domingo, 26 de febrero de 2012

Mi Salvación No Depende De Mi

Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. — Efesios 2:8-9

En el reino de Dios, las cosas simples y (demasiado) fáciles generalmente son los medios mediante los cuales Dios cumple Sus deseos en nuestras vidas.
El arrepentimiento es una de esas actividades que se ven fáciles, pero nuestro orgullo personal tratará de probarle a Dios nuestra valentía y sinceridad, tal y como lo hizo Naamán. Trata de recordar las palabras del siervo de Naamán: “Padre mío, si el profeta te hubiera dicho que hicieras alguna gran cosa, ¿no la hubieras hecho? ¡Cuánto más cuando te dice: “Lávate, y quedarás limpio”! .
Recuerda que somos salvos por gracia, no por nuestra propia bondad o por nuestro propio esfuerzo. Son “las riquezas de Su [la de Dios] bondad” y Su “tolerancia y paciencia”, no Su enojo o frustración, lo que nos llevó al arrepentimiento.
Es demasiado difícil para nosotros despojarnos de nuestras nociones religiosas acerca de Dios y de Sus intenciones hacia nosotros.  Si no recordamos con cuánto afecto Él piensa en nosotros y cuánto quiere que estemos con Él todo el tiempo, sin importar lo que hayamos hecho o qué tan desesperadamente estemos perdidos por nuestra culpa, fallaremos en aprovechar este regalo tan maravilloso llamado arrepentimiento.
El arrepentimiento está representado en la Biblia la mayoría de veces como un regalo, una misericordia, o un beneficio concedido. No es una línea que Él dibuja en la arena, no es un precursor del castigo que preferiría darnos. Es un enorme error imaginar el arrepentimiento como una oportunidad para lucirnos ante Dios. Aunque hemos hecho mal, vamos a intentar “conciliarnos” con Él mostrándole lo indignados que estamos con nosotros mismos.
Una tentación sutil que todos nosotros enfrentamos en nuestra vida espiritual es tratar de “hacernos cargo de las cosas de aquí en adelante”, apreciar lo que Dios ha hecho por nosotros hasta hoy, pero tomar la carga de mantenernos a nosotros mismos en rectitud desde este momento en adelante.  Tratamos de “ser perfeccionados por la carne,” en lugar de continuar en el Espíritu. En otras palabras, intentamos comportarnos (en vano) tan bien como podemos con el fin de ser suficientemente buenos como para podernos arrepentir de lo que sea necesario por las cosas malas de nuestra vida.
Sentimos que es deshonesto contarle al Señor de nuestras malas obras antes de corregirlas. Equivocadamente suponemos que debemos esperar hasta que estemos afuera del bosque, ya no perdidos, antes de arrepentirnos por haber estado en ellos.
Por ejemplo, caemos en la trampa de llegar a la conclusión incorrecta de que es aceptable arrepentirnos de nuestra rabia sólo después de haber resistido con éxito la tentación de la furia. Esta es una de las ideas equivocadas básicas que nos impide querer arrepentirnos. Sin embargo, después de todo, el arrepentimiento dirige la atención a varios hábitos, pensamientos, comportamientos y actitudes que no pertenecen a nuestras vidas.
No es lo que sabemos que deberían ser (nuestra clave del arrepentimiento), y ya hemos tratado de detenerlos hasta donde nos es posible y sin ningún éxito perdurable. Si nos imaginamos que el arrepentimiento es nuestra promesa de nunca volver a hacer lo que hemos estado haciendo mal, sólo así tiene sentido que esperemos hasta que la tentación haya sido completamente conquistada antes de poder arrepentirnos legítimamente.
Primero queremos tener nuestro pecado bajo control para entonces poder arrepentirnos. No queremos atraer la atención de Dios al pecado antes de estar preparados para ofrecerle una garantía de nuestra victoria sobre el pecado, obtenida con mucha dificultad. Pero eso es como esperar a que tu casa se venda antes de contratar los servicios de una agencia de bienes raíces o como querer saber una canción antes de tratar de cantarla; haber recuperado la salud antes de visitar al médico. Nociones como ésta son retrocesos. Como el día de descanso, o la Biblia, el arrepentimiento fue diseñado para servirnos, y no al revés. Dios no dice: “¡Cambia! y después te puedes arrepentir legítimamente.” No. Él dice: “Arrepiéntete. Después podrás cambiar.
Hoy sé que por mi mismo no puedo cambiar; lo necesito a él.
Señor consciente estoy de que te necesito y acá estoy arrepintiéndome de lo que soy y de lo hago. Amén.

La vida cristiana no es un evento , es un proceso.


