martes, 31 de marzo de 2020

La Dignidad del Trabajo

Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios”. 1 Tesalonicenses 2:9 
Para el hombre, el trabajo es muy importante y necesario. El trabajo dignifica a la persona, que logra su sustento a través de su esfuerzo. Dignifica porque a semejanza de Dios, modificamos la creación. No es que creemos algo de la nada, sino que somos partícipes del acto creador infundiendo una forma y una finalidad a los objetos. Con los dones que recibimos de Dios, modificamos nuestro entorno y logramos nuestro alimento. Pero también crece nuestro espíritu, que se hace más esforzado y se acostumbra a las dificultades.
Resultado de imagen de La Dignidad del TrabajoPor eso el apóstol Pablo recuerda a los hermanos de la comunidad de Tesalónica su propio trabajo y fatiga. Trabajaba de noche y de día para no depender de los cristianos, sino ganar su sustento mientras a la vez les llevaba el Evangelio.
Es lo que deberíamos imitar nosotros, la prédica del Evangelio sin dejar por eso de trabajar y santificar nuestro lugar de trabajo. Lo contrario podría debilitar nuestro espíritu, haciéndonos cómodos y dados a los pensamientos ociosos.
Cuando Pablo le habla a la misma comunidad en otra ocasión, les dice: “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entrometiéndose en lo ajeno.” (2 Tesalonicenses 3:10-11)
La falta de ocupación honesta, provoca que nuestro espíritu divague y pierda su firmeza. Nos empezamos a dedicar a lo superfluo, y así nos sobra energía. Nos empiezan a interesar los comentarios, las charlas sin sentido, los chismes, los escándalos.
Todo esto nos aleja de la Palabra de Dios. En ella vemos que los verdaderos hombres de Dios se dedicaron a predicar, pero sin dejar de ser útiles a los hermanos con su trabajo.
El Señor también trabajó
Cristo inicia su vida pública con el bautismo en el Jordán. Antes de eso, se preparó durante 30 años para la obra que iba a llevar a cabo con su prédica. Durante todo ese tiempo, es de suponer que compartió el oficio de su padre putativo, aprendiendo el trabajo de carpintero y colaborando con él a traer el pan a la mesa.
Ningún aspecto de la vida humana fue dejado de lado por Jesús. Todo lo bendijo con su vida en la tierra. Compartió en todo nuestra naturaleza, excepto por el pecado. Por eso el trabajo no es una carga para el cristiano. No es una maldición, sino un medio para que la bendición de Dios caiga sobre nosotros.
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.” (Colosenses 3:23)
En medio de los trabajos, debemos pensar que es una oportunidad de ofrecer a Dios nuestras obras. Si las hacemos bien, buscando la excelencia, no las hagamos para que los hombres nos alaben. Sino que debemos hacerlo para la mayor gloria de Dios.
Pensemos en nuestros lugares de trabajo. Pensemos en las personas con las que tratamos y que observan nuestro desempeño. ¿No nos estamos perdiendo una gran oportunidad de que los demás se pregunten por qué trabajamos con tanto entusiasmo y alegría? Si ofrecemos nuestro trabajo a Dios, no hay otra forma de llevarlo a cabo que en medio de alabanzas y acción de gracias.
De esta manera estaremos dando testimonio a la vez que cumpliendo con nuestro deber. Son pequeñas actitudes que demuestran a los demás que somos felices, porque Dios está presente en todos los aspectos de nuestra vida.
No somos cristianos cuando vamos a las reuniones. No somos cristianos en nuestra casa cuando tomamos la Palabra en nuestras manos. Somos cristianos las 24 horas, sea que durmamos, trabajemos o descansemos. Y por esto nuestro testimonio será continuo y llevará a los demás a querer seguir a Jesús, el hijo del carpintero.
Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”. (Proverbios 16:3)
Si entregamos al Señor nuestro trabajo, Él se ocupará de llevarlo a buen término. Si es para nuestro bien, nos concederá lo que pedimos y nos colmará con su bendición.
No vivamos ociosos. El Señor bendijo el trabajo, y el apóstol nos lo recomienda para no debilitar nuestro espíritu. Trabajemos con ímpetu y dando lo mejor de nosotros, sabiendo que mediante nuestro testimonio, también predicamos el Evangelio.

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