lunes, 3 de septiembre de 2012

La gratitud te acerca a Dios - vídeo

“Haz que sea la gratitud tu sacrificio a Dios y cumple los votos que le has hecho al Altísimo.” Salmo 50:14 (Nueva Traducción Viviente)
La gratitud hacia Dios mantiene una buena comunión con Él. Un creyente agradecido siempre tendrá claro en su corazón que ya ha recibido la más grande dádiva de Dios y que, si bien pueden existir pruebas en su exterior o carencias de algún tipo, su mayor bien jamás le será quitado. Cuando un creyente desvía su mirada de Dios y se enfoca en sus aparentes carencias se empieza a formar amargura en su corazón. Éste comenzará a compararse con otros creyentes en referencia a bendiciones recibidas de parte de Dios creando en sí un hueco vacío.
Existirán además ocasiones en las cuales las promesas de Dios no llegarán a la vida del creyente en el tiempo que éste quiera, y ello puede ser un catalizador de duda y falta de gratitud a Dios si el creyente lo permite. Un creyente con falta de gratitud, constantemente se quejará de sus circunstancias y restará mérito a los logros de las demás personas. Todo lo anterior dicho, lejos de hacer que Dios bendiga al creyente, sólo retrasa lo que éste anhela y lo aleja de Él.

Por el contrario un creyente agradecido intentará alabar a Dios en todo lo que haga, con un entendimiento correcto de Él, tanto que verá todo como un regalo y oportunidad de ser mejor para Dios.
En este versículo Dios nos invita a practicar la gratitud primeramente porque ello le honra, y segundo porque es un beneficio para los que lo practican. Algunos científicos afirman que la gratitud genera endorfinas que es un componente del cuerpo que está relacionado con estar contento y alegre.
Cada vez que dedicamos tiempo a enumerar las bendiciones que hemos recibido de parte de Dios y le damos la gloria por ello, estamos construyendo un puente de comunión hacia Él. Y dentro de nosotros se producirá alegría.
Si en ti hay síntomas de corazón mal agradecido, te invito a hacer memoria de todo lo que has recibido de tu Dios, comenzando por Él y la salvación de Jesucristo. Recuerda cómo era tu vida sin Dios y reconoce todo el bien que te ha hecho.
Día a día da una ofrenda agradable a Dios en todo lo que hagas. Practica la gratitud como un hábito y obtén todos sus beneficios.

Acércate más a Dios, haciendo que sea la gratitud tu sacrificio a Él.


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