Ese proceso conlleva etapas que nos permiten considerar cuanto hemos crecido en nuestra relación con Dios.
Cuatro etapas de crecimiento están descritas en Mateo 26:26.
Dios primero nos toma, luego nos bendice, despues nos parte y luego nos comparte.


sábado, 25 de febrero de 2012

Te Amo Más que a Mi Vida


Si pudiera contar tus bondades,
los números se acabarían,
los libros no abastecerían.
Y si hubieran suficientes días,
para decir tus maravillas,
la eternidad no alcanzaría.
Y ahora el cielo es más azul,
cuando estoy junto a ti,
no me quiero separar,
te quiero en mi…
Te amo por completo,
Te amo Dios eterno
Te amo mas que a mi misma vida,
Te amo con pasión
te amo con fervor
Te amo mas que a mi misma vida.
No tengo otra razón para existir Señor
tú eres mi pasión, eres mi pasión
Mi corazón es tuyo,
mis sentimientos tuyos
tú eres mi pasión, eres mi pasión
*
Los inviernos ya no son tan fríos
porque ahora estas conmigo
ya encontré lo más querido
y aunque no sé que habrá mañana
mi corazón tiene la calma
pues eres toda mi esperanza
Y ahora el cielo es más azul,
cuando estoy junto a ti,
no me quiero separar,
te quiero en mi…

miércoles, 22 de febrero de 2012

Un hombre no es un pecador porque ha pecado, sino......

Un hombre no es un pecador porque ha pecado, sino que peca porque es un pecador.


Como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuantos todos pecaron.  Romanos 5.12

lunes, 20 de febrero de 2012

Mejor es ofrecer y dar que recibir


Creemos que cuando no recibimos amor, eso nos duele, pero lo que nos duele no es eso. El dolor nos acomete cuando no ofrecemos amor. Hemos nacido para amar. Se podría decir que somos máquinas de amor creadas por Dios. Cuando mejor funcionamos es cuando estamos dando amor. El mundo nos ha llevado a creer que nuestro bienestar depende de que los demás nos amen, pero este es el tipo de pensamiento puesto patas arriba que tantos problemas nos ha causado. La verdad es que nuestro bienestar depende de que ofrezcamos amor: no de lo que nos devuelven a nosotros, sino de lo que nosotros ofrecemos.

viernes, 17 de febrero de 2012

Andar en bici con Dios


Al principio veía a Dios como el que me observaba,
como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal,
como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
Era como un presidente,
reconocía su foto cuando la veía,
pero realmente no lo conocía.

Pero luego reconocí a mi Poder Superior, parecía
como si la vida fuera un viaje en bicicleta,
pero era una bici de dos,
y noté que Dios viajaba atrás
y me ayudaba a pedalear.

No sé cuando sucedió, no me di cuenta cuando fue que
Él sugirió que cambiáramos lugares,
pero mi vida no ha sido la
misma desde entonces... mi
vida con Dios es muy emocionante.

Cuando yo tenía el control, yo sabía a donde iba.
Era un tanto aburrido pero predecible.
Era la distancia más corta entre dos puntos.
Pero cuando Él tomó el liderazgo,
Él conocía otros caminos,
caminos diferentes, hermosos,
por las montañas, a través de lugares con paisajes,
velocidades increíbles.
Lo único que podía hacer era
sostenerme, aunque
pareciera una locura Él solo me decía ¡¡Pedalea!!.

Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba,
"¿A donde me llevas?"
Él solo sonreía y no me contestaba,
así que comencé a confiar en Él.

Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura,
y cuando yo decía "estoy asustado",
Él se inclinaba un poco para atrás
y tocaba mi mano.

Él me llevó a conocer gente con dones, dones de
sanidad y aceptación, de gozo.
Ellos me dieron esos dones para llevarlos en
mi viaje. Nuestro viaje, de Dios y mío.

Y allá íbamos otra vez.
Él me dijo "Comparte estos dones, dalos a la gente,
son sobrepeso, mucho peso extra".
 Y así lo hice, a la gente que conocimos,
encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.

No confié mucho en Él al principio,
en darle control de mi vida.
Pensé que la echaría a perder,
pero Él conocía cosas que yo no
acerca de andar en bici,secretos.
Él sabía como doblar para dar vueltas cerradas,
brincar para librar obstáculos llenos de piedras,
inclusive volar para evitar horribles caminos.

Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por
los más extraños lugares,
y estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la
suave brisa en mi cara
y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de
mi Dios.

Y cuando estoy seguro de que ya no puedo más,
Él solo sonríe y me dice

"¡¡PEDALEA!!"

jueves, 16 de febrero de 2012

ÉL estaba ahí........conmigo.

