es que soy tan malo? ¿O es que Dios es insensible a mi necesidad? Trato de ser fiel, voy a la Iglesia, doy ofrendas y en lo que puedo ayudo al necesitado, pero de regreso lo único que recibo son turbaciones y dolores. ¿Puede darme una respuesta?
Así me dijo ese hombre alto con cuerpo de atleta pero con un corazón como el de un niño, niño desesperado porque sus juguetes no aparecen por ningún lado.
Los evangelios nos presentan la petición de oración que dos de los discípulos de Jesús le hicieron.
“Se le acercaron Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo.
 —Maestro —le dijeron—, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. Marcos 10:35 .
¿Notó? “Queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. ¿Qué era lo que pedían?
Cuando el Señor les preguntó: ¿Qué quieren que haga por ustedes? Ellos respondieron que en tu Reino uno de nosotros esté a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Quizás, al leer la respuesta de ellos, nosotros moviéramos la cabeza en señal de desaprobación mientras dijéramos internamente: “¿Qué les pasa a estos dos discípulos?”. Sin embargo, si revisásemos muchas de nuestras oraciones tendríamos que dejar de desaprobar esa acción de los dos seguidores de Jesús para cambiar nuestra manera de orar.
Si somos sinceros, muy sinceros con nosotros mismos, encontraríamos que con frecuencia hacemos ese mismo tipo de oración. “Queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”.
¿Se nos olvida acaso que la oración es un camino de dos vías? Por un canal voy yo, pero por el otro viene Dios.
Mis deseos no son los deseos de Dios. Por eso el Salmista escribió en el Salmo 37:4. “Deléitate así mismo en el Señor y él te concederá los deseos de tu corazón”.
La primera palabra en este verso es: “Deléitate” , la segunda es “Concederá” y la tercera es “Deseos”. Y estas tres palabras están en ese orden.
Deleitarse es encontrar sabor, gozo, placer y satisfacción y eso sólo se encuentra en el Señor, no en la gente ni en las cosas. Dios es el único que satisface y llena.
“Los ojos de todos se posan en ti, y a su tiempo les das su alimento”. Salmo 145:15.
Nuestros ojos se posan solo en Él. Eso es deleitarse. Cuando yo me deleito en el Señor mis deseos son desplazados y Él pone sus deseos en mí y entonces, y sólo entonces, se conceden los deseos del corazón que ya no son mis deseos sino los deseos de aquél en quien me deleité. En otras palabras, cuando comienzo mi oración "por deleitarme en su presencia" necesito estar listo para que esos deseos egoístas que me llevaron a orar sean desplazados por los deseos de Él.
Os voy a contar una historia: Hace unos años cuando llegamos a Madrid, mi esposa enfermó y al llevarla al hospital la doctora que la vio me dijo: “Señor, necesita dejar hospitalizada a su esposa en cuidados intensivos coronarios, porque el ritmo del corazón desciende demasiado y necesitamos valorarla con cuidado”. Tres días estuvo en el hospital. Las dos primeras noches me quedé en la habitación con ella casi sin dormir ya que el monitor que controlaba su ritmo cardíaco descendía y un sonido alertaba de esa anomalía. La tercera noche mi hija menor se quedó con ella y yo decidí irme a casa para interceder por mi esposa y pedir su sanidad. Cuando comencé a orar por su sanidad retrocedí y entendí que tenía que alabar a Dios primero y deleitarme en su presencia. Comencé a adorarle y alabarle y, en medio de ese tiempo de esa comunión con el Padre, cuando quise pedir por su sanidad, otro sentimiento estaba en mi corazón. Le dije al Señor: “Señor, pedirte que sanes a mi esposa me suena egoísta; más bien quiero  darte gracias por habérmela prestado durante casi cuarenta años y no me debes nada Señor, yo te debo a ti. Eres Soberano y si quieres llevártela, ¡quien soy yo para decirte que no!”.
Una ola de agradecimiento me envolvió. Al día siguiente cuando llegué al hospital, la doctora me dijo:  "Se le ha dado de alta....no tiene nada”.  Dios es soberano y Él sabe cuándo y cómo contestar.
Amado, amada…no uses la oración como una pastilla sedante para calmar tus angustias, ni para exigirle a Dios nada. Él no nos debe nada.  Nosotros le debemos a Él.
Oraciones egoístas  nos cargan, oraciones de deleite nos liberan.  No es lo que yo quiero, sino lo que Él quiere. No le reclames a Dios, deja que Él te reclame.
“Llegaré entonces al altar de Dios, del Dios de mi alegría y mi deleite, y allí, oh Dios, mi Dios, te alabaré al son del arpa”.  Salmo 43:4.
“Entonces hallarás tu gozo en el Señor; sobre las cumbres de la tierra te haré cabalgar, y haré que te deleites en la herencia de tu padre Jacob. El Señor mismo lo ha dicho”. Isaías 58:14.
Renunciemos a nuestras oraciones egoístas y entremos en sus atrios para deleitarnos.

