viernes, 15 de junio de 2012

Papá me escucha- Familia

Susan Thompson, tanto como puedo recordar, siempre practicó tocar el piano. Aún tomaba lecciones cada semana. Pero lo que resaltaba más que cualquier cosa era que practicaba cuatro horas cada día. Aunque... no debería tocar el piano.
No importaba cuánto practicase, nunca mejoraba. Todos le preguntaban por qué no se rendía. Ella explicaba que éste era su único y verdadero gozo en la vida. Era algo que nadie podía arrebarle.
Y es que ella era adoptada y, mientras crecía, siempre recibió lo que le quedaba pequeño a los demás. Como ella era la más joven en esta familia, hubo un montón de cosas que le pasaron. La única cosa que ella podía llamar suya era el piano que compraron sus padres. Aunque fuera la más joven de todos los hermanos, todavía era suyo ya que a ninguno de los demás hijos le interesaba tocarlo.
Las semanas se hicieron meses y los meses años. Nunca se rindió. Durante la escuela primaria y aún durante la secundaria practicó. Sus maestros de piano le permitían, de vez en cuando, participar en un recital. Generalmente la dejaban la última, de esa manera los otros padres podrían irse sin escucharla. Sí, así de mal tocaba.
Tal vez nos preguntemos por qué era tan mala. ¿Era sorda a los tonos musicales? ¿Era sorda? No, ella sólo tenía ocho dedos. Todos los maestros de piano le dijeron que nunca podría tocar bien debido a eso. Susan nunca se rindió: solo sonreía y seguía practicando.
Al cumplir 24 años estaba trabajando en Wal-Mart como cajera. A la gente le sorprendía que ella pudiese manejar casi cualquier cosa sin problemas. Desde empaquetar cosas hasta contar el cambio. Susan trabajó allí durante los siguientes 15 años. Incluso llegó a ser jefa de los cajeros.
Un día, mientras trabajaba, la tienda anunció una llamada para ella. Esto no era extraño, ya que de vez en cuando sus padres le pedían a uno de los niños que la llamasen para que trajese algo de la tienda a casa. Pero este día ese no fue el caso. La llamada era de una de sus hermanas. Ella dijo que Papá había muerto y que necesitaba volver a casa. Sin dudarlo, llamó al supervisor y le dieron permiso.
De camino a casa, lloró intensamente. Ella siempre había tenido un lugar especial en su corazón para su papá, aunque no fuese su padre biológico. Fue él quien insistió que comprasen el piano. También fue él quien mantenía a raya a la familia mientras ella practicaba. Aunque sonase mal, no permitía que los demás muchachos la molestasen.
Tres días después, una vez que se hicieron los arreglos para el funeral, Susan pidió tocar. Todos los muchachos estaban en contra de aquello, pero mamá insistió que estaría bien. Debían comprender que papá era un hombre muy querido y que su funeral era muy asistido. Los muchachos no querían sufrir la vergüenza de tener que escucharla a ella tocar el piano, especialmente durante el funeral de su padre.
Cuando Susan se sentó al piano, hubo un silencio tal en la iglesia que uno pudiese haber oído caer un alfiler. Todos conocían a Susan y sabían cómo tocaba. Todos pensaron que era una manera no muy maravillosa de honrar a su padre al tocar ella tan mal...
Ella comenzó a tocar "Sublime Gracia", y el sonido que salió del piano no semejaba nada que hubiesen oído jamás. Era como si un ángel tocase. Las notas eran tan claras... y Susan aún agregó unas pocas de ella misma. Para cuando ella terminó de tocar, no había un ojo seco en toda la iglesia. Cuando se desvaneció la última nota, Susan se puso en pie, se dirigió a su papá y le dio un beso de despedida. Entonces se fue a su asiento y lloró.
Tras el culto, la gente se reunió a su alrededor para preguntarle por qué nunca había tocado así antes. Ella dijo: “Hoy era el primer día del resto de su vida en que su papá podría oírla tocar”. Y es que su papá era sordo de nacimiento, y aunque había ido a cada uno de sus recitales, nunca la había escuchado. Ella sabía que ese día, y para siempre, podría oír.
Susan llegó a tocar el piano para su iglesia, y en muchas otras funciones. También llegó a ser maestra de piano. Siempre la podíamos escuchar decirle a un estudiante nuevo que no importaba cuán mal sonase al comienzo, aprendería a tocar. Cuando le preguntaban cómo podía saberlo, ella simplemente contestaba: “Mi padre está escuchando”.
Richard Causey, 2007
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Dios siempre nos escucha porque es el Gran y Buen Padre. No temas ofrecerle a él lo mejor de ti. Él siempre te espera.
Y escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren hacia este lugar; escucha tú en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona. 1 Reyes 8:30
Escucha Tú desde los cielos y obra y juzga a tus siervos, condenando al impío haciendo recaer su conducta sobre su cabeza, y justificando al justo dándole conforme a su justicia. 1 Reyes 8:32

