viernes, 28 de marzo de 2014

Cuando te sientas estresado

Hace tiempo fui al doctor porque estaba constantemente enferma. Me dijo que los síntomas eran el resultado de estar estresada. Estaba durmiendo mal, alimentándome inadecuadamente y exigiéndome más y más, todo en nombre del servicio al Señor.
La palabra estrés fue, originalmente, un término de la física aplicada a la ingeniería, que se usaba para referirse a la cantidad de fuerza que un balancín u otro soporte físico, podía aguantar bajo presión sin colapsar.
En nuestro tiempo el término estrés incluye, y se usa preferentemente, para medir la presión mental o emocional soportada por una situación agobiante. Y es algo normal en la vida de todos. 
Pero Dios nos ha creado con la capacidad de sobrellevar una cierta cantidad de presión y tensión. El problema se suscita cuando nos esforzamos más allá de nuestras limitaciones, lo que nos puede llegar a ocasionar un daño permanente.
Y por supuesto, la paz está destinada a ser la condición natural de todo creyente en Jesucristo. Él es el Príncipe de Paz, y en Jesús encontramos nuestra herencia de paz. Es un don del Espíritu Santo que Él nos da, cuando vivimos en obediencia a su Palabra.
Además, la paz que Dios da se manifiesta en tiempos buenos o malos, cuando hay abundancia o escasez. Su paz opera en medio de la tormenta.
Filipenses 4:6-7
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

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