martes, 18 de junio de 2013

Lección De Historia - Análisis en Hebreo y Griego de la Biblia

“No tentaréis a vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.” Deuteronomio 6:16.
Tentar (probar): Dios nos manda no probarle. ¿Qué supone Usted que esto significa? ¿Qué no debo dudar? ¿Qué no debo preguntar? No seré capaz de contestar estas preguntas a menos que conozca la historia de Masah. Yo necesito conocer esa historia para adorar apropiadamente.
Lo que sucedió en Masah, es en el contexto del verbo hebreo "nasah" (probar, tratar, tentar). Este verbo es usado para describir la fidelidad de Dios (Génesis 22), así que no siempre es una acción desaprobable. Algo ocurrió en Masah que nunca debería ser repetido. A menudo el texto da vueltas alrededor de la palabra “pelea”. Pero esto no es lo suficientemente fuerte o sorprendente. En Masah, el pueblo acusó a Moisés y a Dios de impotencia e indiferencia. Ellos dijeron. “Dios, si Tú no nos cuidas como esperamos, no te seguiremos más. ¡Tú tienes que probar que eres Dios y que te interesas por nosotros!”
En otras palabras, ellos desafiaron el poder de Dios y su benevolencia a pesar de la amplia evidencia de lo contrario. ¿Por qué hicieron esto? Porque ellos creían que Dios debía actuar de acuerdo a la voluntad de ellos. Así demostraron que su fe dependía enteramente de lo que Dios hiciera por ellos y no de lo que Dios era. Ellos cuestionaron la promesa del cuidado providencial de Dios, relegándolo al rol del un genio-cumple-deseos. 
Pero Dios no sería increpado. Tampoco Él permitiría a los hombres dictar cómo debía cuidar a su Pueblo. Él no está bajo nuestro control y no le podemos decir a Él lo que es bueno. La prueba en Masah es un signo de manifiesta desobediencia o rebelión, un rechazo a aceptar el carácter de Dios como base de la obediencia. En Masah, los israelitas decidieron que ellos preferían mejor estar en Missouri (“lo creeré cuando lo vea”). Dios no estaba complacido.
¿Qué aprendemos de esta lección? 
Primero, aprendemos que el tema de la desobediencia rebelde, en contra de la aplastante evidencia de la bondad de Dios, es pecado. Dios se preocupa por nosotros. Cómo su cuidado se manifiesta en nuestras vidas, no es nuestro problema. Que Él nos cuida es todo lo que necesitamos saber. Nosotros somos sus siervos, no Sus directores. Cuando siquiera empezamos a pensarlo, debido a alguna consideración del Todopoderoso, necesitamos recordar Masah.
Segundo, aprendemos que cualquier acción que cuestione el cuidado providencial de Dios es peligrosa. La fe no puede estar basada en mi percepción de cómo Dios suple mis necesidades. Eso no es fe. Eso es presuntuosa idolatría. Si mi creer depende de que Dios haga lo que yo pienso que Él debe hacer por mí, yo no soy diferente al hombre que confía en su dinero para alimentarse, en su seguro para protegerle o en sus amantes para satisfacerle.
Dios es Dios, sin ninguna necesidad de actuar en absoluto. Que Él actúe a mi favor es pura y exclusivamente una muestra de su fidelidad. Gratitud es la base de la fe.
Tercero, podemos empezar a ver que Yeshúa no murió sólo por mis pecados. Él murió también por amor al Padre. Perdón es el producto consecuente de la obediencia de Yeshúa. Él fue a la cruz porque confió en el carácter del Padre. El Padre probó la fe de Yeshúa y la encontró digna. Que así sea con nosotros también.

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