El sabio-Reflexión

El sabio se mantiene alejado de la rivalidad,

de la codicia y de la confusión

producida por los deseos.
El sabio es feliz al vivir,


es bondadoso y armoniza con todos,

es sincero al hablar, equilibrado

y recto en el trabajo y en la vida.
Cuando acaba su obra, se retira oportunamente,

su respiración es fresca como la de un niño,

y busca siempre beneficiar a los hombres.
El sabio es difícil de comprender,

es cauteloso como quien atraviesa

un río en invierno,

prudente como quien tiene enemigos, reservado como el huésped de una casa,

sencillo como la madera, tranquilo como un valle

y profundo como las aguas de un lago.


El sabio posee poco

porque se ha olvidado de las cosas,

su presencia es modelo para todos los hombres.

No se muestra, por eso resplandece,

no se vanagloria, por eso sobresale,

no se exalta, por eso merece elogio,

es humilde y se mantiene íntegro.
Permanece independiente,

aunque viva rodeado de gloria y esplendor

nunca pierde la paz.
El sabio no es impetuoso,

y nunca pierde el dominio de sí mismo.


El sabio no ofende a nadie,

y nunca halla motivo para rechazar a nadie.
El sabio es aquel que se conoce a sí mismo,

que quiere conquistarse a sí mismo,

más que conquistar a otros.
El sabio, contemplado,

no parece digno de ser mirado,

oyéndolo, no parece digno de ser escuchado,

sin embargo, contiene en sí todas las virtudes.
El sabio parece que no hace nada y,

sin embargo, nada queda sin realizar.
El sabio hace del corazón de los demás

el suyo propio.

Con el bueno obra de forma buena,

con el malo obra de buena forma.
El sabio se parece a un niño,

nada ni nadie le daña.
El sabio se da cuenta de las cosas

que para los demás pasan inadvertidas,

y estima por igual las grandes y las pequeñas.
El sabio no combate, mas siempre vence,

y no teme a la muerte.
El sabio es, en fin, quien está en armonía

con la naturaleza.
El mejor sabio es quién está seguro que no lo es, y depende de aquel que es verdaderamente sabio…Dios.
Y Faraón dijo a José: Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan prudente ni tan sabio como tú. Genésis 41:39

¡Si tan sólo fueran sabios y entendieran esto, y comprendieran cuál será su fin! Deuteronomio 32:29

Tesoros escondidos- Reflexión

La palabra “naufragio” tiene gusto a fracaso y olor a misterio. Las historias que rodean la historia de un barco hundido suelen ser tenebrosas y tapizadas de leyendas y coincidencias que desafían la imaginación. Simplemente no hay mares sin sal, ni naufragios sin misterios.


