miércoles, 24 de octubre de 2018

Yo Elegí Confiar en Dios ¿y Tú?

“No permitas que las crisis se apoderen de ti, comienza a ver las oportunidades y seguro que vas a triunfar”.
¿Se fijó que una palabra muy recurrente en estos tiempos es “crisis”?
Leemos la prensa o vemos las noticias en televisión y nos encontramos con la crisis. Estamos en el trabajo o en el hogar y lo que escuchamos es crisis, lo que hace que mucha gente cristiana y no cristiana se paralicen y no avancen por temor a ella.
¿Eres tú de esas personas que se han detenido ante la crisis, o eres de las que avanzan en la búsqueda de lo extraordinario?
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Dado que la vida es un asunto de actitud y que la actitud provoca tomar decisiones, yo elijo qué actitud voy a tomar ante las crisis, los problemas o situaciones que se me presenten. Podemos optar por una actitud positiva o negativa. La actitud positiva hace la diferencia porque busca solucionar problemas, no deja los problemas así como así sin importarle; una persona con actitud positiva busca siempre resolver, disfruta de las circunstancias, ve más oportunidades y vive la vida con entusiasmo.
Una persona con actitud positiva tiene presente lo siguiente:
1.    No eligió las circunstancias que le tocó vivir, pero sí eligió qué actitud manifestar.
2.    Se esfuerza por desarrollar una actitud positiva y no soltarla.
3.    Sus acciones están determinadas por su actitud.
4.    La actitud de su gente o entorno es reflejo de la suya.
“Dios decide por lo que vamos a pasar. Nosotros decidimos cómo lo vamos a pasar”.
Tú decides cómo vas a pasar el día de hoy, es tu decisión confiar en Dios para todos los asuntos de tu vida. Si crees que tu matrimonio tiene solución o no la tiene es tu decisión. Si crees que puedes salir de esa deuda financiera o no es tu decisión, todo está en tus creencias y en donde pones la confianza. Los límites los tenemos nosotros en nuestras mentes.
Hay una historia en la biblia en el evangelio de Mateo 8:5-13, donde un centurión romano se acerca a Jesús a pedir sanidad para su sirviente que sufría muchos dolores y no podía moverse. Jesús le dice que Él irá a sanarlo, pero el centurión le dice que no es digno de que Él entre a su casa, que solamente ordene la palabra y el enfermo sanará.
Jesús se asombra y dice que ni en Israel había conocido a alguien que confiara tanto como este extranjero, y más adelante Jesús le dice que como creyó así sucederá. Aquí podemos ver la actitud del centurión; él pudo haber hecho varias cosas: pedir que Jesús fuera a su casa, mandar a un soldado con el mensaje, buscar otro sirviente sin que le importara los dolores del otro, sin embargo buscó la solución en Jesús. Siendo extranjero se acercó a Jesús, se esforzó en acercarse al Maestro y eligió poner toda su confianza en Dios al pedirle que ordenara, que dijera la palabra de sanidad y el enfermo sanaría. Jesús elogió esta actitud con asombro, se maravilló de la fe del extranjero y le afirmó que tal como creíste así va a suceder.
Ahora bien: ¿Qué es lo que estás creyendo para tu vida? ¿Qué esperas que suceda en tu matrimonio, en tus relaciones, tus negocios, y tus finanzas?
¿Eres capaz de asombrar al Maestro?
¿Cómo es tu actitud ante la vida?
¿Estás confiando en Dios para tus problemas, necesidades, tentaciones?
... Mi actitud determinará mis acciones. Puedo ser víctima o protagonista, puedo ser bendición o maldición, puedo ser esclavo o libre, puedo confiar en Dios o no confiar, es mi decisión. Hay una anécdota que lo ilustra muy bien.
Cuentan que un alpinista, con el afán de conquistar una altísima montaña, inició su travesía después de años de preparación. Pero quería la gloria solo para él, por lo que subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, y no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, incluso la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa. El alpinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo… y en esos angustiosos momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y no tan gratos de su vida. Pensaba en la cercanía de la muerte, sin embargo, de repente, sintió el fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña.
En ese momento, suspendido en el aire, gritó: ¡ayúdame Dios mío! De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó: -¿Qué quieres que haga? –Sálvame Dios mío. -¿Realmente crees que yo te puedo salvar? –Por supuesto Señor. -Entonces corta la cuerda que te sostiene… Hubo un momento de silencio; el hombre se aferró aún más a la cuerda…. 
Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron a un alpinista colgando muerto, congelado, agarradas sus manos fuertemente a la cuerda… ¡A solo un metro del suelo!
¿Cuál es la cuerda a la que nos aferramos para no recibir las bendiciones que Dios tiene preparadas para nosotros en el día de hoy?
Hoy es el mejor día para confiar en Dios y disfrutar de todo lo que nos da. Busca tu resultado extraordinario. Yo elegí confiar en Dios, ¿y tú?

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