El otro día me sentía mal. Me asaltó la depresión. Pensaba cientos de cosas, y todas me conducían a lo mismo. Todas me hacían sentir pesaroso. No sabía cómo salir de esa "pesadilla", cuando me dije: ¡claro, si tengo a mi mejor amigo, tengo a Jesús, debo acudir a ÉL! Pensé en ÉL, oré, le dije qué era lo que me estaba pasando, le rogué, y cuando me giré..., ÉL estaba ahí.
Dios no abandona nunca a los que le quieren, no abandona a sus siervos, no lo hace a sus hijos. Y yo noté, como dice la canción de J. A. Romero, su presencia. Ya no tenía miedo pues ÉL estaba conmigo.
"En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo". 1 Juan, 4-18

martes, 14 de febrero de 2012

DIOS NOS DIJO... ¡LUCHA!, ¡ESFUÉRZATE!


Hay dos frases bíblicas que son de gran importancia y que pueden ser aplicables a toda persona:

"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes...." (Josué 1:9)

"Y también el que lucha..., no es coronado si no lucha legítimamente." (II Tim. 2:5)

lunes, 13 de febrero de 2012

LA PREGUNTA DE UNA CAMPESINA


 Hace muchos años, en época de Navidad, un conferenciante ateo recorría las campiñas y sembraba la duda entre los sembradores. Lo hacía tratando de probar que es poco razonable creer en Dios y considerar que la Biblia es su palabra.

Una noche muy fría, el conferenciante, creyéndose dueño de la situación ante cierto número de personas, lanzó un desafío al Dios Todopoderoso, exclamando:
¡Si hay un Dios, que se revele a sí mismo y me quite la vida en este instante! Como no sucedía nada, se dirigió a sus oyentes y añadió: ¡Lo ven! ¡No hay Dios! 

Entonces, ante el silencio de los presentes, una diminuta campesina que llevaba atado un pañuelo en la cabeza, se levantó de su asiento y dirigiéndose directamente al orador, le dijo: 

Señor, usted perdone mi atrevimiento ya que soy una mujer inculta y no se replicar sus argumentos; su saber es muchísimo mayor que el mío. Usted es un hombre instruido, mientras que yo soy sólo una simple campesina. Como usted tiene una inteligencia muy grande, le ruego me responda a lo que le preguntaré.

Yo creo en Jesucristo hace muchos años, y precisamente llegando estas fechas navideñas todos los que en El creemos, recordamos que vino a nacer a este mundo para darnos la salvación de la vida eterna, quiero decirle que me regocijo en la salvación que El me dio, y aunque inculta he aprendido a leer un poquito, y hallo gran gozo en la lectura de la Biblia. Si cuando llegue la hora de mi muerte, me entero que no hay Dios, que Jesucristo no es el Hijo de Dios, que la Biblia no es la verdad y que no existe la salvación ni el cielo; dígame, ¿qué habré perdido al creer en Cristo durante mi vida?

La concurrencia esperaba ansiosamente la respuesta. El incrédulo pensó durante varios minutos y finalmente respondió:
Pues, señora, usted no habrá perdido absolutamente nada.
Caballero—continuó la campesina--, usted ha sido muy amable al responder mi pregunta.

 Pero permítame formularle otra. Cuando llegue la hora de su muerte, si usted descubre que la Biblia dice la verdad; que hay un Dios; que Jesús es el Hijo de Dios; que existe el cielo y también el infierno; dígame, señor, ¿qué habrá perdido  usted?
Inmediatamente, la concurrencia, de un salto, se puso en pie y aclamó a la campesina. El conferencista no halló respuesta. 

Cuando la Biblia habla de tales hombres los califica de necios: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1). ¡Cuán solemne es, para aquel que está en el umbral de la eternidad, ser llamado “necio”. La verdadera sabiduría nos hace comprender que Dios, quien es justo y santo, debe castigar el pecado.

Esta sabiduría nos impulsa a creer que el juicio, anunciado anticipadamente, caerá sobre este mundo a causa de la maldad del hombre. Si tú eres sabio, busca el amparo que se nos ofrece contra ese desdichado destino, y hallarás un refugio en Cristo Jesús quien quiere ser tu Salvador.

Si estás dispuesto, a buscar ese refugio y recibir a Jesucristo como tu único y suficiente Salvador hoy, dile:

“Dios, creo que tu existes, que eres el creador de los cielos y la tierra, creo que todo te pertenece, incluso yo; creo además, que tú enviaste a tu Hijo Amado Jesucristo, a morir por mí en la cruz del calvario, para darme el perdón de mis pecados y la salvación eterna. Considerando todo esto, reconozco que soy pecador y necesito tu perdón, razón por la cual te pido que me perdones por todos los pecados que he cometido; acepto la invitación que tú me haces de recibirte en mi vida, y te invito a que entres en mi corazón, y seas mi único y suficiente Señor y Salvador. Gracias Señor, por haberme perdonado, por haberme salvado y dado el regalo de la vida eterna. Amén.”