Corría el siglo XVII y América sangraba oro, plata y joyas preciosas que abultaban las repletas arcas de los reyes de España. Las siluetas de los galeones se recortaban amenazantes en los atardeceres del Mar Caribe. Su misión era transportar el producto por aguas colmadas de peligrosos y desconocidos escollos.
Los tripulantes se debatían entre la ambición y la carga máxima que un barco de la época podía transportar. La ambición solía ganar.
El 4 septiembre de 1622 una flota de 28 embarcaciones partían desde La Habana hacia España. En sus bodegas rebosantes se apiñaba plata de Perú y México, oro y esmeraldas de Colombia, perlas de Venezuela, los tesoros de un imperio que se hundía con la conquista. Pero no todos los barcos llegarían a destino.
El 6 de septiembre la flota sería alcanzada por un feroz huracán que hundiría a ocho de sus embarcaciones, entre ellas Nuestra Señora de Atocha que se fue al fondo llevando consigo 265 almas. Sólo lograron salvarse del violento naufragio tres marineros y dos esclavos.
Un segundo huracán ocurrido un mes después esparciría aún más los restos de la nave y su preciosa carga. Pese a los esfuerzos españoles por recuperar el botín, parecía que el Atocha había sido definitivamente tragado por el mar y había desaparecido para siempre.
Mel Fisher no era sólo un buscador de tesoros, ni un buzo avezado, era además un hombre obsesivo y persistente. Decidido a encontrar los restos del Atocha, empleó 16 años de su vida en los que formó un equipo de buzos para completar la historia. La férrea voluntad de Fisher finalmente dio sus frutos.
El 20 de julio 1985 el detector de metales del barco de Fisher enloqueció. Dos buzos bajaron a investigar y sólo se encontraron con un arrecife en forma de pirámide alargada, rasparon una de las “piedras” y descubrieron que se trataba de barras de plata apiladas.
El galeón de madera había desaparecido por completo y el tesoro quedaba expuesto a pocos metros por debajo de las transparentes aguas. El Atocha había sido encontrado después de permanecer cautivo del mar por 363 años.
Lo que siguió fue el rescate de un fantástico tesoro conformado por 1.041 barras de plata, 77 lingotes y discos de oro, varias cajas con 3.000 monedas de oro cada una, 3.000 esmeraldas colombianas y 85.000 objetos preciosos como cadenas y crucifijos de oro. Se trataba, nada menos, que del tesoro rescatado más grande de la historia después del descubrimiento de la tumba de Tutankamon.
Impresionante si se tiene en cuenta que el Atocha era apenas una de las 28 naves de la flota…
Entre los objetos había una copa hecha en oro contra conjuros, a la que se le atribuía el poder de absorber los venenos que tuviera cualquier bebida ingerida. Sin duda cada uno de los artículos rescatados tenía su propia historia de misterio y leyenda, y no sólo habían tomado la vida de los 265 marineros, sino la de miles de nativos que se emplearon para su extracción y fabricación. Ni siquiera Mel Fisher quedó fuera de la carga de misterios y coincidencias, ya que su nacimiento se produjo el 21 de agosto de 1922, apenas 16 días antes de cumplirse exactamente 300 años del naufragio.
Curiosamente, un día por cada año que le demandó la búsqueda.
Hay quienes aseguran que aún quedan riquezas del Atocha esparcidas en el fondo y quienes aún están buscando los restos de las otras siete naves hundidas. Pero hay más, muchas más.
El mar, ambicioso al fin, esconde los tesoros más fantásticos en la colección naval más grande con la que se pueda soñar. Entre sus aguas duerme pacientemente la historia de la humanidad, esperando por siglos en el fondo de coral a aquel que se anime a arrebatársela, y la regrese a la superficie rodeada de leyendas y misterios.
Tito Rodríguez
Director
Instituto Argentino de Buceo
Pero no solo el mar esconde tesoros que pueden ser rescatados. Nuestro Salvador Jesús y su bendita Palabra también tiene tesoros que pueden ser hallados por aquellos que se deciden a ir desde la superficie a las profundidades divinas. Todo puede cambiar en tu vida con esos tesoros.
¿No tengo yo esto guardado conmigo, sellado en mis tesoros?. Deuteronomio 32:34.
Llamarán a los pueblos al monte; allí ofrecerán sacrificios de justicia, pues disfrutarán de la abundancia de los mares, y de los tesoros escondidos en la arena. Deuteronomio 33:19.
¡Con tu mano, Señor, sálvame de estos *mortales que no tienen más herencia que esta vida! Con tus tesoros les has llenado el vientre, sus hijos han tenido abundancia, y hasta ha sobrado para sus descendientes. Salmo 17:14.

