sábado, 16 de noviembre de 2013

No me pidas que te perdone - Ánimo en mensaje

BOTELLA CORAZON
“Porque si perdonáis a otros sus ofensas,
también os perdonará a ustedes
su Padre Celestial”
(Mateo 6:14)

Aproximadamente al cierre del año 2010, en cierto país latino ocurrió un trágico accidente, un atropello, que mutiló la vida de una respetable madre de familia. Obviamente, el dolor y la indignación fueron los primeros sentimientos que se instalaron en el corazón de sus familiares, pues el atropellamiento había sido ocasionado por un irresponsable, que esa noche circulaba a exceso de velocidad por el sector.
La pequeña ciudad se conmovió, y en su momento muchas voces amigas se alzaron para pedir que el suceso no quedase en la impunidad, pues se conocía que el presunto culpable había huido. Sin embargo, con el paso de los días, la familia perjudicada aclaró públicamente, que su fe en Dios y en sus mandatos no les permitía generar rencor ni venganza alguna, sino más bien perdón hacia quien provocó la muerte de Ruth.

Querido amigo o amiga: el odio es una pasión enfermiza, que como tal nos oprime, nos ata, nos esclaviza, y por lo tanto no nos deja disfrutar de una vida plena.
Por ello, y aunque para la lógica humana parezca una locura, Dios nos manda no sólo perdonar, sino hasta amar a nuestros enemigos. Imposible dirá usted; complicado digo yo, pues no es fácil, ya que de por medio se halla nuestra carnalidad, y nuestro orgullo se resiste.
Sin embargo, está claro que debemos obedecer y pedirle a Él que transforme nuestro corazón de modo que éste pueda otorgar perdón; pero no un perdón de labios para afuera, sino un perdón sincero, definitivo e incondicional, igual al que nosotros diariamente le pedimos a Dios a través de la oración del Padrenuestro.


El apóstol Pablo recomendaba: “No tomen venganza hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: “Mía es la venganza; yo pagaré dice el Señor.(Romanos 12:19)

Fdo.: W. B.

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