jueves, 17 de septiembre de 2015

Las Lágrimas de un Líder Cristiano

Cada vez que ocurre algo malo en la congregación,... siempre el que soluciona todo es el “Líder”. Todo lo tiene que arreglar él; si alguien se enfermó, si hay alguien muerto, si hay escasez económica, problemas familiares, endemoniados, etc., siempre es el “Líder” el encargado de resolverlo. Ahora bien: ¿Quién entiende a un líder? Siempre tiene tiempo para escuchar a sus seguidores, para aconsejarlos y para orar por ellos; sin embargo, el líder también es un ser humano que tiene necesidades, sentimientos y problemas como el resto de personas.
Un líder esconde muchas veces sus sentimientos, para luego desahogarse en un rincón o con la almohada de su cama. A él siempre se le exige rendimiento, es llamado a cualquier hora, y criticado por su trabajo. Muchas personas se dedican a capacitar “lideres“, pero nadie está listo para ejercer este cargo hasta que lo ha experimentado.
Yo me dirijo a ti, líder:
A ti, que cada vez que tienes una actividad, ves con qué pereza responden las personas de las cuales dependes.
A ti, que has experimentado el insoportable frío de la noche y el desesperante calor del día, mientras te diriges a orar por tu rebaño.
A ti, que siempre han criticado tu trabajo, y que en vez de decirte que sigas adelante, se han dedicado a bajarte los ánimos al suelo.
A ti, que siempre oras por tus seguidores y te dedicas a leer la Biblia para poder enseñarles.
A ti, que te has sentido solo y que cuando miras a tu alrededor te das cuenta que no tienes apoyo.
A ti, que muchas veces te han dado ganas de gritar “¡ya no puedo más!”, y has querido renunciar para no sentir tanta presión.
A ti, que has llorado solo, pensando solamente en ver la luz de un nuevo amanecer.
A ti, siervo de Dios, varón (mujer), esforzado(a), valiente…, te recuerdo que Dios siempre ha estado contigo. Él nunca te ha dejado y está dispuesto a darte todo lo que necesitas para seguir adelante en Su obra.
Continúa, haz el trabajo que Jehová te encargó. Olvida a los que te critican, pues ellos no te ayudarán, tú adelante, termina tu hazaña y verás cómo se callan.
Tú solo contempla la meta y no veas lo difícil que es alcanzarla, piensa que si Dios te colocó en ese lugar es porque Él sabe que puedes hacerlo y además, porque Él confía en ti…
Demuéstrale a Dios cuanto lo amas y realiza con amor tu trabajo; llorar te está permitido, tienes porqué hacerlo, pero no te quejes; haz de cada lágrima una promesa de combate, recuerda que eres bienaventurado.
Y recuerda: “Por tanto, id y haced discípulos a las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:19-20

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