jueves, 14 de junio de 2012

¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo?-vídeo

En el conocido texto de Efesios 5:18, Pablo nos exhorta a no embriagarnos con vino, sino mas bien ser llenos del Espíritu Santo. Pero ¿qué significa eso? ¿Cómo puede un creyente ser lleno del Espíritu? ¿Cuáles son las evidencias de esa llenura?
Al tratar con este asunto es sumamente importante que recordemos que el Espíritu Santo no es una sustancia o una influencia; no se trata de un gas o un líquido o un poder, sino de una Persona, la tercera Persona de la Trinidad que viene a morar en la vida de todo creyente desde el instante mismo de la conversión.
Dice el apóstol Pablo en Rom. 8:9 que “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él”. El Espíritu Santo mora en todos los cristianos, y no viene a nosotros por parte, sino como una Persona completa. Cuando una persona viene de visita a nuestra casa no viene en pedazos. O está o no está. Y con el Espíritu es exactamente igual.
No es que al convertirnos se nos da un poco del Espíritu, y luego, si cumplimos ciertas condiciones, se nos da más y más, hasta que finalmente somos llenos, no. Algunas personas tienen el Espíritu Santo (todos los cristianos) y otros no lo tienen (los que no son cristianos).
El Espíritu Santo vino para glorificar a Cristo (Juan 16:14) y es el Espíritu de Cristo (Romanos 8:9). Entonces, ser lleno con el Espíritu Santo es ser lleno de Cristo mismo o permanecer en Cristo. Lo que significa que vivimos en una consciente dependencia de Él. Este hecho de que Cristo vive en nosotros y expresa su vida a través de nosotros por el poder del Espíritu Santo es una de las verdades más importantes de la Palabra de Dios. Jesús no quiere que usted viva la vida cristiana. Él quiere vivir la vida cristiana a través de usted.
En Juan 14:16-18 dice el Señor: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”.
Aunque Cristo ascendió a los cielos Sus discípulos no han quedado huérfanos, porque el Espíritu Santo ha venido a morar en sus corazones. Todo lo que Cristo fue para los creyentes mientras estuvo en la tierra, el Espíritu lo es ahora para todos los cristianos.
Y no existe ninguna condición que cumplir para que el Espíritu venga a morar en nosotros, excepto creer en Cristo. Todos los que creen disfrutan de esa bendición (comp. Jn. 7:37-39). Todos los que creen ya tienen el Espíritu.
Sin embargo, es a un grupo de creyentes a los que Pablo exhorta en Ef. 5:18 a ser llenos del Espíritu. El Espíritu mora en todo cristiano, pero no todos los cristianos son llenos del Espíritu.
¿Qué significa, entonces, ser llenos del Espíritu Santo? Muchas veces la Escritura usa la expresión “ser llenos de” para señalar la condición de alguien que está siendo controlado por algo.
Por ejemplo, en Lc. 5:26 se habla de un grupo de personas que se llenaron de temor al ver al Señor sanar a un paralítico; y en Lc. 6:11 se dice de los fariseos que se llenaron de furor contra Cristo porque sanó en el día de reposo a un hombre que tenía seca una mano.
No es lo mismo sentir miedo o ira que estar lleno de miedo o de ira. Son dos experiencias distintas. Una persona llena de miedo está controlada por el miedo, así como el que está lleno de ira ha sido controlado por la ira al punto de que puede llegar incluso a hacer locuras.
Ser lleno del Espíritu, entonces, no es otra cosa que ser controlado, guiado, por el Espíritu que mora en nosotros. Noten el contraste en Ef. 5:18: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Lo que sucede con una persona cuando se emborracha es que ha tomado tanto alcohol que su influencia lo domina. Ese hombre está bajo el efecto de la bebida.
Lo que Pablo nos dice aquí es que no debemos dejar que eso ocurra, no debemos permitir que el alcohol nos influencie de ese modo, sino que debemos dejarnos controlar por el Espíritu.
Así como la bebida afecta la mente, el corazón la voluntad, así debemos ser afectados por el Espíritu en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestra voluntad. Esa es la similitud entre la borrachera y la llenura del Espíritu Santo.

