jueves, 30 de mayo de 2019

La naturaleza de Dios y la mía

Una fábula dice así:
 
Resultado de imagen de La naturaleza de Dios y la míaSe cuenta que una vez, un maestro oriental vio cómo un alacrán estaba ahogándose en un pozo de agua y decidió sacarlo fuera. Cuando lo hizo, el alacrán lo picó duramente. La reacción al dolor hizo que el maestro lo soltara de inmediato y el animal cayó al agua, y en un instante estaba ahogándose de nuevo. 
El maestro intentó sacarlo una y otra vez; y cada vez que lo hacía el alacrán volvía a picarlo con su punzón, sin vacilar.​
Un joven que estaba observando la escena, se acercó al maestro y le dijo: ¡Perdone; pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacar a este asqueroso animal del agua, lo picará? El maestro respondió: La naturaleza del alacrán es picar; pero esto no va a cambiar la mía, que es ayudarlo y salvarlo.​
Entonces, ayudándose con la hoja de un árbol, el maestro sacó al escorpión del agua y le salvó la vida. El maestro no cesó en intentar encontrar la manera de salvar su vida.

Yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.

(NBLH, Salmo 51:5).


Después del pecado original en el Huerto del Edén, el hombre se escondió de Dios, avergonzado, con miedo, con necedad en su corazón, echándose las culpas uno a otro, con desesperación, a causa de su desobediencia y de su agravio al Creador.​

Dios, que en esencia es amor, busca al hombre, lo encuentra, lo cuestiona, le hace túnicas de pieles, cubre su desnudez y los viste. De esta forma Dios promete el canal de salvación eterna, apunta y señala al Salvador. (Génesis 3:8-24).
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Al igual que el maestro oriental comprendía que el alacrán le seguiría picando cada vez que le extendiera su mano, pero decidió seguir salvándole y apuntando una manera de salvación: la hoja del árbol, Dios al igual comprendió que el hombre en su necedad, continuaría pecando, seguiría haciendo cosas desagradables a Él, seguiría produciendo punzadas en el corazón de Dios. !Pero no importa! Dios decidió seguir amándolo, Dios sigue extendiendo su gracia y propiciando un medio de salvación: ¡La sangre de Cristo, la cual nos limpia de todo pecado! Véase, 1 Juan 2:1.​
Jesús dijo: De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Este concepto debe penetrar en las mentes de los auténticos cristianos: Dios nos ama, nos acepta y quiere a cualquier precio una relación personal con nosotros. 
Él publica un medio de salvación incomparable e insustituible, Jesucristo y el derramamiento de Su sangre en propiciación por nuestros pecados.
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Mi relación con Dios no dependerá más de mis actitudes (de mi naturaleza) para ganar el cielo, no dependerá jamás de mi conducta o de la manera de mis comportamientos. !Soy pecador, soy como el alacrán!, y seguiré pecando; pero Dios en su amor me seguirá amando, me seguirá perdonando y seguirá cada día mostrando la manera de sacarme del hoyo cenagoso y del hueco de la perdición. (Isaías 38:17; Salmos 103:4).​
Y no estamos promoviendo el libertinaje para pecar, sino que no cesamos de proclamar el amor incondicional de Dios por el pecador.
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El maestro oriental decía: "La naturaleza del alacrán es picar; pero eso no cambiará la mía, que es ayudarlo y salvarlo.​
Dios no cambiará su naturaleza. Él es un Dios inmutable, el alfa y la omega (Apocalipsis 1:8), el que es antes que todas las cosas (Colosenses 1:17). Y su esencia es el amor, por lo que ama a sus criaturas hechas a su imagen y semejanza.(Génesis 1:26). Y hace lo increíble por librarlas de la perdición.​
Dios ama al pecador, anhela vehementemente lograr una relación con nuestras almas, y nos regala la salvación. Dios quiere salvarnos de la perdición eterna. (Juan 3:16).
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- MI NATURALEZA ES: Pecar.
- SU NATURALEZA ES: Amar, perdonar y ofrecer la Vida Eterna por medio de la sangre derramada de Su Hijo, provista para mí, que soy pecador.
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Oremos pues, 
¡Dios Mío!, quiero vivir todos mis días creyendo por fe en la esencia de tu naturaleza compasiva, de amor y de misericordia por mí que soy un miserable pecador. Quiero abrazar tu gracia y tu perdón. 
Señor Jesús, quiero descansar en tu amor incondicional a mi favor, para que cada día me ayudes a serte fiel, y a ser un cristiano más auténtico y menos religioso. Amén.
 ¡Gracias Dios! por tu naturaleza, porque siendo yo un pecador Cristo murió por mí. (Romanos 5:8).

¡Qué sería de mí si no creyera con toda confianza, en esta naturaleza compasiva y salvadora de Dios!, que siendo yo un pecador, Cristo murió para salvarme.

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