La Otra Mujer - Reflexiones con Vídeo

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Después de varios años de matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.
“Tú sabes que la amas.” Me dijo un día, tomándome por sorpresa. “La vida es demasiado corta, debes dedicarle tiempo.”
“¡Pero yo te amo a ti!” Protesté.
“Lo sé. Pero también la amas a ella.”
La otra mujer, a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi MADRE, quien era viuda desde hacía 19 años, pero las exigencias de mi trabajo y mis 3 hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine. “¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?” Me preguntó mi madre. Ella es el tipo de mujer que una llamada tarde en la noche, o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.
“Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo.” Le respondí. “Los dos solos.”
Reflexionó sobre ello un momento. “Me agradaría muchísimo.” Dijo.
Ese viernes conducía para recogerla después del trabajo. Me encontraba algo nervioso. Era el nerviosismo que antecede a una cita… Y, ¡por Dios!, cuando llegué a su casa advertí que ella también estaba muy emocionada con nuestra cita. Me esperaba en la puerta con su abrigo puesto, se había rizado el cabello y usaba el vestido con que celebró su último aniversario de boda; su rostro sonreía e irradiaba luz como un ángel.
“Le dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y se mostraron muy impresionadas.” Me comentó mientras subía a mi coche. “No pueden esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada.”
Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero sí acogedor; mi madre se aferró a mi brazo como si fuera la primera dama de la nación. Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú. Sus ojos solo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mamá estaba sentada al otro lado de la mesa y me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.
“Era yo quien leía el menú cuando eras pequeño.” Me dijo.
“Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolverte el favor.” Respondí.
Durante la cena tuvimos una agradable conversación; nada extraordinario, sólo ponernos al día de la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.
“Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar.” Dijo mi madre cuando la llevé a casa. Asentí. La besé, la abracé.
“¿Cómo estuvo tu cita?” Quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.
“Muy agradable… Mucho más de lo que imaginé.” Contesté.
Días más tarde mi madre murió de un infarto masivo. Todo fue tan rápido que no pude hacer nada. Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo, y una nota que decía:
La cena la pagué por anticipado. Estaba casi segura de que no podría estar allí de nuevo, y por eso pagué 2 platos más, uno para ti y el otro para tu esposa. Jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mí.
Te amo.
En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo: “TE AMO” y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu familia, dales tiempo, porque ellos no pueden esperar.
Éxodo 20:12 “Honra a tu padre y a tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da.”

domingo, 26 de agosto de 2012

Mirar hacia Arriba - Reflexión - vídeo

Cuando estaba en secundaria me importaba mucho lo que mis amigos pensaran de mí. Durante esos años crecí más que el resto de mis compañeros. Ser tan alto me hacía sentir incómodo. Para mantener la atención lejos de mí, y de mi altura inusual, me uní al grupo que se burlaba de otros niños. Ser uno de los chistosos de la clase ayudó a asegurarme de que los chistes se dirigieran hacia otros y no hacia mí.
Yo hacía todo tipo de bromas que herían y a veces dañaban a los otros. Una vez, antes de la clase de gimnasia, mis amigos y yo pusimos pomada para curar torceduras en los pantalones cortos de gimnasia de uno de los niños del equipo de baloncesto. No solamente le humillamos, sino que también tuvo que ir a la enfermería. Pensé que iba a ser chistoso, pero nadie lo consideró así, y menos mi padre.
Mis padres no siempre pensaban que mi comportamiento era chistoso. Me recordaban" la regla de oro": tratar a otros como me gustaría que me trataran. Muchas veces me regañaban por la manera en que trataba a los demás. Lo que yo hacía era herir a otros niños y al mismo tiempo dañaba mi reputación como alguien a quien debería respetarse. Mis amigos me veían arriba porque yo era alto, pero ¿qué veían?
Mis padres querían que yo fuera un líder y un buen ejemplo para los otros: un ser humano decente. Me enseñaron a proponerme metas y a ser el mejor en todo lo que hiciera. En las lecciones que me daba mi padre, me decía una vez y otra vez que fuera el líder que merecía ser: que fuera un hombre grande de corazón y acciones, así como mi cuerpo. Tenía que preguntarme si era o no importante ser el tipo de líder y persona que mi padre creía que yo debía ser. Sabía en mi corazón que él tenía razón. Así que traté de seguir sus consejos lo mejor que pude.
Cuando me concentré en ser el mejor en baloncesto y me volví el mejor en el juego, me hice el propósito de ser un buen ejemplo. A veces tengo que detenerme y pensar antes de actuar; ocasionalmente cometo errores: todos somos humanos. Pero continúo buscando oportunidades donde pueda hacer una diferencia y poner un buen ejemplo, como me lo aconsejó mi padre. Ahora se lo dejo a ustedes.
“Sé un líder, Shaq, no un seguidor. Ya que la gente tiene que mirarte hacia arriba dales una buena razón para hacerlo”.
Shaquille O’Neal
(Estrella Baloncesto NBA)
Lucas 12:48 Se espera mucho de aquellos a los que mucho se les da, ya que su responsabilidad es mayor.