Recuerdos - ¡Él Murió por Mí! - Reflexiones

Recuerdos 
Tengo muchos recuerdos de mi padre y de cómo crecí a su lado en nuestro apartamento junto a las vías del tren elevado.
Durante veinte años oímos el rugido del convoy cuando pasaba por la ventana de su dormitorio.
Por la noche noche, ya tarde, papá esperaba, solo en las vías, el tren que lo llevara a su empleo en la fábrica donde trabajaba en el turno de medianoche.
Esa noche en particular esperé con él en la oscuridad para despedirlo.
Su rostro estaba triste. Su hijo menor, es decir yo, había sido reclutado.
Le tomarían juramento a la mañana siguiente a las seis, mientras él estaba en su máquina de cortar papel en la fábrica.
Mi padre había hablado de su rabia. No quería que “ellos” se llevaran a su hijo de sólo diecinueve años, que nunca había bebido o fumado un cigarrillo, a pelear en una guerra en Europa.
Puso sus manos en mis delgados hombros.
-Ten cuidado, Jorge, y si alguna vez necesitas algo, escríbeme y me ocuparé de que lo consigas.
De pronto oímos el rugido del tren que se aproximaba. Me abrazó con fuerza y me besó suavemente en la mejilla. Con los ojos llenos de lágrimas murmuró:
-Te quiero, hijo mío.
Entonces llegó el tren, las puertas lo encerraron dentro y desapareació en la noche.
Un mes mas tarde, a los cuarenta y seis años, mi padre murió.
Tengo setenta y seis años en el momento de sentarme a escribir esto.
Una vez oí a Pete Hamill, el periodista de Nueva York, decir que los recuerdos son la mayor herencia de un hombre, y tengo que coincidir con él.
Sobreviví a cuatro invasiones en la Segunda Guerra Mundial. He tenido una vida llena de todo tipo de experiencias, pero el único recuerdo que permanece es el de aquella noche en que mi papá me dijo:
“Te quiero, hijo mío”.
Romanos 12:9
El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno;
Efesios 5:2
Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave.
1 Juan 4:18
En el amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor.
Romanos 8:39
Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Efesios 3:19
Y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
¡Él Murió por Mí!
William y Mary Tanner estaban cruzando los rieles del ferrocarril cuando sucedió. El pie de Mary resbaló y se encajó entre el riel y el cruce para peatones de madera. Ella trató frenéticamente de sacar el pie al tiempo que empezó a escuchar el ruido de un tren que se aproximaba. Sólo quedaban segundos pues el expreso venía a toda prisa hacia ella por una curva. Will Tanner le haló el pie desesperadamente tratando de liberarla.
Cuando el tren se acercó más, el silbido sonó a todo volumen, y los frenos chirriaron, Will la tomó en sus brazos. Mientras la gente se estremecía horrorizada el tren les pasó por encima. Un testigo dijo que justo antes de que la máquina les golpeara escuchó al valiente hombre gritar: "¡Me voy a quedar contigo Mary!" ¡Ese sí que es un gran amor!
Esta historia me recuerda a nuestro Salvador, el cual nos amó con un amor que puede salvarnos (Juan 3:16). La muerte se precipitó sobre Él mientras pendía en la cruz y asumió la pena completa que nosotros merecíamos. Escuchó a personas gritarle que se salvara a Sí mismo y que bajara de la cruz (Mateo 27:40). Pero para salvar a los demás, Cristo optó por no salvarse a sí mismo (v.42).
Con amor divino y sacrificatorio, Jesús rehusó salvar su propia vida. Murió para poder perdonar nuestros pecados. Nuestro Salvador se quedó en la cruz: por ti y por mí.

Conociendo a Dios y a nosotros mismos- Crecimiento Personal

Al estudiar al ser humano, nuestro mayor problema está en el hecho de que el ser humano que podemos estudiar hoy no es el que Dios creó originalmente, sino el que se ha desarrollado después de la caída de Adán.
Afirma Martín Lutero: “El hombre se ha vuelto semejante a un árbol marchito que no puede querer ni hacer otra cosa que el mal… El hombre natural no puede querer que Dios sea Dios. Por el contrario, desearía que Dios no existiera, y ser él mismo Dios… "Por naturaleza el hombre puede amar a Dios sólo egoístamente”.
Si podemos llegar a conocer la esencia de nosotros mismos es porque Dios nos lo ha revelado en la Biblia, y de una manera especial en Jesucristo, el Segundo Adán (Romanos 5:12-25; 1 Corintios 15: 21:25). Jesucristo es el Hombre Nuevo, “…creado según Dios en la justicia y la santidad de la verdad” (Efesios 4:24).
La Biblia nos dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1). De esta manera tenemos un origen, el cual es Dios. Podemos conocernos a medida que vayamos conociendo a Aquél que nos creó. Somos imagen de Dios, una imagen que ha sido desdibujada por el pecado, pero imagen al fin.
Decía San Agustín que la imagen de Dios es como la imagen acuñada de una moneda. Con el uso, ésta se gasta, y dejamos de verla, pero está allí porque forma parte de la moneda misma. En la peor persona del mundo está la imagen de Dios. En nuestra opinión, para poder realizar un buen trabajo de asesoramiento pastoral se necesita una buena comprensión de la antropología cristiana básica.
Podemos saber que somos criaturas de Dios cuando hemos conocido al Creador.
Podemos conocer al Creador, sólo porque reconocemos el hecho de que somos sus criaturas. Si Dios existe, y nosotros somos sus criaturas, es muy poco probable que no se ocupe de nosotros. Por eso el conocimiento del ser humano está estrechamente vinculado al conocimiento de Dios, y viceversa. Tanto el conocimiento de Dios como el del humano nos viene dado por revelación. No debemos confiar demasiado en las facultades humanas.
El Dr. J. B. Rhine afirma: “Resulta paradójico pero es verdadero que hoy conocemos al átomo mejor que a la mente que conoce al átomo. Si pudiéramos llegar a obtener, con respecto a la mente, tan sólo la mitad de la comprensión que la física ha logrado sobre los elementos de la materia, estaríamos probablemente en condiciones de revelar y utilizar principios directivos de tremenda significación para la vida humana y la sociedad”.
El progreso de la humanidad hasta nuestros tiempos se ha expresado más a nivel horizontal, es decir, en lo científico y tecnológico. Pero en lo vertical, en lo que se refiere a la esencia del ser humano y su destino eterno poco se ha avanzado. Porque el ser humano no puede subir y descubrir lo desconocido, es Dios quien baja, el que se revela a los humanos. Dios no puede ser contemplado por un telescopio, ni examinado en un microscopio. Es necesario reconocer nuestra debilidad e ignorancia. Debemos partir de la revelación divina para comenzar a entender lo que somos como criaturas, y quién es nuestro Creador.
Dr. Jorge León
Psicología Pastoral.

El Señor me abrirá nuevos caminos

El Señor le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma. Hechos 23:11.
¿Eres tú uno de los testigos del Señor y te ves ahora en peligro? Acuérdate de que eres inmortal hasta que termine tu trabajo. Si el Señor quiere que sigas todavía dando testimonio de Él, vivirás para darlo. ¿Quién podrá quebrar el vaso que el Señor quiere utilizar?
Si tu Maestro no te confía trabajo alguno, no te lamentes de que te lleve a su morada adonde no llegarán los dardos de tus enemigos. Tu principal negocio es dar testimonio de Jesús, y nadie podrá impedirte esta empresa hasta que esté terminada. Por tanto, vive tranquilo.
La vil calumnia, la falsedad, el abandono de los amigos, la traición de aquellos en quienes has confiado, todo lo que pudiera acontecerte, jamás podrán torcer los designios que el Señor tiene sobre ti. El Señor te ampara en la noche de tu aflicción y te dice: "Así es menester que testifiques".
Cálmate y regocíjate en el Señor. Si no necesitas ahora de esta promesa, tal vez la necesitarás mañana. Guárdala como un tesoro. Acuérdate de orar por los misioneros y por los perseguidos para que el Señor los guarde hasta que terminen su trabajo en esta vida.
Hoy estoy seguro de que él me abrirá nuevas puertas para ministrar y cuando él las abra, yo entraré con confianza y seguridad.
Señor, Gracias por ayudarme a ver la vida de otra manera y estar seguro de que mientras tenga vida, tú me abrirás nuevas puertas. Amén.

Después de la caída- Reflexiones con Video

Después de una caída quien sana
Las profundas heridas que quedan
Será el que te condena
O aquel que quiere ayudar
Después de la caída quien queda
Si los que compartieron tus ideas
O los que de mil maneras te quieran acusar
Después de la caída te das cuenta
Que son pocos los que muestran
Lo que un día recibieron
La virtud de perdonar
Después de la caída solo queda alguien
Que no solo disfruta de tu bienestar
Que no solo aparece cuando todo es fiesta
Que va contigo al paso que puedas andar
Que aun cuando los tuyos te han abandonado
Y apuntan con el dedo para señalar
JESÚS sin comentarios no arrojó la piedra
Dejándola en el suelo te dio libertad
Quién somos para estar condenando
Si nuestra condición nos delata que
Somos imperfectos propensos a fallar
Porque tomar el juicio en nuestras manos
Actuando bajo nuestra conveniencia
Nos ciega la apariencia y juzgamos sin piedad
Mirando hacia la cruz
Vemos el cuadro del que fue crucificado
Entregando así su vida, para el hombre perdonar
Después de la caída solo queda alguien
Que no solo disfruta de tu bienestar
Que no solo aparece cuando todo es fiesta
Que va contigo al paso que puedas andar
Que aun cuando los tuyos te han abandonado
Y apuntan con el dedo para señalar
Jesús sin comentarios no arrojo la piedra
Dejándola en el suelo te dio libertad


miércoles, 13 de junio de 2012

Momentos de vida en la vida-Crecimiento Personal

¿Cuántos momentos de la vida experimentamos hoy, en la última semana o mes?  ¡No recuerdo!  Es cierto porque la mayoría de nosotros estamos tan ocupados viviendo la vida que lo que realmente hacemos es no vivir sino poniéndonos al día.  Estamos tan condicionados a creer, que si nos ponemos al día ahora podremos vivir después… y eso no es cierto.
Demos un paso atrás, sentémonos, respiremos profundo.  El mundo continúa como siempre.  Nada cambió porque tomamos un respiro.  ¿Cuándo fue la última vez que tomamos tiempo para oler una flor, caminar descalzo sobre la hierba con rocío, disfrutar del balbuceo de un bebé o simplemente disfrutar del aroma y sabor de nuestro café?  Casi me parece oírle decir: “Vaya, no recuerdo”.
La vida tiene un ritmo rápido y nunca acaba.  Es una lista de cosas por hacer que comienza y nunca termina.  No hay receta para ser un hijo ó hija, padre, o cónyuge perfectos.  Estos roles han evolucionado a lo largo de las edades y todavía siguen evolucionando.  Lo que el mundo necesita es más amor, más atención, más seguridad y sobre todo, más gente amorosa alrededor.  Dios podrá estar ocupado a veces pero él nos ha diseñado tan exquisitamente para ser sus mensajeros de amor, paz y cuidado.
Así que, cada vez que podamos, sonriámosle a alguien que menos lo espera.  Démosle a nuestro hijo un abrazo inesperado, tomemos la mano de nuestro cónyuge, llamemos a nuestros padres, enviémosle a alguien un bonito mensaje.  Adelante, hagamos esto y muchos más gestos pequeños.  Podemos estar seguros de que hemos plantado una sonrisa en el alma de alguien.
Adelante, comencemos a contar nuestros momentos tiernos. 
Annie Abraham
La autora del pensamiento de hoy nos lleva a enfocar en los momentos sencillos de la vida a los que todos sin excepción tenemos acceso pero que no siempre disfrutamos.  Tal pareciera que la presión que nos rodea nos “chupase”, así como los vampiros, la sangre de sus víctimas en las películas de horror cuando la vida nos pasa a nuestro lado.
Sí, tal vez nos mantengamos muy ocupados y por ello sintamos que somos importantes, casi imprescindibles y que vamos camino al éxito.  Pero si al hacerlo, perdemos todos esos momentos importantes, lo más probable sea que el lugar a donde nos dirigimos sea no sólo grisáceo sino solitario… desprovisto del gozo más elemental.
Hagamos un alto para decidir que vamos a disfrutar de la vida a plenitud y que vamos a convertirnos en instrumentos para que otros también la puedan disfrutar.
Adelante y que Dios les bendiga.